Ni bien el árbol se vistió con borlas y luces sus pies comenzaron a decorarse con regalos, al menos para una parte de la dirigencia política comarcana.
El que se llevó la caja más grande y sorpresiva fue Domingo Amaya, que como presente navideño adelantado recibió el cargo de secretario de Vivienda de la Nación. Manejará millones y podrá volver a levantar la cabeza, luego de quedar entre opositores tucumanos y oficialistas nacionales perdidosos. Amaya resurge y su figura inspira resquemores por estos lares. Habrá que negociar con el hombre al que, al igual que a José Cano, se vapuleó y tildó de traidor. El radical, justamente, ya había tenido un obsequio tempranero al ser nombrado titular del Plan Belgrano con rango de ministro de la Nación. Cano no pierde tiempo y hasta se anticipó al anuncio presidencial de incremento de la Asignación Universal por Hijo. George quedó fuera de foco con esa jugada ante los macristas “puros”, a quienes no les gustó que el político parecido al galán hollywoodense se haya robado las cámaras. Más allá de ello, Cano continúa haciendo gestos para la tribuna local. Vino con el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, pero evitó cruzarse con el gobernador, Juan Manzur. Además, sacó del partido al mandatario que, como hábil gambeteador, había querido primerear al funcionario nacional con el anuncio del incremento del corte de alcohol en nafta. Luego de que Manzur hiciera público el tema, el ex senador convocó a industriales y a cañeros, los sentó alrededor de una mesa y les prometió que entre el brindis de esta noche y el del próximo jueves tendrían el decreto presidencial que beneficia al sector. Lejos está de enfriarse la, valga la redundancia, guerra fría entre Manzur y Cano.
Papá José
Como si fuera el regordete y generoso Papá Noel, el ex gobernador José Alperovich le ofreció un obsequio a su hijo político Manzur. Los alperovichistas venían furiosos con el destrato por parte del gobernador hacia ellos y hacia su líder, pero “Papá José” calmó los ánimos. En una reunión en su casa, le solicitó a un puñado de dirigentes que aún le son fieles que “lo ayuden a Juan”. “No hagan líos, hay que tener paciencia y no complicarlo”, les recalcó. También habría deslizado que no quedarían en las arcas del Estado reservas para hacer frente a cinco planillas salariales sin inconvenientes -como había dicho su ministro de Economía, Jorge Jiménez- sino apenas para hacer frente a un mes más. También les dejó un claro mensaje a sus vástagos respecto de su posición ante el gobierno de Mauricio Macri: “no voy a ser opositor el primer año de su gestión, pero el último año voy a ser el mejor de los opositores”. Por último, les habría dicho que hasta marzo no movería ni un dedo, pero que pasado ese mes comenzaría otra vez a militar y a recorrer la provincia entera. Allí, sus seguidores sonrieron felices.
Manzur obtuvo otro regalo además del de Alperovich, uno más grande y tranquilizador: el presunto sí de Frigerio para enviar dinero a Tucumán, destrabar obras frenadas e impulsar la economía. El mandatario y su vice, Osvaldo Jaldo, desbordaban optimismo el lunes, tras la visita del funcionario nacional. Sin embargo, lo que a ellos no les dijo es que la Nación monitorea y observa con recelo la situación de dos provincias: Tucumán y Santa Cruz. Entienden que ambas poseen un combo peligro de cara a la paz social: los dos gobernadores llegaron cuestionados (Alicia Kirchner ganó con menos votos que su contrincante gracias a la Ley de Lemas), sus finanzas son complicadas (dependen de miles de planes sociales y de cientos de obras que no se están haciendo) y tienen una gran identificación con el kirchnerismo. Por ahora, a Frigerio le interesa sumar votos de las provincias en el Congreso, a cambio de atender las necesidades de los mandatarios. Pero sabe que si estalla un caos social, la prioridad será apagar esas llamas por la vía institucional que sea necesaria. De ahí la preocupación de Alperovich. Y de Manzur, que viaja a Buenos Aires sin descanso y recibe con mil sonrisas a los funcionarios nacionales para garantizar fondos.
