Proponen que los usuarios generen su propia electricidad

Iniciativa de dos arquitectos tucumanos. La microgeneración de electricidad se usa de modo masivo en países de Europa, señalaron.

13 Mar 2016
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TECNOLOGÍA. Los paneles captan la radiación y los microinversores la convierten en electricidad.

El sistema energético nacional afronta, por estos días, un verdadero colapso a causa del incremento exponencial la demanda en los últimos años, tanto de parte de las industrias y de las empresas, como de los usuarios particulares. En este panorama, el uso de las energías renovables, en particular aquella que proviene del sol, se consolida como una alternativa para descomprimir la red eléctrica convencional.

Los arquitectos, Alexis Custodio y Walter De Marco, del estudio local Decu 3, impulsan en la provincia un proyecto que revaloriza los recursos renovables y que propone moderar la contaminación ambiental. Se trata de la microgeneración de energía, mediante paneles solares, que captan la radiación para transformarla en electricidad para viviendas y edificios.

Uno de los objetivos es que los usuarios residenciales se convierten en productores de su propia energía. Los arquitectos afirmaron que los equipos son costosos, pero remarcaron que con apoyo de los gobiernos y de las empresas distribuidoras se puede extender esta tecnología en Tucumán.

En diálogo con LA GACETA, los arquitectos comentaron que la microgeneración de electricidad se usa de modo masivo en países de Europa. Para producir su propia energía, los usuarios instalan en sus domicilios paneles solares con microinversores. Estos dispositivos, explicaron, se encargan de convertir la energía solar en tensión eléctrica de 220 voltios.

Luego, la electricidad es recibida por una pequeña central, instalada en el domicilio, que controla los paneles solares y los microinversores, y que permite visualizar, en tiempo real, la cantidad de electricidad que generan los paneles, en función de los niveles de radiación solar . “Tucumán tiene mucho potencial, porque sobra la energía del sol”, subrayaron los expertos.

Custodio recalcó que la electricidad convencional se genera en plantas termoeléctricas, como El Bracho o la Estación Independencia, y que funcionan con turbinas de avión que queman hidrocarburos en forma constante. Desde esas las centrales, la electricidad se distribuye a toda la red interconectada. “La microgeneración es limpia, sustentable y se produce en pequeñas cantidades, para que los usuarios demanden menos recursos de la red”, insistió.

Los equipos de microgeneración de energía son importados, y se fabrican con componentes alemanes y chinos. En el mercado se comercializan a un valor que ronda los U$S 5.000 ($ 75.000). Custodio y De Marco instalaron hace un año un dispositivo de energía solar en el techo de sus oficinas, ubicadas en la zona oeste de la capital tucumana. Mediante los datos que relevaron, comprobaron que el artefacto produce alrededor de 1.500 kilovatios por hora, que equivalen a un tercio de la energía que se consume en una casa promedio.

Falta regulación
La alternativa de producir energía propia y de descomprimir la red de distribución no son las únicas ventajas de la microgeneración. Los usuarios de los recursos fotovoltaicos pueden, además, volcar su energía a la red. Para lograrlo, afirmó De Marco, los gobiernos, las asociaciones civiles y las empresas distribuidoras de electricidad deben regular el funcionamiento de los microgeneradores fotovoltaicos.

Además, advirtió que, por ahora, las provincias de Santa Fe y de Salta avanzaron en cuestiones de regulación. “Es necesarios que se reglamenten los aspectos técnicos, las condiciones de uso, de conexión y de seguridad de los equipos de microgeneración. También los asuntos comerciales y hasta fiscales, porque al tener la posibilidad volcar energía a la red convencional, los usuarios de esta tecnología son productores y hasta vendedores de energía”, insistió De Marco.

Por último, los arquitectos coincidieron en que la microgeneración ayuda a que los usuarios del servicio eléctrico tomen conciencia de los costos reales de la producción energética. “Esto permite que la sociedad sea más eficiente en el uso del recurso y que contribuya al cuidado del medio ambiente”, concluyó De Marco.

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