El macrismo ha comenzado a “blanquear” la administración de Juan Manzur, ese gobernador consagrado de la más opaca de las maneras conocidas durante la historia reciente. Ese mandatario cuya gobernación fue alumbrada entre el humo negro de las urnas que se quemaban; la oscuridad de la Junta Electoral Provincial y sus cámaras que no funcionaban en el cuarto de custodia de los votos de los tucumanos por culpa de cortes de luz inexistentes; y un fallo express de la Corte en un edificio sitiado y con el olor del miedo al fantasma de la intervención. A ese mandatario, el ministro del Interior de la Nación, Rogelio Frigerio, vino a visitarlo esta semana.
Nunca se sabe cómo va a ser el Año Nuevo, pero lo cierto es que el generosísimo gesto macrista le ha alegrado la Navidad a Manzur. Él no para de decir que le está yendo fantástico con Macri. No es para menos: él, que nació a la conducción del Poder Ejecutivo provincial sin legitimidad de origen, está consiguiendo de la Nación una precoz legitimidad de ejercicio.
En otras palabras, ni siquiera se trata de que al sucesor de José Alperovich lo hayan recibido de favor en la Casa Rosada: se trata de que la Casa Rosada vino a verlo a él. Y, para mayor deleite manzurista, Frigerio arribó acompañado por José Cano, hoy titular del Plan Belgrano, ayer denunciante del fraude clientelar que mereció el histórico fallo de Salvador Ruiz y de Ebe López Piossek declarando nulos los mancillados comicios del 23 de agosto. Habrá que reconocer que, a los abogados que redactaron esa demanda, la nueva postura del titular de la UCR local no los sorprendió: nunca los llamó, siquiera, para saludar por las Fiestas.
Tampoco el “blanqueo” macrista debe tomar desprevenido a nadie. Las primeras medidas del nuevo Presidente, en materia institucional, hacen gala de un consistente kirchnerismo de ojos azules, con relato y fanáticos incluidos. Debutó cometiendo la salvajada de designar jueces de la Corte por decreto, y los justificadores salieron a decir que, si estaba previsto en la Constitución, estaba bien. Después decidió intervenir el Afsca y los justificadores salieron a repaldarlo, en nombre de que se trata de un organismo persecutorio de medios y de periodistas, a cargo de un facineroso. Sí, el Afsca y su conducción son exactamente eso; pero ello no habilita a ultrajar los procedimientos democráticos y republicanos. Ahora vinieron a darle una pátina de institucionalidad a Manzur (al que presentaron en campaña como reencarnación del conservadurismo fraudulento de la Década Infame) al grito de que ahora es gobernador. O sea, los veloces decretadores dicen que la institucionalidad es lo primero. Kirchnerismo de buenos modales, que le dicen.
Motivos
¿Por qué el macrismo decidió “blanquear” a Manzur? A esa pregunta sí la contestan con cierta sinceridad, porque es importante, pero fundamentalmente porque no es la más importante.
En rigor, las respuestas pueden agruparse en dos grandes grupos. El primero refiere a lo que Manzur ha hecho por Macri: el 10 de diciembre asistió a la jura del nuevo jefe de Estado en Buenos Aires. “Hay devolución de gentilezas” es, entonces, la respuesta. Y al respecto tienen en cuenta que el tucumano fue a la ceremonia del porteño “a pesar” de dos grandes cuestiones. La primera: el feroz apriete “K” a los gobernadores peronistas para provocar un vacío de poder durante la jura. La segunda: el hecho de que en la noche anterior, cuando la ex presidenta Cristina Fernández descubrió el busto en honor a su esposo, el ex presidente Néstor Kirchner, Manzur participó del acto central, durante el cual la ex mandataria, más que destacarlo, lo señaló como un hombre clave del kirchnerismo. Como el “compañero” que se hizo cargo del Ministerio de Salud en 2009, luego de que su difunto marido perdiera la elección en que se postulaba como diputado nacional bonaerense.
