“Con la película descubrí a un tipo coherente, que siempre hizo lo que dijo”. La frase de Darío Grandinetti describe su cambio interior en el antes y el después de protagonizar “Francisco. El Padre Jorge”. La película sobre la vida de Jorge Bergoglio está basada en el libro biográfico “Francisco. Vida y revolución”, de la periodista Elisabetta Piqué, y es dirigida por Beda Docampo Feijóo.
Su descubrimiento habla de lo encontrado durante su investigación para representar al Papa, más que de las dos etapas concretas de la filmación. “Tuve que investigar a una persona muy atractiva, que me hizo crecer. El proceso de construcción del personaje fue muy enriquecedor”, sostuvo en una entrevista con la agencia de noticias Télam.
El filme es una coproducción argentina-española, que se rodó en Buenos Aires, Madrid y Roma, y en la cual se desarrollan los distintos momentos de la vida del pontífice, desde su niñez y adolescencia hasta el momento en que es nombrado como el Papa 266 de la historia de la Iglesia Católica. Es la primera reconstrucción ficcional de su historia personal que llega a los cines (incluso con Silvia Abascal haciendo de una periodista que recorre Buenos Aires para entender a Francisco), ya que antes sólo se vieron documentales.
Como es previsible, la película se detiene especialmente en su arzobispado en Buenos Aires, con varias escenas grabadas en la Villa 21 de la Capital Federal, con gente del lugar que conoció de primera mano la labor pastoral de Bergoglio y que, por ese motivo y para evitar acartonamientos, improvisaron algunos diálogos. “Hay un chico, a quien saludo en la película, y luego digo: ‘A éste lo bauticé yo, pero no hace mucho’. Y era verdad. Ese pibe había sido bautizado por el Papa antes de que fuera elegido en Roma. Fue muy fuerte vivir eso. Están todos muertos de amor por el Padre Jorge”, resaltó el actor. También pasan por la pantalla su rol durante la dictadura militar y su compromiso con los sectores más necesitados de la sociedad, con una clara intención de resaltar los aspectos más positivos de su figura y trayectoria. Sin embargo, Grandinetti aclaró que no se dejó invadir por la presión de representar al jesuita. “Para mí fue un trabajo como cualquier otro. Lo tomé con la misma responsabilidad. Eso sí, antes y después de rodar siempre supe que la repercusión iba a ser mayor a otros anteriores. No me da lo mismo haber hecho a Bergoglio, por el compromiso que ha demostrado siempre”, señaló el protagonista, con 56 películas en su haber, y que logra una caracterización sorprendente del personaje.
Una diva, entre la fama y la familia
Un triángulo de oro integra el núcleo central de “Ricki and The Flash. Entre la fama y la familia”, la comedia dramática que aborda la vida de una cantante madura de rock que abandonó a su familia (incluyendo a su hija pequeña) hace 30 años para abrazar de lleno su carrera y que, ante una crisis, regresa al que nunca fue su hogar para tratar de solucionar los hechos.
Las patas sobre las que se asienta la película tienen forma del premio Oscar, ya que sus tres sostenes lo ganaron: la protagonista, Meryl Streep, lo hizo tres veces; Jonathan Demme se alzó con una estatuilla por “El silencio de los inocentes”, un clásico de los nuevos tiempos; y la guionista Diablo Cody, por “La joven vida de Juno”.
De esa conjunción surge la composición de una intensa música desatada, que está casi siempre al límite y que trata de pasar por arriba a los problemas antes que enfrentarlos. Y que cuando decide hacerlo, descubre (moralina norteamerricana previsible mediante) las cosas que se perdió por dedicarle más tiempo a la guitarra que a quienes habitaban su casa. Uno de los especiales atractivos de la película, que es presentada como otro de los grandes momentos a los que tiene acostumbrado Streep al público, es que la coprotagonista es su hija en la vida real, Mamie Gummer, que asume el mismo papel en la ficción, doliente y sufrida por haber roto imprevistamente con su pareja. El parecido entre ambas es indiscutible, y en el futuro se podrá saber si el talento fue heredado. Vuelve a verse al gran comediante Kevin Kline, otro ganador del Oscar.
Thomas enfrenta un nuevo desafío apocalíptico
Un nuevo reto desafía a Thomas y al resto de los Habitantes: buscar pistas acerca de la misteriosa organización CRUEL. Para esto deberán viajar a un desierto apocalíptico repleto de obstáculos. Así arranca “Prueba de fuego”, la segunda parte de la saga “Maze Runner”, que al igual que la primera (“Correr o morir”) está dirigida por Wes Ball.
“En este filme nos enteramos de que hay un mundo mucho más grande que está a la espera de Thomas y los Habitantes; un lugar que ha sido devastado por el sol y un virus mortal. Los jóvenes deben encontrar su lugar en ese mundo y ver cómo lo pueden arreglar. Los Habitantes son muy valiosos para varios grupos, por lo que se debaten entre salvarlos y obtener su libertad personal”, explicó Ball.
Los malos de “Prueba de fuego” son los Cranks, criaturas peligrosas y mutantes que encarnan al virus conocido como Llamarada. “No son sólo monstruos -definió el director-. Aunque son muy aterradores, evocan simpatía porque alguna vez fueron personas a quienes le arrancaron sus vidas”. Pero más terroríficas son, sin duda, las fuerzas a cargo de CRUEL. “Es una metáfora de las figuras de autoridad y de gobiernos totalitarios que creen que un individuo no es tan importante como el todo. Es algo ante lo que se rebela la gente joven”, opinó el productor Will Godfrey.
James Dashner, el autor de la saga literaria que inspira las películas, vaticinó que el público “estará al borde de las butacas” mientras vea esta segunda parte: “en la primera vimos el Área, el laberinto, y mucho cemento, piedra y hiedra. Ahora estamos saliendo al mundo, donde experimentaremos todo tipo de paisajes, ruinas, tormentas y a los Cranks. En ocasiones, las audiencias estarán aterradas. Pero, sobre todo, van a sentir una cercanía más estrecha con estos personajes”.
La mayoría del reparto de la primera parte se repite, incluido Dylan O’Brien, en el rol protagónico de Thomas. “En la anterior, mi personaje hizo la transición de niño a hombre y se convirtió en líder. Para los Habitantes él representa la esperanza”, reflexionó el adolescente, que ya es toda una estrella.