En el sótano de un viejo hotel se oculta un ser peligroso

El español Víctor García propone una historia de terror que deambula por caminos clásicos, con la presencia de peligros sobrehumanos.

En el sótano de un viejo hotel se oculta un ser peligroso
24 Diciembre 2015
El comienzo anticipa el desarrollo accidentado de “La cabaña del diablo”. Un auto recorre un estrecho camino montañoso y es embestido por un alud que lo arrastra y lastima a sus ocupantes, entre los que hay una embarazada y su novio, un viudo que retorna a la tierra de su ex esposa fallecida para buscar a la hija que tuvieron en común, hoy una adolescente rebelde que nada quiere saber con ningún cambio en su vida.

Ese episodio lleva al grupo hasta un hotel semiabandonado, donde sólo está Felipe, un hombre mayor encargado de su cuidado. Pero lo que está a su cargo no es el inmueble ni las pocas pertenencias que hay adentro, sino al otro ser que lo habita: una niña encerrada en un pequeño espacio, que debe permanecer cautiva.

“Cuando la salvaron creían hacer lo correcto, pero liberaron a un demonio ancestral”, se anticipa en los avances del filme de terror dirigido por el español Víctor García, conocedor del género por haber estado en 2007 detrás de las cámaras en “El regreso a la casa embrujada”.

Pero esta producción está hablada en inglés, centrada en la construcción de personajes norteamericanos en un territorio desconocido y hostil, y fue rodada en Colombia gracias a las desgravaciones impositivas de ese país, orientadas a formar actores y técnicos y a atraer inversiones del extranjero en esta floreciente industria que ofrece dólares a raudales.

El resultado conlleva la hibridez de su propio origen. La ausencia de referencia cultural y espacial a Sudamérica y el desarrollo de una historia predecible (filmada decenas de veces) impide identificar la película como un producto de alguna identidad especial. Es Hollywood en el exterior, más allá de dónde materialmente se realice.

García no es inocente en su apuesta, sino que sabe hacia dónde la encamina. Golpes de efecto con luces y cámaras, puertas y objetos que se mueven sin motivo aparente y personajes supuestamente inocentes que cambian esa condición natural hasta volverse aterradores, permiten presumir que el director tiene un control sobre lo que pasa en la pantalla; pero que, al mismo tiempo, no intenta arriesgarse a nada nuevo.

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