“La TV da masividad, pero dejar los escenarios me dolería”

El bailarín cuenta que la danza es su prioridad y por eso ha rechazado ofertas para dirigir y ser jurado de “ShowMatch”. Sacrificios lindos.

EN ACCIÓN. De las 29 canciones de los Beatles que componen el espectáculo “Let it be”, Piquín baila 27. losandes.com.ar EN ACCIÓN. De las 29 canciones de los Beatles que componen el espectáculo “Let it be”, Piquín baila 27. losandes.com.ar
07 Mayo 2016
ACTÚA HOY

• A las 22
, en el teatro Mercedes Sosa (San Martín 479).

Sabe Hernán Piquín qué es aquello de dejar ser (“let it be”) que tanto pondera la canción de los Beatles. Lo sabe desde chico, desde que a los 4 años se plantó a sus padres y no sólo les comunicó su deseo de convertirse en bailarín profesional: les garantizó que lo cumpliría. La familia, entonces, lo dejó ser. Seis años después -tras una etapa de bailar “cualquier música que se ponía”- entró al teatro Colón y empezó a desandar el camino que ahora mira en retrospectiva. Empezó a ser, al menos en una de sus formas.

Más de 30 años después de aquellos primeros pasos, Piquín ha aprendido, a su vez, a dejar ser. Esta noche, por ejemplo, cuando suba al escenario del Mercedes Sosa con el espectáculo “Let it be, una historia de amor”, dará total rienda suelta a su público. Aunque, después de tantas funciones, el bailarín puede pronosticar cómo reaccionará: “la gente pasa por todos los estados durante el show y finalmente sale muy contenta, muy emocionada. Lograr eso es lo que más me importa”.

Con 29 canciones de los Beatles como hilo conductor, el espectáculo cuenta una historia de encuentros y desencuentros, en las que el amor termina triunfando. La destreza ya probada de Piquín como bailarín se conjuga con su segunda pasión, la de actuar. “En todos mis ballets o shows trato que la gente sienta lo que me está sucediendo; que se emocione si me emociono, que ría si me río. Mi intención es que el público se quede con algo, que cuando pasen los días y escuchen la música recuerden qué vivieron cuando la bailé”.

- ¿Qué canción de los Beatles te define?

- “Let it be”. Cada uno tiene el derecho de elegir qué quiere ser, en lo personal y en lo profesional. Cada uno es dueño de ser lo que desea ser y hacer lo que desea hacer; creo que es de la única manera en que se puede ser feliz.

- En general se habla de la enseñanza de la danza como algo muy tortuoso. ¿Esa fue tu experiencia?

- Yo no lo viví así. Ocurre que para ser bailarín profesional hay que hacer mucho sacrificio, y a veces la gente confunde sacrificio y disciplina con maltrato o tortura. Para ir al Colón yo me tenía que levantar todos los días a las cinco porque vivía a dos horas. Aún así, me despertaba sin despertador: sabía que tenía que bailar y era feliz. En invierno se me escarchaban las orejas por el frío, pero le preparaba el café a mi vieja y la despertaba para que nos fuéramos. Nos tomábamos un colectivo hasta la estación de tren, de allí un tren hasta Retiro y allí un nuevo colectivo. Y sí, hay cosas que tenés que dejar de hacer: viajes de egresados que se superponen con funciones, no salir a la noche, vivir lejos de tu familia... Pero son lindos sacrificios, no con llanto o corona de espinas.

- El público podría pensar que tu época en “ShowMatch” fue la más frenética, pero, por lo que contás, antes tuviste una carrera muy ajetreada.

- ¡Claro! Pasa que el ambiente del ballet es chiquito al lado del de la televisión. Quizás cuando yo era primer bailarín del Colón me conocía sólo la gente que frecuentaba el ballet o las escuelas de danza de las provincias. Con “ShowMatch” te hacés masivamente conocido: entrás a la casa de todos porque todos consumen el programa y tu nombre empieza a escucharse. Tal vez por eso hoy lleno los teatros y la gente quiere verme bailar en vivo.

- ¿Volvés a “ShowMatch” como jurado?

- Me estuvieron llamando, pero este año tengo funciones de miércoles a domingo, hasta diciembre, y la verdad es que será muy agotador. Les ofrecí que llamaran a otros y que si en algún momento un jurado no puede estar, contaran conmigo. Con 42 años prefiero hacer lo que realmente amo hacer: bailar y estar en el escenario, en contacto con el público. Sé que la pantalla te da mucha exposición, pero no estar en un escenario me dolería. Y como estos años son casi los últimos de bailarín, porque tampoco voy a seguir 10 más, prefiero darle la prioridad. Total, si la producción me quiere o necesita, puedo estar con 50 años como jurado.

- ¿Un retiro inminente te hace sentir vulnerable?

- Para nada, para nada (enfatiza). Tuve la suerte y la posibilidad de bailar en tantos escenarios: con Julio Bocca, con primeros bailarines rusos, en el Colón, en San Francisco, en todos lados. He bailado lo que quise y me han hecho bailar hasta lo que no quise. Obviamente, después de algunos años sin hacer nada, un bailarín puede extrañar hacer alguna función. Quién te dice que no lo cumpla, pero tampoco voy a hacer el ridículo.

- Esta prioridad que le das al baile, al punto de rechazar otros proyectos, ¿te hace postergar también tu vida privada?

- Sí, yo que sé. Soy una persona abierta a todo. No es que digo “no, no, porque tengo que bailar”; si me acompañan con el baile, está todo bien. Soy muy tranquilo. Amo mi casa. Imaginate que de las giras llego cansado de estar en hoteles, de no dormir en mi cama, con mi almohada. Entonces llego a casa los lunes, me baño, duermo en mi cama, me despierto, cocino... estoy bien así como estoy. Ya tendrá todo su lugar y su momento, así pasó siempre en mi vida y mi carrera.

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