Intereses mutuos. De eso se trata la novela política e institucional que ahora protagoniza Mauricio Macri. Y aquellos intereses se vinculan a la relación con los gobernadores, uno de los pilares fundamentales en la que se asienta la estrategia de Cambiemos para asegurarse la gobernabilidad en el corto y en el mediano plazo. El Congreso no le garantiza tranquilidad. Varios kirchneristas han dejado en claro que frenarán todo intento del actual gobierno por avanzar con las correcciones al modelo económico. En el fondo, la intencionalidad es a dinamitarle el poder y cercar al presidente de la Nación para que no crezca políticamente.
En la Casa Rosada son conscientes de ese escenario. Por eso, Macri ha decidido avanzar y enviar a su ministro del Interior, Rogelio Frigerio, a dialogar con cada uno de los gobernadores argentinos.
Frigerio sabe qué es lo que necesitan las jurisdicciones subnacionales. De hecho, ha sido subsecretario de Programación Económica y Regional, a fines de la década de 1990, y ha seguido de cerca la relación fiscal Nación-Provincias (a través de la consultora Economía & Regiones). E, incluso, ha postulado que el león centralista se queda siempre con la tajada más grande de la distribución de recursos coparticipables. Ahora, del otro lado del mostrador, el desarrollista mantuvo su postura. “Ha llegado el momento de federalizar más la coparticipación y la Nación tiene que empezar a ceder en ese sentido”, le dijo a LA GACETA.
Este no es un dato menor. En los últimos años, las provincias siquiera han reclamado que el kirchnerismo le giró menos de la pauta constitucional del 34%. De esa manera, particularmente Cristina Fernández ha disciplinado a más de un gobernador. Por un lado, le transfería menos dinero que lo previsto; por el otro, le refinanciaba la deuda a largo plazo. Así, el reparto del dinero que se recolecta a través del cobro de los impuestos ha sido más unitario que federal.
Pero el anuncio de Frigerio, de que la Nación ceda una parte de su torta, tiene varias interpretaciones:
• La primera -tal vez la más visible- es “comprar” las voluntades de los gobernadores, como un gesto de acercamiento hacia ellos, más allá de las diferencias partidarias. En esta orientación, ese es el precio que debe pagar la Casa Rosada frente a un Congreso que, si bien no se ha mostrado hostil, no le garantiza la sanción de leyes fundamentales para asegurar la gobernabilidad del país.
• La segunda tiene una connotación electoral. Tucumán, Salta y Santiago del Estero vienen siendo los distritos en los cuales el Frente para la Victoria fue más sólido en las urnas. El peso político relativo de estas tres provincias, sumado a las necesidades propias de una zona postergada históricamente constituye un coctel ideal para que le macrismo lleve agua para su molino. De hecho, en el almuerzo del martes con Frigerio, el gobernador tucumano Juan Manzur ha recibido una respuesta más que elocuente cuando -en plena comida- dijo (palabras más, palabras menos): “lo bueno de estas iniciativas -por el Plan Belgrano- es que no caeremos en la zaranda”. Aludía así a ese viejo sistema de dependencia política a través de remedios financieros. En público, Manzur hasta mostró cierto gesto de encolumnamiento. “Vamos a poner todo de nuestra parte para ayudar a que los beneficios lleguen a Tucumán y a la región”, enfatizó. En el octavo piso del Sheraton se escuchó decir una frase que llamó la atención: “Mauricio está agradecido de la asistencia de Manzur y de la presencia de parlamentarios tucumanos en el acto en el Congreso”. No fue de boca de un tucumano, ni de un referente oficialista local. El gobernador denotó una alegría indescriptible sobre los resultados de su encuentro con Frigerio, la noche del martes, durante un coctel ofrecido por el Banco Macro en el Hilton Garden. “Frigerio se quedó más tiempo en Tucumán que en los otros distritos”, repetía. Cree que la relación se afianzará con el correr de los meses y que Macri contribuirá para que las celebraciones del Bicentenario de la Independencia se consoliden con la presencia de la mayor parte de los presidentes latinoamericanos. La camiseta naranja que en otras veces se puso para las batallas electorales tiende a convertirse en amarilla. Así es la política; así ha sido ayer; así será mañana.
• La tercera interpretación de la apertura de reparto de recursos está relacionada con el fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Manzur, particularmente, está dispuesto a guardar el reclamo administrativo y judicial si es que la Casa Rosada cumple con su promesa de mejorar la distribución de fondos coparticipables. Un planteo de esa naturaleza puede significarle un ingreso extra de $ 9.000 millones, de acuerdo con los cálculos oficiales. La Justicia, de todas maneras, le ha puesto un cepo a los reclamos provinciales, como fue el freno a la instancia que adoptó Formosa. “Vamos a resolver esa cuestión; nos vamos a juntar (con los gobernadores) a hablar de las deudas mutuas”, dijo Frigerio minutos antes de viajar hacia Santiago del Estero, destino final de su gira por el NOA. De todas maneras, el decreto de necesidad y urgencia que firmó Cristina Fernández de Kirchner antes de dejar el poder, el 10 de este mes, ha impactado ya en las transferencias de fondos federales durante la primera quincena del mes en curso. Claro que esto no se mantendrá en el tiempo, porque el nuevo gobierno desactivó aquel instrumento jurídico.
Al Gobierno tucumano no le viene nada mal un ingreso adicional por coparticipación federal. De cara a las paritarias, necesitará no menos de $ 4.000 millones para abonar un incremento salarial anualizado e inevitable a una masa de casi 85.000 agentes de la administración pública. La devaluación y la inflación reinante son argumentos incontrastables de una realidad que muestra que el salario pierde constantemente su poder adquisitivo. Hay que pasar el verano; luego vendrán tiempos de paritarias. Lo que hay que evitar, por el bien de todos, son los conflictos. De allí la necesidad del Gobierno nacional de avanzar con acuerdos a través del diálogo social entre empresarios y sindicalistas para frenar, de una vez por todas, la inflación.