Para el interior
Los líderes del interior profundo habían mandado su cartita con pedidos ni bien terminaron las vacaciones y ya recibieron sus obsequios. El ministro del Interior, Miguel Acevedo se disfrazó de Jaldo y convocó a todos los ex delegados comunales al PJ. Allí, les anunció que fueron nombrados en la planta del Poder Ejecutivo con Categoría 24. Pero son “regalos” con cargo: les exigió lealtad, compromiso y que quiere ver a todos trabajando en la calle y militando. También hubo una advertencia: si alguno se lleva mal con su sucesor o arreglan sus diferencias o se alejan del PE. ¿El motivo? Se viene una crisis importante, les habría dicho Acevedo, y necesita que todos trabajen unidos. Es más, el ministro les avisó a los ex delegados que están obligados a realizar un curso de mediación para intervenir en cortes de rutas y conflictos que el Ejecutivo prevé se avecinan.
Respecto de los intendentes, más de uno casi estalla en llanto de alegría cuando se enteró que el obsequio para ellos es el relanzamiento del Pacto Social. Muchos están con las finanzas ahogándolos y recibirán la asistencia provincial felices, aunque les quite autonomía. Inclusive el radical Mariano Campero, otrora crítico de este sistema, está dispuesto a estampar su firma. El que no ingresará a ese programa es el intendente de San Miguel de Tucumán. Germán Alfaro estaría “en llamas” con sus pares del Poder Ejecutivo. En su entorno afirman que Alfaro siente que la reunión con Manzur fue sólo “para la foto” y que luego de esa reunión para los medios su administración está siendo víctima de manoseos y desaires. “Ni siquiera podemos coordinar la limpieza de los desagües”, se quejó un funcionario municipal.
Los que hasta aquí no recibieron regalos son los asalariados. Los estatales tucumanos apenas consiguieron un “regalito” de $ 4.000 en dos partes . Entre inflación y devaluación, las bases de sus arbolitos quedaron medio peladas. Habrá que esperar para ver si la Navidad llega en marzo, aunque sea con atraso, para la clase trabajadora.
El que se llevó la caja más grande y sorpresiva fue Domingo Amaya, que como presente navideño adelantado recibió el cargo de secretario de Vivienda de la Nación. Manejará millones y podrá volver a levantar la cabeza, luego de quedar entre opositores tucumanos y oficialistas nacionales perdidosos. Amaya resurge y su figura inspira resquemores por estos lares. Habrá que negociar con el hombre al que, al igual que a José Cano, se vapuleó y tildó de traidor. El radical, justamente, ya había tenido un obsequio tempranero al ser nombrado titular del Plan Belgrano con rango de ministro de la Nación. Cano no pierde tiempo y hasta se anticipó al anuncio presidencial de incremento de la Asignación Universal por Hijo. George quedó fuera de foco con esa jugada ante los macristas “puros”, a quienes no les gustó que el político parecido al galán hollywoodense se haya robado las cámaras. Más allá de ello, Cano continúa haciendo gestos para la tribuna local. Vino con el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, pero evitó cruzarse con el gobernador, Juan Manzur. Además, sacó del partido al mandatario que, como hábil gambeteador, había querido primerear al funcionario nacional con el anuncio del incremento del corte de alcohol en nafta. Luego de que Manzur hiciera público el tema, el ex senador convocó a industriales y a cañeros, los sentó alrededor de una mesa y les prometió que entre el brindis de esta noche y el del próximo jueves tendrían el decreto presidencial que beneficia al sector. Lejos está de enfriarse la, valga la redundancia, guerra fría entre Manzur y Cano.
