Una creadora inquieta como Verónica Corrales -"Veroline"- se aburre si no experimenta diferentes formas de hacer arte: desde lo convencional, como el mural, la pintura y el dibujo, hasta la animación con medios electrónicos, proyecciones sobre esculturas, performances, y otras modalidades. Ahora acaba de ganar un premio en la feria Puro Diseño, en Buenos Aires, junto con Gonzalo Villamax. El reconocido realizador de indumentaria creó un vestido y la artista plástica "dibujó" sobre él con un bordado de hilos de colores donde se destacan figuras de los mitos norteños y criaturas del campo santiagueño.
Nacida en Santiago del Estero y radicada desde hace varios años en Tucumán, la artista visual cuenta que al recibir el premio “Mejor Producto de Provincia” la emoción le impidió decir más que una frase: "aguante nuestras raíces". Así resumió el espíritu de la colección Salamanca, que creó con Villamax, donde vuelca su renovado interés por reflejar sus orígenes. Aquellas imágenes de las vacaciones de su niñez en casa de su abuela, en el pueblito de San Pedro.


"Me acuerdo de las leyendas que me contaba mi abuela, que no me dejaba salir a jugar a la siesta porque había un duende que se llevaba a los chicos... -rememora-. Juntábamos algarroba, la 'ropita' de los coyuyos… Me iba casi a perderme en el monte. Mis mejores recuerdos están ahí. Por eso la obra que presenté en el Salón del Timoteo Navarro el año pasado se llama La niña del monte. Muestra a una niña que se pierde y se va encontrando con una serie de personajes míticos del lugar. Por eso dibujo muchas mujeres con cabeza de pájaro, que aparecen en las leyendas de Santiago. Todas tenían que expiar su culpa convirtiéndose en pájaro. Por ejemplo, el kakuy (también llamado urutaú, un pájaro raro, de grito también extraño). Recuerdo que cuando asomaba, mi abuela lo corría. Era impresionante porque parecía el llanto de una persona cómo gritaba. La gente del campo decía que atraía la mala suerte. Es un bicho que se asienta sobre un tronco, se queda muy quieto y de esa forma se confunde con el tronco. También recuerdo que me encontré con un búho y cómo me miraba. Con mis primos nos internábamos en el monte y llegábamos hasta el río".
A los 24 años, Verónica cuenta con una trayectoria que incluye obras seleccionadas en importantes salones de la región, muestras individuales y grupales, performances y murales. El más reciente fue para el Mayo de las Letras, en el Ente de Cultura. Otro, enorme, está pintado en el suelo debajo del puente que cruza el río en Las Termas de Río Hondo, y está hecho para ser visto desde arriba del puente.


"Cuando me preguntan si mis cosas son muy comerciales, yo digo que sí, en el caso de la ropa, pero siento que es una obra más. Es llevar mi estilo a otra disciplina. No lo hice pensando en que la iba a vender o que iba a pasar todo eso -afirma-. Pero es una alternativa para poder vivir del arte. El tema económico es difícil, me hizo bajonearme y pensar que tenía que trabajar en otra cosa para poder ganar dinero. Es complicado llegar a sentir que no puedo seguir haciendo lo mío. Hasta que dije: voy a hacer lo que a mí me gusta, voy a ser feliz, voy a trabajar de esto porque es lo que mejor me sale. Por suerte me va bien, pero ha sido un trabajo constante, con mucho sacrificio".
Con su novio, el "Colorado" Federico Grassetto, combinan el arte con la electrónica. Sobre una escultura blanca realizada por Verónica, proyectan dibujos de colores que van cambiando, "vistiendo" y "pintando" la pieza tridimensional. A estas performances las hacen en fiestas, donde se integran a la música y al ambiente nocturno. "El público es diferente al que va a una muestra de arte -explicó-. Es gente de la noche, que le gusta bailar o escuchar la música y mirar las imágenes, una escultura mapeada, como algo diferente que sucede en la fiesta."







