Alfaro y Cano, los consejeros de Manzur

En menos de un mes, dos hombres clave de la oposición comarcana le recomendaron lo mismo al gobernador Juan Luis Manzur: que no se compre los conflictos de su antecesor, José Alperovich.

La reacción del mandatario fue disímil a esos extraños consejos de políticos que supieron ser férreos contrincantes del oficialismo alperovichista que hoy Manzur continúa. El intendente Germán Alfaro es uno de los que le habría advertido al gobernador que no se inmiscuya en pelea ajena. Inclusive le habría dicho a Manzur que poco lo conocía y que las diferencias que mantenía con Alperovich eran políticas y que, por ende, no había motivo para mantenerlas con el nuevo Gobierno. La charla en cuestión se dio en el único encuentro a solas que tuvieron hasta aquí ambos. El intendente había salido conforme del encuentro, creyendo que podía mantener una relación institucional armónica con el vecino de la Casa de gobierno, más allá de la dura batalla electoral. Pero la alegría le duró poco. “Me quieren arrodillar, no ayudar”, habría dicho Alfaro entre sus íntimos días después de aquella foto con el gobernador. El intendente observó señales poco alentadoras. En lo político, los alpero-manzuristas de la Legislatura buscaron hacer blanco en su lomo tras las inundaciones en la capital, que le costaron la vida a una persona. En lo institucional, los funcionarios del Ejecutivo soslayarían las solicitudes de sus pares del municipo. No tan sólo eso. El ministro de Economía le habría querido retener unos $ 40 millones al municipio, a descontar en partes iguales en enero y en febrero, en concepto de supuestas deudas que la anterior administración municipal habría mantenido con la Provincia. Alfaro montó en cólera. En el cóctel de fin de año del Banco del Tucumán se cruzó con Eduardo Garvich y gesticulando con manos y rostro le aclaró que esa deuda no existe y que ardería Troya si osaba cobrársela. Así están las relaciones entre las dos administraciones Ejecutivas más importantes de la Provincia. Por lo pronto, el intendente ya entendió que si pide fondos le ofrecen quitárselos y por ende afinó el lápiz para pagar los sueldos con recursos propios. Reafirma que no entrará al Pacto Social y las finanzas le cierran para asegurar salarios y funcionamiento del municipio con su billetera. Por las dudas, le habría robado el amigo a Alperovich y habría conseguido el aval del banquero Jorge Brito para que le cubra las espaldas ante algún sobresalto.

El otro “consejero” de Manzur fue el mismísimo José Cano. Cuando se vieron frente a frente, ya uno como gobernador y el otro como funcionario nacional, el radical le habría dicho que no entendía por qué mantenía en su Gabinete a alperovichistas cuestionados o sospechados de corrupción. Y le habría recordado que, entre ellos, se contaba al interventor de la Caja Popular, que además le había generado la herencia de una piedra tamaño edificio en el zapato: la enemistad con la Asociación Bancaria. No está claro si por esa recomendación o porque la administración provincial iba a tener que pagar casi unos $ 20 millones en indemnizaciones para los despedidos de la Caja, pero Manzur ordenó que se efectivizara inmediatamente a los 34 cesanteados. Así se hizo y los bancarios se levantaron con un enorme triunfo gremial y político.

Carlos Cisneros venció en la puja a Alperovich y al combativo Armando Cortalezzi, que parecía firme en la pelea y en el cargo. Con esa decisión, además, el gobernador dio varios mensajes. O al menos habilitó conjeturas políticas diversas. ¿Quiso sacarse un conflicto de encima y, además, convertir en aliado a ese enemigo? ¿O le está diciendo a su antecesor que ahora él es el jefe y “perdona” a aquel que supo defenestrarlo? En el entorno cisnerista afirman que no existe alianza alguna con el mandatario ni pedidos de ningún tipo ni de un lado ni del otro. Lo real es que Alperovich quedó derrotado en una batalla personal que, a priori, no estaba dispuesto a abandonar.

En busca del empate

Entre todas las trifulcas locales, Cano aprovecha para tratar de meter un gol que empate el partido que perdió contra Manzur el 23 de agosto. Ahora se sienta en la mesa chica de Mauricio Macri y se acomodó sobre el grifo que abre y cierra el diálogo nacional -y los recursos- para la provincia que gobierna su ex contrincante. Anteayer le frenó el chorro de sopetón. En el Poder Ejecutivo festejaban la visita de la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, para anunciar la continuidad de los planes Ellas Hacen y Argentina Trabaja en Tucumán hasta que imprevistamente la funcionaria nacional canceló el viaje. El desplante habría venido asociado a un mensaje del George Clooney tucumano vía grupo de ministros de la Nación, en el que sugería que Stanley no podía aparecer en la foto legitimando la continuidad de programas criticados por el uso clientelar y político de los punteros del oficialismo. Además, se le habría hecho saber a los hombres de Manzur que ese manejo cambiaría, que los planes serían claramente monitoreados y entregados por la Nación y que los beneficiarios no deberán ya pasar por dirigente alguno para recibirlos o cobrarlos.

En la misma cadena de mensajes, los ministros nacionales se habrían comprometido ante el tucumano que ninguna otra visita ni obra ni anuncio que inmiscuya a esta provincia iba a realizarse sin su visto bueno. Cano se pavonea que hasta políticos que caminan junto a Manzur le piden reuniones “privadas” en Buenos Aires y que empresarios de los más diversos buscan sentarse al lado suyo. Siente que es su gol de oro, su empate de fin de año tras una derrota que le pegó de lleno en el pecho.

2016 llegará con el compromiso institucional de unos y otros de mostrar un gran Tucumán del Bicentenario de la Independencia. Manzur y Cano jugarán a las buenas formas, pero cada uno tratando de fortalecer sus estructuras. El gobernador, de armar poder propio sin desairar a su padre político Alperovich. El titular del Plan Belgrano, de mantener unido al Acuerdo para el Bicentenario que supo aglutinar a toda la oposición.

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