La historia se repite a diario. La realidad es contundente. Pero da la impresión de que aquellos tienen que ver, proteger, contener, ayudar, curar, miran sin ver o lo hacen en otra dirección o subestiman este flagelo que conduce al suicidio a adolescentes y jóvenes. La droga ni sus mercaderes no descansan. El domingo, mientras la gente se apuraba para ir a votar antes de que concluyeran los comicios, dos adolescentes jugaban en un banco de la plaza Independencia. Una periodista de nuestro diario que estaba realizando un cobertura con jóvenes de 16 y 17 años, que por primera vez votaban, se acercó a hablar con las chicas.
Una de ellas, de 16 años, contó que vive en la calle, dijo que no había ido a sufragar porque se “andaba drogando”. pero tampoco podría haberlo hecho porque “no sé leer ni escribir... no voy a la escuela... y no sé qué es eso de la votación”. La adolescente que proviene del barrio La Bombilla, pero no ve a su familia hace tiempo, duerme en cualquier lado y come lo que le dan. Tiene los brazos con numerosos cortes, pero no anda sola. “Están Gastón, la Alexis, mi tía que va a pedir por allá, la María Mumi que trabaja pidiendo acá en la plaza, el Negro, que le decimos semáforo porque tiene la cabeza llena de hongos de todos colores... la calle es dura. Ya estamos buscando que nos encierren en el Goretti. Ahí se come todos los días”, dijo.
Durante el desarrollo de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) que tuvieron lugar el 9 de agosto pasado, mientras cientos de punteros, funcionarios, dirigentes partidarios se encontraban en la esforzada tarea de llevar votantes a las escuelas, los “transas” vendían droga a la vista de todos, en las inmediaciones de la escuela primaria Costanera Norte. En esa ocasión, LA GACETA presenció y fotografió la comercialización de dosis de “paco”, llamadas “papelitos”, en algunas esquinas, donde los adolescentes y jóvenes adictos suelen reunirse a consumir. Los “dealers” vestían camperas y abrigos con capucha.
En junio pasado, la Iglesia local difundió una epístola redactada por sacerdotes de la Pastoral. Se afirmó que la venta de droga se realizaba “en las esquinas de nuestros barrios y hasta en la salida de hospitales y de escuelas”. Se preguntaron cuáles eran las acciones de los organismos públicos encargados de combatir y sancionar este delito. “Escuchamos decir con frecuencia que a esta situación de desborde se ha llegado con la complicidad y la corrupción de algunos dirigentes. La sociedad a menudo sospecha que miembros de las fuerzas de seguridad, funcionarios de la Justicia y políticos colaboran con los grupos mafiosos. Esta realidad debilita la confianza y desanima las expectativas de cambio”, dijeron.
¿Acaso el Estado carece de programas sociales para rescatar a estos chicos que viven en la calle? Se debería hacer una búsqueda diaria de ellos, para poder brindarles asistencia médica y psicológica, educación, contención afectiva. Si durante las PASO se vendió droga descaradamente, ¿por qué no se tomaron medidas y se controló si se conocen los lugares, donde se la comercializa? ¿Necesitamos acaso crear un Ministerio de la Droga para ocuparnos específicamente de este flagelo que está matando a nuestros chicos? ¿Acaso los intereses creados son tan importantes, como para no comprometerse a fondo en la lucha contra estos mercaderes de la muerte?
Una de ellas, de 16 años, contó que vive en la calle, dijo que no había ido a sufragar porque se “andaba drogando”. pero tampoco podría haberlo hecho porque “no sé leer ni escribir... no voy a la escuela... y no sé qué es eso de la votación”. La adolescente que proviene del barrio La Bombilla, pero no ve a su familia hace tiempo, duerme en cualquier lado y come lo que le dan. Tiene los brazos con numerosos cortes, pero no anda sola. “Están Gastón, la Alexis, mi tía que va a pedir por allá, la María Mumi que trabaja pidiendo acá en la plaza, el Negro, que le decimos semáforo porque tiene la cabeza llena de hongos de todos colores... la calle es dura. Ya estamos buscando que nos encierren en el Goretti. Ahí se come todos los días”, dijo.
Durante el desarrollo de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) que tuvieron lugar el 9 de agosto pasado, mientras cientos de punteros, funcionarios, dirigentes partidarios se encontraban en la esforzada tarea de llevar votantes a las escuelas, los “transas” vendían droga a la vista de todos, en las inmediaciones de la escuela primaria Costanera Norte. En esa ocasión, LA GACETA presenció y fotografió la comercialización de dosis de “paco”, llamadas “papelitos”, en algunas esquinas, donde los adolescentes y jóvenes adictos suelen reunirse a consumir. Los “dealers” vestían camperas y abrigos con capucha.
En junio pasado, la Iglesia local difundió una epístola redactada por sacerdotes de la Pastoral. Se afirmó que la venta de droga se realizaba “en las esquinas de nuestros barrios y hasta en la salida de hospitales y de escuelas”. Se preguntaron cuáles eran las acciones de los organismos públicos encargados de combatir y sancionar este delito. “Escuchamos decir con frecuencia que a esta situación de desborde se ha llegado con la complicidad y la corrupción de algunos dirigentes. La sociedad a menudo sospecha que miembros de las fuerzas de seguridad, funcionarios de la Justicia y políticos colaboran con los grupos mafiosos. Esta realidad debilita la confianza y desanima las expectativas de cambio”, dijeron.
¿Acaso el Estado carece de programas sociales para rescatar a estos chicos que viven en la calle? Se debería hacer una búsqueda diaria de ellos, para poder brindarles asistencia médica y psicológica, educación, contención afectiva. Si durante las PASO se vendió droga descaradamente, ¿por qué no se tomaron medidas y se controló si se conocen los lugares, donde se la comercializa? ¿Necesitamos acaso crear un Ministerio de la Droga para ocuparnos específicamente de este flagelo que está matando a nuestros chicos? ¿Acaso los intereses creados son tan importantes, como para no comprometerse a fondo en la lucha contra estos mercaderes de la muerte?