El otro grupo de respuestas refiere a lo que Manzur encarna para la Casa Rosada: es el gobernador de la provincia más importante del país entre las que han quedado administradas por el Frente para la Victoria. Buenos Aires (así como la Capital Federal) está en manos del PRO. Santa Fe sigue a cargo del socialismo. Córdoba es del Frente Renovador. Mendoza, de la UCR. Como consecuencia, mantener una buena relación con Tucumán -arguyen- es una cuestión estratégica.
Ahora bien, el Leviatán, para contar una mentira, dice mil verdades. Los pragmáticos del PRO saben que, si de retribuir gestos se trata, alcanza con un par de escuelas. Y si el asunto es “andar bien” con una provincia, basta un par de barrios. Entonces, ¿a qué se debe la deferencia en el trato para el gobernador que, antes que escuelas y barrios, necesita con desesperación del trato deferente de la Nación?
Propósitos
Ese interrogante lleva a la más imporante de las inquisiciones. ¿Para qué “blanquean” a Manzur?
El macrismo contesta de la misma manera que el manzurismo: la Nación vino a buscar votos de parlamentarios nacionales porque le interesa garantizar “gobernabilidad” en el Congreso. Esa respuesta, por supuesto, es un completo sinsentido. En primer lugar, porque según los propios macristas, a la “gobernabilidad” se las presta el Frente Renovador. Según la matemática del oficialismo nacional, con las manos levantadas de los massistas sólo les hacen falta cinco parlamentarios más para aprobar las leyes que necesitan en Diputados. Y en segundo término, porque todo lo que Manzur tiene para ofrecerle al macrismo, en ese contexto, es el voto de la diputada nacional Miriam Gallardo de Dip. Fin del listado.
De los otros cuatro tucumanos del justicialismo en la Cámara Baja, tres son de La Cámpora: Marcelo Santillán, Mabel Carrizo y Alicia Soraire. El restante es José Fernando Orellana, que ya se había convertido al macrismo antes de que Macri asumiera, que ya formó unibloque y que en cualquier momento pinta todo Famaillá de amarillo ferrite.
La representación tucumana, se sabe, se completa con cuatro parlamentarios de Cambiemos: Juan Casañas, Facundo Garretón, María Teresa Villavicencio y, a partir de marzo, Federico Masso, que completará el mandato de Cano.
Ni hablar del Senado. Las bancas del FpV están en manos de Alperovich, que sólo le responde a su espejo, y de Beatriz Mirkin, que cuando no es alperovichista es kirchnerista. La senadora por la minoría es la fortalecida radical Silvia Elías de Pérez.
Quedan dos opciones: o el macrismo nada entiende de política y ganó la Presidencia en una rifa, porque pagó muy mucho para llevarse muy poco; o en realidad entiende mucho, y no eran votos de diputados ni de senadores lo que en verdad vino a buscar...
Cantidades
Justamente, 10 días antes de que Frigerio llegara en avión a tomarse fotos con él, Manzur se encontraba más cerca de estar desahuciado que entusiasmado con el rumbo que insinuaba el macrismo. Lo que contó la semana pasada de la reunión del nuevo Presidente con todos los gobernadores en Olivos, el 12 de diciembre, fue que Macri no les había prestado atención. Peor aún: les había anticipado que pensaba tener trato directo con los intendentes y acordar con los jefes municipales, y no con los mandatarios provinciales, las obras para las ciudades. Toda una doctrina massista. Y toda una mala noticia para el tucumano: las tres intendencias más importantes de la provincia (Capital, Yerba Buena y Concepción) están en manos de adversarios. Si se suma a la ahora radical Bella Vista, bastante más de la mitad más uno del padrón de votantes tucumanos está administrada por opositores.
Como si no bastase, Cano había sido designado ministro sin despacho; y Domingo Amaya había resurgido sin conocer las cenizas: recibió nada menos que la Secretaría de Vivienda de la Nación. Él es, para la lógica del peronismo gobernante, el opositor con más poder real de la provincia: tiene unidad ejecutora propia, así que no depende de otras carteras para concretar barrios y soluciones habitacionales en Tucumán.
