BUENOS AIRES.- Néstor Kirchner, se sabe, es un hombre transgresor y también de decisiones solitarias. Es frío y racional, un rasgo típico de su ascendencia suiza, pero a veces su costado adolescente calcula mal los tiempos y, en otras, lo mete en camisa de once varas. Ahora, debe tomar un camino trascendente y, como no tiene retorno ni fusibles a la vista, deberá hacerlo él mismo exponiéndose frente a las dos plateas ante las que decidió someterse por propia voluntad, a riesgo de estrellar su imagen frente a una de ellas o -peor- sin conformar a ninguna de las dos.
Cómo atender simultáneamente a la opinión pública local y a la internacional, si él mismo se cerró los caminos con declaraciones de barricada, es el desafío que afronta Kirchner. Cómo pagarle al FMI el martes, si ya no habrá "guiño" previo de Horst Köhler y cómo no hacerlo, si la decisión puede comprometer hacia la nada el futuro de los argentinos.
Estos dilemas habrán de reiterarse durante todo el resto del año, porque si se supera esta instancia -y todos creen que será superada en unos días- esto no termina aquí y las tensiones se multiplicarán hasta diciembre.
El punto en el que se encuentra Kirchner por propia voluntad, peleando como David no frente aa Anne Krueguer, sino frente al poderoso G-7, es un punto de inflexión. De su decisión dependerá no sólo no bajarse del mundo, sino el crecimiento del año, el ingreso de inversiones y la posibilidad de seguir consolidando la mejor performance del empleo. Se habla de un "Plan B" alternativo, y allí el Presidente deberá computar si la Argentina está en condiciones de cerrarse, de "vivir con lo suyo" y de lograr los mismos resultados que por el otro camino.
Errores estratégicos
Es verdad que a este punto se ha llegado por una serie de errores estratégicos previos que involucran decisiones de política económica que eran difíciles de prever en su momento, pero también por mucha rigidez y cierta desaprensión, frente a los reclamos del mundo de avanzar rápidamente en una propuesta algo más flexible y creativa, destinada a los tenedores de bonos.
En primer lugar, el stand-by de setiembre pasado con el FMI se pactó a tres años, pero con el compromiso de lograr un superávit fiscal de 3% para atender la deuda, sólo por uno. Hoy, la realidad marca que el país crece más de lo previsto, que las metas fiscales y monetarias están sobrecumplidas y que los acreedores vienen por más. Que la pelea por subir significativamente ese 3% para 2005/06 ya comenzó.
"Se lo quieren llevar", dijo el Presidente y esto es así porque la negociación no fue cerrada entonces, porque desde el poder político se hace gala de los sobrantes y porque el año pasado se los usó discrecionalmente.
A la luz de los acontecimientos, otro desacierto fue desacoplar el cronograma de desembolsos de las fechas de las revisiones. Este reaseguro fue pedido en su momento por el FMI y fue firmado por la Argentina; por ello, no se puede alegar sorpresa. La lógica de un acreedor es querer cobrar en fecha y la lógica del deudor es pagar a término para asegurarse la renovación. Si eso no sucede, desde el exterior se observará el gesto como una agresión.
Otro punto que estará evaluando el Presidente por estas horas es la sucesión de Köhler a la cabeza del FMI, con quien había anudado una relación muy franca y cordial. En primera instancia, y en los márgenes de la negociación, no es malo que la Argentina haya salido del centro de la escena de las preocupaciones del organismo. Un cambio de este tipo genera trenzas de reposicionamiento en las cúpulas y cierto escozor en la burocracia, por lo que debería esperarse alguna flexibilidad mayor para sacarse de encima el "caso argentino" rápidamente.
En este otro aspecto, lo más complicado también vendrá después. Todo indica que cuando Estados Unidos y Europa se pongan de acuerdo políticamente, el nuevo director gerente será un ortodoxo por vocación y por acción.
El reemplazante
Los nombres que se barajan son de personas que tienen fama de duros, pero quienes habitualmente circulan por los pasillos del Fondo estiman que el reemplazante de Köhler no querrá involucrarse en su primera tarea al frente del organismo con un programa blando, para un país que tiene los antecedentes que tiene la Argentina. "Va a querer hacer buena letra ante los directores y también ante el personal del FMI, para mostrar que no le doblan el brazo, y eso jugará en contra", detalló un argentino, ex FMI, que vive en el exterior.
Otra arista del problema que tiene entre manos el Presidente pasa por flexibilizar ciertas posiciones sobre los tenedores de bonos. Decir "75% o nada", tal como verbalizó Kirchner en muchas oportunidades, dejó al ministro Roberto Lavagna con poco margen de acción para avanzar en ese aspecto. Recién ahora, se comenta que ese 75% deberá computarse sobre el valor presente y no sobre el valor nominal de los títulos. Hay otro anzuelo por el lado de los intereses caídos desde la declaración del default, pero no mucho más.
Una invitación al Comité Global, un cronograma creíble, la firma del decreto que autoriza a que los bancos responsables de la renegociación ofrezcan los nuevos títulos bajo legislación extranjera o mayor flexibilidad para asegurar que un alto porcentaje de tenedores acepten la oferta son algunas de las acciones que podrían llevarse a cabo hasta el martes para distender la cuestión y salvar el momento.
La sensación es que si no se paga, el ambiente con el FMI se va a enrarecer, pero casi todos creen -economistas, políticos y empresarios- que el Presidente tomará la decisión de cumplir, aunque deberá repensar su estrategia de aquí en más. (DyN)