En la Casa Rosada son conscientes de ese escenario. Por eso, Macri ha decidido avanzar y enviar a su ministro del Interior, Rogelio Frigerio, a dialogar con cada uno de los gobernadores argentinos.
Frigerio sabe qué es lo que necesitan las jurisdicciones subnacionales. De hecho, ha sido subsecretario de Programación Económica y Regional, a fines de la década de 1990, y ha seguido de cerca la relación fiscal Nación-Provincias (a través de la consultora Economía & Regiones). E, incluso, ha postulado que el león centralista se queda siempre con la tajada más grande de la distribución de recursos coparticipables. Ahora, del otro lado del mostrador, el desarrollista mantuvo su postura. “Ha llegado el momento de federalizar más la coparticipación y la Nación tiene que empezar a ceder en ese sentido”, le dijo a LA GACETA.
Este no es un dato menor. En los últimos años, las provincias siquiera han reclamado que el kirchnerismo le giró menos de la pauta constitucional del 34%. De esa manera, particularmente Cristina Fernández ha disciplinado a más de un gobernador. Por un lado, le transfería menos dinero que lo previsto; por el otro, le refinanciaba la deuda a largo plazo. Así, el reparto del dinero que se recolecta a través del cobro de los impuestos ha sido más unitario que federal.
Pero el anuncio de Frigerio, de que la Nación ceda una parte de su torta, tiene varias interpretaciones:
• La primera -tal vez la más visible- es “comprar” las voluntades de los gobernadores, como un gesto de acercamiento hacia ellos, más allá de las diferencias partidarias. En esta orientación, ese es el precio que debe pagar la Casa Rosada frente a un Congreso que, si bien no se ha mostrado hostil, no le garantiza la sanción de leyes fundamentales para asegurar la gobernabilidad del país.
• La segunda tiene una connotación electoral. Tucumán, Salta y Santiago del Estero vienen siendo los distritos en los cuales el Frente para la Victoria fue más sólido en las urnas. El peso político relativo de estas tres provincias, sumado a las necesidades propias de una zona postergada históricamente constituye un coctel ideal para que le macrismo lleve agua para su molino. De hecho, en el almuerzo del martes con Frigerio, el gobernador tucumano Juan Manzur ha recibido una respuesta más que elocuente cuando -en plena comida- dijo (palabras más, palabras menos): “lo bueno de estas iniciativas -por el Plan Belgrano- es que no caeremos en la zaranda”. Aludía así a ese viejo sistema de dependencia política a través de remedios financieros. En público, Manzur hasta mostró cierto gesto de encolumnamiento. “Vamos a poner todo de nuestra parte para ayudar a que los beneficios lleguen a Tucumán y a la región”, enfatizó. En el octavo piso del Sheraton se escuchó decir una frase que llamó la atención: “Mauricio está agradecido de la asistencia de Manzur y de la presencia de parlamentarios tucumanos en el acto en el Congreso”. No fue de boca de un tucumano, ni de un referente oficialista local. El gobernador denotó una alegría indescriptible sobre los resultados de su encuentro con Frigerio, la noche del martes, durante un coctel ofrecido por el Banco Macro en el Hilton Garden. “Frigerio se quedó más tiempo en Tucumán que en los otros distritos”, repetía. Cree que la relación se afianzará con el correr de los meses y que Macri contribuirá para que las celebraciones del Bicentenario de la Independencia se consoliden con la presencia de la mayor parte de los presidentes latinoamericanos. La camiseta naranja que en otras veces se puso para las batallas electorales tiende a convertirse en amarilla. Así es la política; así ha sido ayer; así será mañana.
• La tercera interpretación de la apertura de reparto de recursos está relacionada con el fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Manzur, particularmente, está dispuesto a guardar el reclamo administrativo y judicial si es que la Casa Rosada cumple con su promesa de mejorar la distribución de fondos coparticipables. Un planteo de esa naturaleza puede significarle un ingreso extra de $ 9.000 millones, de acuerdo con los cálculos oficiales. La Justicia, de todas maneras, le ha puesto un cepo a los reclamos provinciales, como fue el freno a la instancia que adoptó Formosa. “Vamos a resolver esa cuestión; nos vamos a juntar (con los gobernadores) a hablar de las deudas mutuas”, dijo Frigerio minutos antes de viajar hacia Santiago del Estero, destino final de su gira por el NOA. De todas maneras, el decreto de necesidad y urgencia que firmó Cristina Fernández de Kirchner antes de dejar el poder, el 10 de este mes, ha impactado ya en las transferencias de fondos federales durante la primera quincena del mes en curso. Claro que esto no se mantendrá en el tiempo, porque el nuevo gobierno desactivó aquel instrumento jurídico.
Al Gobierno tucumano no le viene nada mal un ingreso adicional por coparticipación federal. De cara a las paritarias, necesitará no menos de $ 4.000 millones para abonar un incremento salarial anualizado e inevitable a una masa de casi 85.000 agentes de la administración pública. La devaluación y la inflación reinante son argumentos incontrastables de una realidad que muestra que el salario pierde constantemente su poder adquisitivo. Hay que pasar el verano; luego vendrán tiempos de paritarias. Lo que hay que evitar, por el bien de todos, son los conflictos. De allí la necesidad del Gobierno nacional de avanzar con acuerdos a través del diálogo social entre empresarios y sindicalistas para frenar, de una vez por todas, la inflación.
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