Pero en esta penúltima semana del año, mucho cambió. El ministro nacional vino y le ratificó al gobernador tucumano dos prioridades del Presidente argentino. Por un lado, el aumento del 2% del corte del bioetanol en las naftas (más caña irá para producir alcohol, lo que aliviará a la quebrantada y saqueada industria azucarera). Por el otro, la apertura del mercado de EEUU para el limón tucumano.
Simultáneamente, Cano le apuntaba al vicegobernador Osvaldo Jaldo los planes para recuperar la ruta 65 (a las Estancias), con la finalidad de que Tucumán se conecte al corredor vial que lleva a Chile por el Paso de Francisco, en el oeste de Catamarca.
Pero Manzur quería algo más que agenda: buscaba poder. Así que pidió obras. Empezó por las que se encuentran paralizadas por falta de financiamiento: suman 2.700 millones de pesos. Encontró buena acogida al planteo, por lo que huelga decir que apenas pase el sopor de las vacaciones tendrá listas las carpetas de proyectos para pedir más.
¿Todo eso por el voto de Miriam Gallardo de Dip?
Razones
El macrismo no lo dice. El manzurismo no lo admitirá. Pero los emisarios del Presidente no vinieron por votos parlamentarios. Pareciera que arribaron para empezar a sumar un gobernador. O más aún: para comenzar a quitarle un mandatario a esa patrulla perdida en que el kirchnerismo se está convirtiendo aceleradamente. Un jefe de Estado que, simbólicamente, a un sector del macrismo le importa doblemente en el contexto del NOA peronizado: es kirchnerista, a diferencia del salteño Juan Manuel Urtubey; es peronista, a diferencia del santiagueño Gerardo Zamora.
Por cierto, parece que Manzur no está dispuesto a oponer resistencia. Más aún, casi podría decirse que se muestra agradecido. Es más: el lunes comenzaron a “blanquearlo” y el martes ya hizo aprobar un feroz aumento de los impuestos tucumanos, con la única y públicamente confesada finalidad de recaudar más dinero. Como si fuera el más legítimo de los gobernadores alguna vez consagrado en estas tierras...
Nunca se sabe cómo va a ser el Año Nuevo, pero lo cierto es que el generosísimo gesto macrista le ha alegrado la Navidad a Manzur. Él no para de decir que le está yendo fantástico con Macri. No es para menos: él, que nació a la conducción del Poder Ejecutivo provincial sin legitimidad de origen, está consiguiendo de la Nación una precoz legitimidad de ejercicio.
En otras palabras, ni siquiera se trata de que al sucesor de José Alperovich lo hayan recibido de favor en la Casa Rosada: se trata de que la Casa Rosada vino a verlo a él. Y, para mayor deleite manzurista, Frigerio arribó acompañado por José Cano, hoy titular del Plan Belgrano, ayer denunciante del fraude clientelar que mereció el histórico fallo de Salvador Ruiz y de Ebe López Piossek declarando nulos los mancillados comicios del 23 de agosto. Habrá que reconocer que, a los abogados que redactaron esa demanda, la nueva postura del titular de la UCR local no los sorprendió: nunca los llamó, siquiera, para saludar por las Fiestas.
Tampoco el “blanqueo” macrista debe tomar desprevenido a nadie. Las primeras medidas del nuevo Presidente, en materia institucional, hacen gala de un consistente kirchnerismo de ojos azules, con relato y fanáticos incluidos. Debutó cometiendo la salvajada de designar jueces de la Corte por decreto, y los justificadores salieron a decir que, si estaba previsto en la Constitución, estaba bien. Después decidió intervenir el Afsca y los justificadores salieron a repaldarlo, en nombre de que se trata de un organismo persecutorio de medios y de periodistas, a cargo de un facineroso. Sí, el Afsca y su conducción son exactamente eso; pero ello no habilita a ultrajar los procedimientos democráticos y republicanos. Ahora vinieron a darle una pátina de institucionalidad a Manzur (al que presentaron en campaña como reencarnación del conservadurismo fraudulento de la Década Infame) al grito de que ahora es gobernador. O sea, los veloces decretadores dicen que la institucionalidad es lo primero. Kirchnerismo de buenos modales, que le dicen.
