MUJER CON METAS. Joy lidia con dificultades para alcanzar sus sueños.
14 Enero 2016 Seguir en 

Una historia real como trasfondo, un trío de actores (Jennifer Lawrence, Robert De Niro y Bradley Cooper) cuya efectividad ya está probada y una trama que invita a la rápida identificación. Esos son los tres ejes de “Joy: el nombre del éxito”, lo último del director David O. Rusell, que parte de esta pregunta: ¿alguna vez sentiste que no estás haciendo nada trascendente con tu vida, encerrado en una mediocridad sin aparente salida?
Ese es el sentimiento creciente de Joy, la protagonista. De joven tuvo que abandonar sus estudios para llevar la contabilidad del negocio de su papá, pero ni siquiera eso le ha asegurado un buen pasar: casi siempre está en aprietos económicos y su casa fue hipotecada. No sólo eso. Es una madre divorciada, pero sigue conviviendo con su ex esposo (él duerme en el sótano). Esta situación, sumada a otras menos tangentes referidas a su familia, asfixian y angustian a la mujer.
Hasta que un día -justo cuando ya se empieza a temer por su salud mental- Joy tiene una buena idea. Es un proyecto en el que no sólo apostará el poco dinero que ha ahorrado, sino también por el que incrementará las deudas que arrastra desde hace años. Se trata de la invención del “Miracle mop”, un trapo de piso que se exprime solo y que es tan sencillo como revolucionario (la película está ambientada en los Estados Unidos de mediados de los 70).
Aquí empieza la aventura de Joy quien, en su afán comercial, deberá lidiar con su inexperiencia en materia de negocios, con las trabas que inconscientemente le pone su familia y con las dificultades que supone materializar una iniciativa desde cero. Así, la película gira en torno de la tenacidad de una mujer por alcanzar su sueño incluso cuando tiene todo en contra; sólo puede confiar en ella misma. El argumento está basado en la historia de Joy Mangano, quien terminó convirtiéndose en una estrella de los infomerciales.
“Múevete”
De la película se ha dicho ya que no es la propuesta más lúcida de Rusell, pero que otra vez el trabajo de Lawrence es despampanante (el pasado domingo se alzó con el Globo de Oro a mejor actriz cómica por su desempeño en este filme).
En una reciente entrevista con el diario español El Mundo, consultada por su propia tenacidad para alcanzar sus metas, contestó: “cuando tienes un sueño, debes perseverar en él. Si eres lo suficientemente buena y dura, puede ocurrir. Pero si no llega a suceder, también tienes que moverte, continuar y hacer otra cosa. Por ejemplo, yo con la actuación: quería ser actriz más que cualquier otra cosa en el mundo. Eso le pasa a mucha gente. Así que me puse un plazo de cinco años. Iba a darle una oportunidad a la interpretación, intentarlo durante ese tiempo y, si no salía, volvería a Kentucky, a la escuela de enfermería para ser enfermera o médico. Porque debes hacer algo. Yo realmente quiero esto, pero si ellos no me aceptan a mí... Es importante tener un propósito en la vida. Si vas a estar en este planeta, tienes que hacerte un sitio en él. Muévete”.
En esa misma charla, la actriz aprovechó para definir a Rusell (con quien ya ha trabajado en “La gran estafa americana” y “El lado bueno de las cosas”) como el mejor director del mundo. “Yo lo creo así, pero también soy como su madre judía, sobreprotectora y posesiva -bromeó-. Pero es verdad. Y aún le quedan ideas brillantes. Voy a aprovecharme de eso y aprender todo lo que pueda de él para exprimirlo al máximo y estar preparada a la hora de dirigir”.
Ese es el sentimiento creciente de Joy, la protagonista. De joven tuvo que abandonar sus estudios para llevar la contabilidad del negocio de su papá, pero ni siquiera eso le ha asegurado un buen pasar: casi siempre está en aprietos económicos y su casa fue hipotecada. No sólo eso. Es una madre divorciada, pero sigue conviviendo con su ex esposo (él duerme en el sótano). Esta situación, sumada a otras menos tangentes referidas a su familia, asfixian y angustian a la mujer.
Hasta que un día -justo cuando ya se empieza a temer por su salud mental- Joy tiene una buena idea. Es un proyecto en el que no sólo apostará el poco dinero que ha ahorrado, sino también por el que incrementará las deudas que arrastra desde hace años. Se trata de la invención del “Miracle mop”, un trapo de piso que se exprime solo y que es tan sencillo como revolucionario (la película está ambientada en los Estados Unidos de mediados de los 70).
Aquí empieza la aventura de Joy quien, en su afán comercial, deberá lidiar con su inexperiencia en materia de negocios, con las trabas que inconscientemente le pone su familia y con las dificultades que supone materializar una iniciativa desde cero. Así, la película gira en torno de la tenacidad de una mujer por alcanzar su sueño incluso cuando tiene todo en contra; sólo puede confiar en ella misma. El argumento está basado en la historia de Joy Mangano, quien terminó convirtiéndose en una estrella de los infomerciales.
“Múevete”
De la película se ha dicho ya que no es la propuesta más lúcida de Rusell, pero que otra vez el trabajo de Lawrence es despampanante (el pasado domingo se alzó con el Globo de Oro a mejor actriz cómica por su desempeño en este filme).
En una reciente entrevista con el diario español El Mundo, consultada por su propia tenacidad para alcanzar sus metas, contestó: “cuando tienes un sueño, debes perseverar en él. Si eres lo suficientemente buena y dura, puede ocurrir. Pero si no llega a suceder, también tienes que moverte, continuar y hacer otra cosa. Por ejemplo, yo con la actuación: quería ser actriz más que cualquier otra cosa en el mundo. Eso le pasa a mucha gente. Así que me puse un plazo de cinco años. Iba a darle una oportunidad a la interpretación, intentarlo durante ese tiempo y, si no salía, volvería a Kentucky, a la escuela de enfermería para ser enfermera o médico. Porque debes hacer algo. Yo realmente quiero esto, pero si ellos no me aceptan a mí... Es importante tener un propósito en la vida. Si vas a estar en este planeta, tienes que hacerte un sitio en él. Muévete”.
En esa misma charla, la actriz aprovechó para definir a Rusell (con quien ya ha trabajado en “La gran estafa americana” y “El lado bueno de las cosas”) como el mejor director del mundo. “Yo lo creo así, pero también soy como su madre judía, sobreprotectora y posesiva -bromeó-. Pero es verdad. Y aún le quedan ideas brillantes. Voy a aprovecharme de eso y aprender todo lo que pueda de él para exprimirlo al máximo y estar preparada a la hora de dirigir”.
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