Hasta con reparos, Tarantino es irresistible

Un grupo de forajidos y cazarrecompensas debe convivir por obligación en una travesía. Críticas irregulares al director

CRECIENTE DESCONFIANZA. Los desconocidos caminan juntos, pero saben que no pueden fiarse uno del otro. CRECIENTE DESCONFIANZA. Los desconocidos caminan juntos, pero saben que no pueden fiarse uno del otro.
14 Enero 2016
Muy esperada, pero con advertencias. Así llega a la pantalla tucumana “Los ocho más odiados”, el octavo filme de Quentin Tarantino que, en la opinión de algunos críticos, es el menos logrado y el más tedioso de su carrera. Situado algunos años después de la Guerra Civil estadounidense, tiene como protagonistas a un grupo de cazadores de recompensas, a una forajida que va camino a la horca y a sus cómplices, que desatan una carnicería para intentar rescatarla.

Si bien está ambientada en una época en la que todavía regía la ley del más fuerte, la película no es estrictamente un western, sino que está más cerca de los géneros del misterio y el suspenso. Según el crítico Paulo Pécora, de la agencia de noticias Télam, es curioso que el cineasta haya elegido el formato ancho Super Panavision 70 milímetros para rendir homenaje al western y, sin embargo, decidiera que la acción transcurra en casi el 80 % de su metraje en un espacio cerrado: un almacén perdido en el que los personajes se refugian de una tormenta de nieve. Así la elección técnica pasa casi inadvertida.

La trama transcurre en las montañas nevadas de Wyoming y gira en torno a una diligencia que atraviesa bosques y riscos helados hacia el pueblo de Red Rock con dos pasajeros a bordo: el cazarrecompensas John Ruth y la delincuente Daisy Domergue, a quien conduce a morir en la horca. En medio del camino, sentado sobre una pila de cadáveres, encuentran a Marquis Warren, un antiguo soldado negro que también se dirige a Red Rock para entregar los cuerpos y cobrar a cambio miles de dólares. Más tarde se suma Chris Mannix, un renegado del sur que afirma ser el nuevo sheriff del pueblo.

Si bien este comienzo puede recordar en algún punto al clásico de John Ford “La diligencia” (1939) (en el que varios extraños están obligados a viajar juntos un largo trayecto pese a sus diferencias y la desconfianza que cada uno despierta en el otro), Tarantino toma inmediatamente otro rumbo cuando los viajeros buscan refugio de un temporal en un gran almacén solitario. Allí los espera un grupo de asesinos que pretende liberar a Domergue, hermana del líder de la banda.

¿Lo más destacable? La inclusión de la música original de Ennio Morricone.

Verdadera carnicería

El director pone el énfasis en la construcción de las características de estos delincuentes y cazarrecompensas, a los que describe mediante gestos, acciones y sus maneras de expresarse, para generar un ambiente de incomodidad y desconfianza entre ellos, que no se conocen pero están convencidos del peligro que cada uno representa para los demás. “Lo que sigue es una verdadera carnicería de vísceras, cabezas destrozadas, cuchilladas y gente envenenada vomitando litros de sangre, en una serie de secuencias donde la violencia gratuita, el sensacionalismo y el gore (subgénero del terror caracterizado por lo explícito de sus mutilaciones) cobran un protagonismo inusitado”, anticipa Pécora.

Tarantino es conocido por los homenajes que en sus filmes realiza a algunos clásicos y a obras menos conocidas de la historia del cine (él se formó de manera autodidacta viendo cientos de películas en el videoclub en el que trabajaba), pero a partir de “Los ocho más odiados”, observa la crítica, será recordado por homenajearse a sí mismo.

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