“Para decir las cosas, preferimos nuestras palabras” - LA GACETA Tucumán

“Para decir las cosas, preferimos nuestras palabras”

El guitarrista tucumano Javier Nadal Testa presenta esta noche sus canciones en dúo con el pianista platense Juan Fermín Ferraris.

19 Feb 2016
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MÁS QUE UN SIMPLE DÚO. Javier Nadal Testa y Juan Fermín Ferraris comparten gustos y estéticas artísticas. Gentileza Javier Nadal Testa.

Cada uno buscaba su propia sonoridad, hasta que descubrieron que estaban por el mismo camino. Cada tanto vuelven a juntarse para disfrutar sobre el escenario y compartir canciones y emociones, como lo harán esta noche en la Taberna Cultural Mandinga.

Será cosa del diablo, pero lo cierto es que el guitarrista tucumano Javier Nadal Testa debió emigrar a La Plata para conocer al pianista Juan Fermín Ferraris. No fue casual el lugar: ambos son estudiantes avanzados de la carrera universitaria de Música Popular. Hace cuatro años, el dúo se llamó Agua el picolé, pero ahora se presentan con el nombre y el apellido de los dos como muestra de identidad común, aunque por separado siguen desplegando su arte en distintos grupos y proyectos.

Las etiquetas no les sientan bien. “Nuestra música no podría adscribirse a lo que se conoce comúnmente como folclore, ni argentino ni latinoamericano, así como no podemos hablar de las reminiscencias de nuestras canciones a una familia genérica musical sin hablar del plano sonoro. Lo que prima en lo que hacemos es la canción, no la forma típica o las funcionalidades más populares que abarca el hacer folclórico. El acercamiento y los puntos en común con esas músicas podría pasar por un nexo estético, donde se pone en juego cómo nosotros maniobramos las influencias”, le dice Nadal Testa a LA GACETA.

- ¿Por qué optaron por ser cantautores?

- Una de las cosas que nos une es el espacio emocional y musical que implica la germinación de un discurso propio. Es algo que nos pone en el lugar de bucear sobre nuestras reflexiones y lugares internos desde la palabra y su relación con la música. Para decir las cosas, preferimos hacerlo con nuestras palabras. Las únicas canciones que no nos pertenecen son de Dalmiro Guarda Bañares y Juan Miguel Carotenuto, dos amigos cantautores que son de nuestro círculo cercano e íntimo, por lo que los temas no nos son demasiado ajenos.

- ¿Cómo surgió la necesidad de trabajar juntos?

- Nos conocimos en la facultad, fuimos compañeros desde el principio y nos fuimos dando cuenta de que compartíamos visiones de la vida y de la música. Podría decirse que el hecho de trabajar juntos es un lujo más que una necesidad. Nos podemos juntar a tocar tanto como a comer algo, viajar, dar unas vueltas o tomar un mate. Pero hemos proyectado algunas cosas, como la grabación de nuestro disco que está próximo a salir en un formato audiovisual.

- ¿Quiénes son sus referentes musicales?

- Hablar de referencias es difícil. El hecho de vivir en una ciudad, estudiar en una facultad de arte y estar consumiendo y experimentando con la música diariamente, hizo que se nos vaya desdibujado esa situación.

- ¿Qué implica La Plata?

- El hecho de irme a estudiar a los 19 años significó un puntapié inicial de una serie de experiencias tremendas de formación humana, musical y académica, con toda la inversión emocional que eso conlleva. Por suerte, la Facultad de Bellas Artes de La Plata es un lugar muy ameno en el que convergen personas hermosas, de varios lugares del país y de Latinoamérica, muchas de las cuales están en la misma sintonía y situación de lejanía y desarraigo. Hoy estoy dando los últimos pasos en la Licenciatura en Música Popular como estudiante y los primeros como docente e investigador, y es un lujo que me han podido dar mi familia y la educación pública.

- ¿Por qué cambiaron el nombre del dúo?

- Comenzamos llamándonos Agua el picolé como manera de decir que las cosas han de ser, sean. Hoy, ambos seguimos con nuestros proyectos personales y las presentaciones con el dúo se volvieron más puntuales. De igual manera, sobrevive la esencia de lo que nos une como amigos, y es lo que nos hace volver a hacer música juntos.

- En lo personal, estuviste trabajando en México. ¿Cómo fue esa experiencia?

- Fue alucinante. Fui becado por el Ministerio de Educación de la Nación, y viví en el Distrito Federal dos meses para realizar investigaciones sobre música mexicana, en especial el son jarocho en su vertiente urbana. Me acerqué a grupos de jóvenes para ver cómo trabajan y desde qué visión encaran la música de su país. Las similitudes son increíbles, como por ejemplo el lugar poco ortodoxo desde el cual encaramos la producción. Tanta fue la cercanía con el grupo Flor de Acuyo, que organizamos un recital juntos e incluyo una canción de ellos en mi repertorio. Di algunos talleres y conciertos en la Universidad del Estado de México, y llevé a cabo un proyecto artístico a encargo de La Casa de la Cultura, que consistió en arreglar una chacarera mía para experimentar algunos recursos interpretativos del género desde un lenguaje musical moderno con músicos mexicanos. Este llamado Proyecto Cíclico se transformó en el puntapié de un grupo en Argentina con una sonoridad similar, en La Plata.

ACTÚAN HOY

• A las 22.30 en la Taberna Cultural Mandinga (avenida Mitre 771).

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