¿Y si antes de aumentar el boleto mejoran un poco el servicio?

Guillermo Monti
Por Guillermo Monti 11 Diciembre 2015
Estamos en crisis, dicen los empresarios del transporte. ¿Qué salida proponen? Llevar el boleto de ómnibus a $ 8,90. Se sabe que esto funciona como una paritaria: tiran de un lado, aflojan del otro y parten la diferencia. Hasta el próximo aumento, claro, porque si se revisa el historial salta a la vista un rosario de reclamos y la amenaza permanente: “así no podemos seguir”. Frente a los micrófonos, ediles y funcionarios municipales se erigen en guardianes del bolsillo de los contribuyentes, pero a la hora de los bifes los incrementos se otorgan en tiempo y forma. ¿Cambiará la corriente esta vez? La pelota está en la cancha del Concejo Deliberante.

Un dato se agrega a este entramado, porque cuando empiecen las clases los chicos no pagarán pasaje para ir a la escuela, de acuerdo con lo prometido por Germán Alfaro. Es un costo que deberá absorber el municipio y los empresarios están más que atentos a la jugada. A propósito del intendente, llamó la atención su silencio en torno de la tragedia de la semana pasada bajo el puente del Central Córdoba. Cuando LA GACETA lo consultó por el tema derivó la respuesta en el secretario de Gobierno, Walter Berarducci. Pero fue la Municipalidad de San Miguel de Tucumán la que ejecutó obras este año en esa cuadra y la que retiró la cartelería que alertaba sobre el peligro en caso de tormenta. Alfaro hizo mutis por el foro.

Que hay inflación y que los costos se disparan lo sabe cualquier vecino asaltado por un ataque de nervios en la carnicería. Es lógico que impacta en el transporte. La cuestión es que nunca se antepone la calidad del servicio a la concesión de aumentos en el precio del boleto. Son contadas las líneas en las que da gusto viajar; el resto les falta el respeto a los pasajeros, que pierden tiempo plantados en las paradas y después sufren a bordo de coches sucios e incómodos.

Ese maltrato al que estamos (mal) acostumbrados se replica en los taxis. Si el servicio de taxis tucumano no es el peor del país le pasa raspando. Eso sí: ya plantearon la necesidad de modificar la tarifa porque, lógico, ellos también están en crisis. La regulación de ese sector es compleja y está cruzada por la corrupción desde hace un montón de años. Los dueños de flotillas de taxis manejan licencias como si fueran caramelos y en el otro extremo de la cadena están los peones que trabajan en negro y son explotados. Total, se va uno y ponen otro.

El municipio y el Concejo tienen una inmejorable oportunidad para enfocar la situación desde otra perspectiva. Ponerse firmes y conceder aumentos en la medida en que el servicio mejore. Primero la calidad de vida de los tucumanos, después el incremento de boletos, fichas y bajadas de bandera. Si la capital hace punta, el efecto cascada sobre Yerba Buena, Tafí Viejo, Las Talitas, Alderetes y Banda del Río Salí sería inevitable. Hoy en día viajamos caro, lento y mal. ¿Qué garantías de cambio quedan siguiendo el esquema tradicional?

A fin de cuentas, no se trata de armar nuevas ingenierías legislativas, sino de hacer cumplir las ordenanzas. Las normas están, lo que falla son los controles. Se inspecciona poco o -lo que es más grave- mirando para otro lado. Todo un alarde de tucumanidad, como el que rodea al micromundo de las ferias.

Paseos de compra a cielo abierto hay en todo el mundo, como bien sabemos. La diferencia con estas tierras es que esas ferias coloridas, prestigiosas, en muchos casos centenarias, están reguladas de punta a punta. Que no es lo mismo un artesano que un vendedor ambulante. Que el comercio ilegal está prohibido y que cualquier chiringuito -como se nota en Brasil- está dotado de un posnet. El tema no es sólo dónde y cuándo se ubicarán nuestros feriantes, sino determinar de dónde sacan la mercadería. Tirar de ese ovillo remite a mayoristas asentados en sus negocios de calles Mendoza, Junín y aledañas.

En el medio de tantos vaivenes de nuestro tejido social está el ciudadano, por lo general el más desprotegido del sistema. Debería ser al revés. Lo bueno es que las oportunidades siempre aparecen y este tiempo histórico, con el Bicentenario a menos de siete meses, invita a hacer de Tucumán un lugar mucho más disfrutable para vivir.

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