Motivos
¿Por qué el macrismo decidió “blanquear” a Manzur? A esa pregunta sí la contestan con cierta sinceridad, porque es importante, pero fundamentalmente porque no es la más importante.
En rigor, las respuestas pueden agruparse en dos grandes grupos. El primero refiere a lo que Manzur ha hecho por Macri: el 10 de diciembre asistió a la jura del nuevo jefe de Estado en Buenos Aires. “Hay devolución de gentilezas” es, entonces, la respuesta. Y al respecto tienen en cuenta que el tucumano fue a la ceremonia del porteño “a pesar” de dos grandes cuestiones. La primera: el feroz apriete “K” a los gobernadores peronistas para provocar un vacío de poder durante la jura. La segunda: el hecho de que en la noche anterior, cuando la ex presidenta Cristina Fernández descubrió el busto en honor a su esposo, el ex presidente Néstor Kirchner, Manzur participó del acto central, durante el cual la ex mandataria, más que destacarlo, lo señaló como un hombre clave del kirchnerismo. Como el “compañero” que se hizo cargo del Ministerio de Salud en 2009, luego de que su difunto marido perdiera la elección en que se postulaba como diputado nacional bonaerense.
El otro grupo de respuestas refiere a lo que Manzur encarna para la Casa Rosada: es el gobernador de la provincia más importante del país entre las que han quedado administradas por el Frente para la Victoria. Buenos Aires (así como la Capital Federal) está en manos del PRO. Santa Fe sigue a cargo del socialismo. Córdoba es del Frente Renovador. Mendoza, de la UCR. Como consecuencia, mantener una buena relación con Tucumán -arguyen- es una cuestión estratégica.
Ahora bien, el Leviatán, para contar una mentira, dice mil verdades. Los pragmáticos del PRO saben que, si de retribuir gestos se trata, alcanza con un par de escuelas. Y si el asunto es “andar bien” con una provincia, basta un par de barrios. Entonces, ¿a qué se debe la deferencia en el trato para el gobernador que, antes que escuelas y barrios, necesita con desesperación del trato deferente de la Nación?
Propósitos
Ese interrogante lleva a la más imporante de las inquisiciones. ¿Para qué “blanquean” a Manzur?
El macrismo contesta de la misma manera que el manzurismo: la Nación vino a buscar votos de parlamentarios nacionales porque le interesa garantizar “gobernabilidad” en el Congreso. Esa respuesta, por supuesto, es un completo sinsentido. En primer lugar, porque según los propios macristas, a la “gobernabilidad” se las presta el Frente Renovador. Según la matemática del oficialismo nacional, con las manos levantadas de los massistas sólo les hacen falta cinco parlamentarios más para aprobar las leyes que necesitan en Diputados. Y en segundo término, porque todo lo que Manzur tiene para ofrecerle al macrismo, en ese contexto, es el voto de la diputada nacional Miriam Gallardo de Dip. Fin del listado.
De los otros cuatro tucumanos del justicialismo en la Cámara Baja, tres son de La Cámpora: Marcelo Santillán, Mabel Carrizo y Alicia Soraire. El restante es José Fernando Orellana, que ya se había convertido al macrismo antes de que Macri asumiera, que ya formó unibloque y que en cualquier momento pinta todo Famaillá de amarillo ferrite.
La representación tucumana, se sabe, se completa con cuatro parlamentarios de Cambiemos: Juan Casañas, Facundo Garretón, María Teresa Villavicencio y, a partir de marzo, Federico Masso, que completará el mandato de Cano.