Papá José
Como si fuera el regordete y generoso Papá Noel, el ex gobernador José Alperovich le ofreció un obsequio a su hijo político Manzur. Los alperovichistas venían furiosos con el destrato por parte del gobernador hacia ellos y hacia su líder, pero “Papá José” calmó los ánimos. En una reunión en su casa, le solicitó a un puñado de dirigentes que aún le son fieles que “lo ayuden a Juan”. “No hagan líos, hay que tener paciencia y no complicarlo”, les recalcó. También habría deslizado que no quedarían en las arcas del Estado reservas para hacer frente a cinco planillas salariales sin inconvenientes -como había dicho su ministro de Economía, Jorge Jiménez- sino apenas para hacer frente a un mes más. También les dejó un claro mensaje a sus vástagos respecto de su posición ante el gobierno de Mauricio Macri: “no voy a ser opositor el primer año de su gestión, pero el último año voy a ser el mejor de los opositores”. Por último, les habría dicho que hasta marzo no movería ni un dedo, pero que pasado ese mes comenzaría otra vez a militar y a recorrer la provincia entera. Allí, sus seguidores sonrieron felices.
Manzur obtuvo otro regalo además del de Alperovich, uno más grande y tranquilizador: el presunto sí de Frigerio para enviar dinero a Tucumán, destrabar obras frenadas e impulsar la economía. El mandatario y su vice, Osvaldo Jaldo, desbordaban optimismo el lunes, tras la visita del funcionario nacional. Sin embargo, lo que a ellos no les dijo es que la Nación monitorea y observa con recelo la situación de dos provincias: Tucumán y Santa Cruz. Entienden que ambas poseen un combo peligro de cara a la paz social: los dos gobernadores llegaron cuestionados (Alicia Kirchner ganó con menos votos que su contrincante gracias a la Ley de Lemas), sus finanzas son complicadas (dependen de miles de planes sociales y de cientos de obras que no se están haciendo) y tienen una gran identificación con el kirchnerismo. Por ahora, a Frigerio le interesa sumar votos de las provincias en el Congreso, a cambio de atender las necesidades de los mandatarios. Pero sabe que si estalla un caos social, la prioridad será apagar esas llamas por la vía institucional que sea necesaria. De ahí la preocupación de Alperovich. Y de Manzur, que viaja a Buenos Aires sin descanso y recibe con mil sonrisas a los funcionarios nacionales para garantizar fondos.
Para el interior
Los líderes del interior profundo habían mandado su cartita con pedidos ni bien terminaron las vacaciones y ya recibieron sus obsequios. El ministro del Interior, Miguel Acevedo se disfrazó de Jaldo y convocó a todos los ex delegados comunales al PJ. Allí, les anunció que fueron nombrados en la planta del Poder Ejecutivo con Categoría 24. Pero son “regalos” con cargo: les exigió lealtad, compromiso y que quiere ver a todos trabajando en la calle y militando. También hubo una advertencia: si alguno se lleva mal con su sucesor o arreglan sus diferencias o se alejan del PE. ¿El motivo? Se viene una crisis importante, les habría dicho Acevedo, y necesita que todos trabajen unidos. Es más, el ministro les avisó a los ex delegados que están obligados a realizar un curso de mediación para intervenir en cortes de rutas y conflictos que el Ejecutivo prevé se avecinan.
Respecto de los intendentes, más de uno casi estalla en llanto de alegría cuando se enteró que el obsequio para ellos es el relanzamiento del Pacto Social. Muchos están con las finanzas ahogándolos y recibirán la asistencia provincial felices, aunque les quite autonomía. Inclusive el radical Mariano Campero, otrora crítico de este sistema, está dispuesto a estampar su firma. El que no ingresará a ese programa es el intendente de San Miguel de Tucumán. Germán Alfaro estaría “en llamas” con sus pares del Poder Ejecutivo. En su entorno afirman que Alfaro siente que la reunión con Manzur fue sólo “para la foto” y que luego de esa reunión para los medios su administración está siendo víctima de manoseos y desaires. “Ni siquiera podemos coordinar la limpieza de los desagües”, se quejó un funcionario municipal.
Los que hasta aquí no recibieron regalos son los asalariados. Los estatales tucumanos apenas consiguieron un “regalito” de $ 4.000 en dos partes . Entre inflación y devaluación, las bases de sus arbolitos quedaron medio peladas. Habrá que esperar para ver si la Navidad llega en marzo, aunque sea con atraso, para la clase trabajadora.
Lo más popular








