Gabriela Baigorri
Por Gabriela Baigorri 17 Mayo 2016

Varios años parecen haber pasado desde las tormentosas elecciones de agosto y del caluroso 29 de octubre. Esa mañana de traspaso de mando dejó atrás un Gobierno de 12 años, políticamente estable y sin demasiados sobresaltos económicos. En los primeros 200 días que pasaron desde entonces la Provincia ha estado enfocada en conseguir los recursos necesarios para mantenerse en pie y en sofocar cualquier atisbo de conflicto, principalmente, con el Gobierno nacional. El cierre de las paritarias estatales y el acuerdo por la devolución de los dividendos de la Coparticipación aliviaron al Ejecutivo parte de las preocupaciones financieras por ahora. En el último mes hubo tres hechos políticos que tuvieron como protagonistas a las figuras locales y que dan cuenta de qué ocurre, mientras tanto, en el plano político provincial.

1-Volvió Alperovich

Desde que había dejado la gobernación, José Alperovich se había amparado en el bajo perfil. Muy de a poco fue trazando una nueva rutina política, menos frenética que la que cumplía casi religiosamente en la última docena de años. Ahora sigue con las reuniones en su casa, cumple con algunas visitas semanales a vecinos de diferentes localidades y viaja a Buenos Aires por sus obligaciones en el Senado.

Hace una semana, sin embargo, la camioneta blanca volvió a trasladarlo hasta un acto oficial, en Alderetes. La excusa para que estuviera en el relanzamiento del “Argentina Trabaja” fue que durante su Gobierno el programa había desembarcado en Tucumán. El motivo real: mostrarse junto a Manzur y al vicegobernador, Osvaldo Jaldo, y aguar las versiones de que habría un quiebre en el oficialismo.

El “relanzamiento” fue, en rigor, más del Gobierno provincial que del plan nacional. Sucedió, inclusive, en el mismo club en el que Alperovich había levantado por primera vez las manos de Manzur y Jaldo para bendecirlos como fórmula oficial. Celebraron también el posible reingreso del limón tucumano a Estados Unidos y el anuncio de las obras en el aeropuerto.

El ex mandatario no llegó solo con Manzur en la combi. De allí bajaron su hija Sara (directora de la Juventud) y su cuñada Silvia Rojkés (legisladora); el ex ministro de Seguridad, Jorge Gassenbauer; los legisladores Marcelo Ditinis y Guillermo Gassenbauer y los concejales Dante Loza y David Mizrahi, entre otros alperovichistas de paladar negro. En el escenario lo esperaba también el parlamentario Marcelo Caponio.

Una avalancha de dirigentes se agolpó en el camino de Alperovich hacia la tarima. Besos y abrazos melosos. Apenas subió, tomó el centro de la escena. No hizo falta que hablara. Manzur entregó un mensaje suyo: que su antecesor seguiría ayudando desde el rol que le tocara.

2-El gabinete de Cano

El anuncio pasó casi inadvertido. El director del Plan Belgrano, José Cano, convocó hace 20 días a la docena de funcionarios de Cambiemos que se desempeñan en organismos nacionales para conformar un “gabinete”. “Es un pedido del Presidente que comencemos a trabajar coordinadamente, para hacer un análisis de la situación provincial y del impacto de las medidas nacionales”, había dicho. Había añadido que era también “para consolidar el espacio de Cambiemos en la provincia”. El radical busca consolidarse como un embajador de la Nación en Tucumán y hasta el momento parecer lograrlo. El que estuvo ausente fue el secretario de Vivienda, Domingo Amaya.

Las incomodidades siguen reinando en cada visita de funcionarios nacionales, que deben repartir su atención entre Cano y Manzur. Aunque ambos ex contendientes por la gobernación intenten mostrarse cordiales, el fastidio es inocultable en los rostros y gestos.

El punto más álgido de molestia sucedió durante la visita del ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, a la sede del Poder Ejecutivo. Con Manzur, Jaldo y Cano sentados a su lado frente a las cámaras, Dietrich dedicó casi la misma cantidad de minutos -10- a la obra de ampliación del aeropuerto Benjamín Matienzo que a defenestrar al ex secretario de Obras Públicas de la Nación, José López, por colaborar en el pago de presuntos sobreprecios al empresario Lázaro Báez.

El ex funcionario nacional fue aliado del oficialismo local en las elecciones y, tras bajar sus pretensiones -quería estar en la fórmula gubernamental-, logró quedarse con la banca tucumana en el Parlasur.

En ese momento, en la Casa de Gobierno tuvieron que tragar saliva y las caras fueron de aquí no ha pasado nada. Sin embargo, la actitud de Dietrich irritó y el mensaje político llegó: la Nación es la que manda.

3-Los malabares de Alfaro

El intendente de la capital, Germán Alfaro, intenta mantener una relación cuanto menos aceptable con Manzur. Le envió una carta por el deficiente servicio de la SAT en la ciudad. Así se gestó la segunda reunión desde que ambos están en funciones. Los recursos no sobran en las arcas municipales y una confrontación directa con la Provincia no parece conveniente. En 9 de Julio y Lavalle sienten que Amaya tampoco está enviando los fondos que esperaban y que sí recibirían otras ciudades tucumanas con intendentes radicales. Alfaro parece más cerca de Cano. Ayer, por ejemplo, compartieron el anuncio del relanzamiento del Argentina Trabaja.

Las actitudes de Manzur, Alperovich, Cano y Alfaro dejan entrever que, a seis meses del inicio del Gobierno provincial, el plano político parece aún desordenado.

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