Ni hablar del Senado. Las bancas del FpV están en manos de Alperovich, que sólo le responde a su espejo, y de Beatriz Mirkin, que cuando no es alperovichista es kirchnerista. La senadora por la minoría es la fortalecida radical Silvia Elías de Pérez.
Quedan dos opciones: o el macrismo nada entiende de política y ganó la Presidencia en una rifa, porque pagó muy mucho para llevarse muy poco; o en realidad entiende mucho, y no eran votos de diputados ni de senadores lo que en verdad vino a buscar...
Cantidades
Justamente, 10 días antes de que Frigerio llegara en avión a tomarse fotos con él, Manzur se encontraba más cerca de estar desahuciado que entusiasmado con el rumbo que insinuaba el macrismo. Lo que contó la semana pasada de la reunión del nuevo Presidente con todos los gobernadores en Olivos, el 12 de diciembre, fue que Macri no les había prestado atención. Peor aún: les había anticipado que pensaba tener trato directo con los intendentes y acordar con los jefes municipales, y no con los mandatarios provinciales, las obras para las ciudades. Toda una doctrina massista. Y toda una mala noticia para el tucumano: las tres intendencias más importantes de la provincia (Capital, Yerba Buena y Concepción) están en manos de adversarios. Si se suma a la ahora radical Bella Vista, bastante más de la mitad más uno del padrón de votantes tucumanos está administrada por opositores.
Como si no bastase, Cano había sido designado ministro sin despacho; y Domingo Amaya había resurgido sin conocer las cenizas: recibió nada menos que la Secretaría de Vivienda de la Nación. Él es, para la lógica del peronismo gobernante, el opositor con más poder real de la provincia: tiene unidad ejecutora propia, así que no depende de otras carteras para concretar barrios y soluciones habitacionales en Tucumán.
Pero en esta penúltima semana del año, mucho cambió. El ministro nacional vino y le ratificó al gobernador tucumano dos prioridades del Presidente argentino. Por un lado, el aumento del 2% del corte del bioetanol en las naftas (más caña irá para producir alcohol, lo que aliviará a la quebrantada y saqueada industria azucarera). Por el otro, la apertura del mercado de EEUU para el limón tucumano.
Simultáneamente, Cano le apuntaba al vicegobernador Osvaldo Jaldo los planes para recuperar la ruta 65 (a las Estancias), con la finalidad de que Tucumán se conecte al corredor vial que lleva a Chile por el Paso de Francisco, en el oeste de Catamarca.
Pero Manzur quería algo más que agenda: buscaba poder. Así que pidió obras. Empezó por las que se encuentran paralizadas por falta de financiamiento: suman 2.700 millones de pesos. Encontró buena acogida al planteo, por lo que huelga decir que apenas pase el sopor de las vacaciones tendrá listas las carpetas de proyectos para pedir más.
¿Todo eso por el voto de Miriam Gallardo de Dip?
Razones
El macrismo no lo dice. El manzurismo no lo admitirá. Pero los emisarios del Presidente no vinieron por votos parlamentarios. Pareciera que arribaron para empezar a sumar un gobernador. O más aún: para comenzar a quitarle un mandatario a esa patrulla perdida en que el kirchnerismo se está convirtiendo aceleradamente. Un jefe de Estado que, simbólicamente, a un sector del macrismo le importa doblemente en el contexto del NOA peronizado: es kirchnerista, a diferencia del salteño Juan Manuel Urtubey; es peronista, a diferencia del santiagueño Gerardo Zamora.
Por cierto, parece que Manzur no está dispuesto a oponer resistencia. Más aún, casi podría decirse que se muestra agradecido. Es más: el lunes comenzaron a “blanquearlo” y el martes ya hizo aprobar un feroz aumento de los impuestos tucumanos, con la única y públicamente confesada finalidad de recaudar más dinero. Como si fuera el más legítimo de los gobernadores alguna vez consagrado en estas tierras...
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