PASIÓN POR EL "VICIO". Para varias generaciones, la "Mesa de los Galanes" no estuvo en un bar, sino en un local de arcade. FOTO FLORENCIA ZURITA

Se respira tensión. Treinta muchachos miran atentos a una de las pantallas de televisión en un local del barrio Jardín, como si transmitiera el último partido del Mundial de fútbol. Delante del televisor, concentradísimos, Maximiliano Nieva y Arturo Pensotti manejan comandos con precisión. El ambiente parece el de una competencia de billar, sólo que no hay olor a café ni humo de cigarrillo. Nieva y Pensotti juegan la final del torneo de Ultra Street Fighter IV, un videojuego de peleas, organizado por “Viciadero”, un grupo de aficionados a los videojuegos de arcade.
Cada mes, Emiliano Romano, uno de los gestores del grupo, organiza dos torneos de casi cualquier juego de video, nuevo o viejo, para que jugadores de toda la provincia se sumen. El objetivo es simple: recuperar el ambiente de los locales de arcade, donde se aprendía a jugar en las “maquinitas” y varias generaciones pasaron tardes enteras divirtiéndose. El boom de la tecnología de los últimos 15 años sentenció a estos lugares. Los juegos y consolas se trasladaron al hogar, pero se perdió el espacio compartido, justifican. Viciar, para muchos jóvenes -y no tanto-, significa pasarse horas y horas prendidos a un videojuego. Eso sí, para ellos, jugar en grupo, no tiene parangón.

“La mayoría tenemos alrededor de 30 años, así que hemos vivido la época de gloria del arcade. Cuando éramos changuitos íbamos a los videos del barrio o del centro. He pasado mi adolescencia con esto. El boom era cuando uno viciaba en el barrio para prepararse, así el viernes uno iba a los locales del centro a medirse”, recuerda Nieva, estudiante de Teatro de 27 años. Para Nieva y muchos de los de su generación, la “Mesa de los Galanes”, ese punto de reunión de los relatos de Roberto Fontanarrosa, no estaba en un bar, sino alrededor de una consola vieja. Por eso, para recuperar la reunión, asisten a las jornadas del grupo, que se organiza a través de Facebook.

“Viciadero” nació hace 4 años. “Al principio organizábamos torneos de Pro Evolution Soccer –el tradicional PES- en las casas de alguno de los chicos. Llevábamos televisores, consolas, CPU, todos aportábamos”, relata Romano. Desde hace dos años, en la casa de Emiliano tiraron dos paredes y armaron un local, para que funcione como cyber: ése es el escenario de todas las competencias de los “gamers”. Empezó a ir a un video del barrio con cinco o seis años, cuenta, y se gastaba las dos o tres fichas rápido, pero se quedaba mirando por horas. Así inició el metejón de Romano por los videojuegos, aunque no se considere adicto del: “me escapaba de catecismo para ir a jugar y estar metido ahí”.
El local de "Viciadero" tiene siete televisores, múltiples consolas y un festival de joysticks. Para aumentar la comodidad, vende galletas, gaseosas y hasta tiene una panchuquera. La mayoría de los jugadores viste camisetas de fútbol o rugby y sólo un par visten remeras con motivos “ingeniosos”, contrario al prejuicio de que los videojuegos enloquecen sólo a “nerds”. Esta vez, se realizó un torneo doble de Mortal Kombat X y de Ultra Street Fighter IV, y hubo más de 30 “viciosos”, la inscripción en cada torneo cuesta $30, y se confecciona una tabla general de todas las actividades: el puntero, a fin de año se lleva premios. La convocatoria es tan grande que acuden jugadores de otras ciudades. Las mujeres no se privan de competir, aunque prefieren los torneos de FIFA o de PES.

Jorge Assaf, Carlos González Corroto y Darío Daniel Espíndola están pendientes de la final desde un sillón. Los tres habían llegado desde Monteros para reírse un rato y competir. “Nos conocemos de toda la vida, y nos enteramos por Facebook. Pasa que Monteros es chico y no hay lugares para viciar así, como acá”, explica Assaf, de 27 años, que trabaja en el negocio de su padre. Los tres vinieron en el auto de González Carroto, de 27, que se recibió de bioquímico y trabaja en su laboratorio.
“Con lo primero que me 'envicié' fue con Mario Bros y con el Mortal Kombat II. Para mí es impresionante gráficamente cómo han evolucionado los juegos. Si no tengo nada que hacer, un feriado, puedo estar todo el día jugando. Nos juntamos al mediodía, hacemos una hamburguesas, comprarmos unas cervecitas y nos reímos un montón. Hay gente que lo ve raro, es verdad, tu novia, tu viejo o tus hermanos, si ven que estas todo el tiempo con la consola, pero es un pasatiempo”, explicó el bioquímico. Espíndola coincide en que a veces es mal visto el fanatismo por un juego de video, pero él lo minimiza. “El otro día nos juntamos a la siesta y nos quedamos hasta la 1 de la mañana jugando. Nos jode que alguno vea raro esto, pero es sólo durante los fines de semana. Sí me considero un vicioso, porque fui pasando por todas las consolas, no las tengo ahora a todas, pero las fui comprando”, aclara el estudiante de Profesorado en Matemáticas de 25 años. “Si mis alumnos se portan mal, los reto a un combate en Mortal Kombat, a ver si merecen que los apruebe”, soltó entre risotadas. Lo que destaca de "Viciadero", es el ambiente: jugar, “cargar” a alguien y divertirse.
Para Leando Arroyo, de 24, estas juntadas suponen la oportunidad de juntarse con otros fanáticos. “A mis amigos a lo sumo les gusta juntarse a jugar al FIFA, así que acá encontré gustos parecidos a los míos. Me considero “gamer”, no te voy a mentir. En un fin de semana te puedo viciar horas y horas, pero durante la semana no. Quizás prenda la consola y te juegue una horita a la noche, es más que nada el lugar para sacarme las ganas”, comenta el estudiante de inglés.
La final termina: Nieva acaba de convertirse en el nuevo campeón vigente de Street Fighter IV. “Nos convertimos en una comunidad. Somos 1300 en el grupo de Facebook, aunque obviamente no todos vienen a las reuniones, muchos mandan mensajes para saber cómo conseguir un juego o cómo pasar un nivel. Somos un grupo de ‘viciosos’”, sonríe Romano.









