Humedad y cucarachas en la Quinta de Olivos

El Presidente todavía no vive en el predio ubicado en Vicente López. Se estima que se trasladará allí, tras algunos arreglos edilicios, en marzo.

10 Enero 2016
Los portones de Villates al 1.000 permanecen cerrados. Se abre una pequeña puerta al costado. A los periodistas los esperan los controles de seguridad de rigor. Los rayos infrarrojos han quedado atrás, ahora es un intenso sol el que les da la bienvenida. Se cuela entre los imponentes árboles de la quinta presidencial. Los portones se abren e ingresa un Toyota con vidrios polarizados. Minutos después se da la orden de ingreso y la comitiva de periodistas inicia la caminata de unos 300 metros por el mismo camino asfaltado. El grupo está integrado por Mauricio Maronna (La Capital); Pablo Juárez (El Tribuno), Mario Fiore y Horacio Aizpolea (La Voz); Walter Curia y Daniel Juri (Diario Río Negro) y los representantes de LA GACETA.

A apenas 50 metros del recorrido, hacia la izquierda, aparece el empalme que lleva a la residencia, tal cual lo anuncio un cartel. Ese tramo, por ahora, sólo es recorrido por los obreros que reparan lo que será el hogar presidencial. Olivos, la parquizada quinta de 26 hectáreas, por el momento, es sólo oficina. Los periodistas continúan su marcha hasta el edificio donde los espera el secretario de Comunicación Pública, Jorge Grecco, el vocero presidencial Iván Pavlovsky y sus colaboradores.

En este primer mes de Gobierno, Mauricio Macri pasó apenas un par de días de la semana trabajando en el despacho que posee en el edificio de jefatura de Gobierno de la quinta. Al frente de esa oficina se abre un amplio salón con seis sillones de cuero y una mesa ratona que servirá para apoyar las tazas de café, las botellas de agua, los grabadores y anotadores. No hace falta realizar un gran recorrido para notar el abandono. Alcanza con mirar para arriba: los techos de todos los salones exhiben grandes manchas de humedad. “La residencia central está bastante abandonada, como si nadie hubiese vivido allí”, cuenta un funcionario de segunda línea. Añade que el Presidente pidió que se hagan arreglos y que calcula que en marzo se instalará allí con su familia.

Los colaboradores del Presidente añaden una anécdota para pintar algunas sorpresas con las que se encontraron. Semanas atrás, decidieron hacer un “picadito” en la también dañada cancha. Cuando terminaron y se fueron al vestuario para asearse se dieron con que, además de agua, fluían cucarachas de cuanta rejilla había en los vestuarios.

Un poco de historia

La de la Quinta de Olivos es la principal residencia oficial del Presidente. La quinta está situada en la localidad de Olivos, Vicente López, en la zona norte de Buenos Aires. La construcción de la casa fue realizada en 1854 por Prilidiano Pueyrredón, miembro de una de las familias patricias de San Isidro e hijo de Juan Martín de Pueyrredón. Según una serie de artículos publicados años atrás por el diario “La Nación”, la quinta fue donada por un descendiente de Miguel de Azcuénaga, Carlos Villate Olaguer, soltero y sin hijos, quién respondiendo al prestigio de su bisabuelo materno y también a la tradición altruista y generosa de los Azcuénaga, como digno descendiente de Caballeros de la Banda, hijos del solar de Durango (en Vizcaya), hizo su donación de la Chacra de Olivos al Superior Gobierno de la Nación Argentina, con la condición de que fuese residencia presidencial. En efecto, siendo joven pero sintiendo declinar su salud (murió a los cuarenta y seis años) hizo un testamento en el cual expresaba que su voluntad era ceder la residencia al Gobierno nacional, para que allí hicieran la quinta presidencial, y agregaba: “...En caso que el gobierno no aceptara esta donación, es mi voluntad que sea construido un gran parque, dándolo al Gobierno nacional para beneficio público”.

El presidente de Argentina está obligado a vivir en ella para que el legado no se pierda; de lo contrario, volvería la propiedad a los descendientes del clan Azcuénaga-Basavilbaso-Santa Coloma.

La donación fue aceptada por decreto del 30 de septiembre de 1918, con la firma del presidente Hipólito Yrigoyen y el 3 de septiembre de 1920 se aceptó la donación ante el juzgado civil.

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