LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARÁOZ
06 Septiembre 2015 Seguir en 

Hasta el más “pata dura” se rinde; y casi por inercia sus pies se mueven solos cuando escucha algún ritmo que le gusta. Llevamos el baile en la sangre, una experiencia asociada a la diversión, la alegría y también lo saludable; y las estadísticas reflejan esa pasión, que se verbaliza en los cuerpos de casi la mitad de los argentinos. Según la Encuesta de Consumos Culturales del Ministerio de Cultura de la Nación, el 44% de los argentinos baila regularmente; y lo hace mayoritariamente en casas o fiestas privadas, aunque también en academias y centros culturales. Y si las estadísticas no mienten, es la región NEA la que más adeptos adeptos al baile suma, seguida por los norteños.
Si hasta hace 10 años el baile era considerado históricamente una práctica social “de salón” (o de clubes) eso ha cambiado en los últimos tiempos: y las causas de esta popularización son diversas. Por un lado, cunde la sensación de que bailar es “terapéutico”; por el otro, en la propia Encuesta de Consumos Culturales se reconoce que el “Bailando por un sueño” de Marcelo Tinelli ha masificado la pasión por el baile, con sus “coreos” y propuestas que parecen no tener techo: Alberto Samid y Alí Kemal bailando en tutú el Lago de los Cisnes son la mejor prueba de ese efecto masificador de la danza.
“Ver el baile en la televisión lo hizo masivo. A partir de ahí muchos se animaron a dar el primer paso”, reconoció AnabellaPaulucci, profesora de baile. “El baile tiene un brillo especial. Tanto bailar como ver bailar”, opina. Ella también terminó encantada en las redes de la música y pasó de dar clases de aerobic a dedicarse a lo que más disfruta: la salsa y bachata. Para colmo en el camino conoció el amor, Gonzalo Valdés, con quien además de enseñar, viajan y compiten.
Movidos por la curiosidad muchos se dan cuenta que de verdad pueden bailar y que la gimnasia no debe ser algo monótono ni aburrido. “Otros te dicen que no quieren volver al gimnasio porque no les gusta la estructura... y la verdad es que: ¿a quién no le gusta bailar?”, dispara Hugo Mendieta, profesor de Zumba.
Lo cierto es que el baile ya ha saltado las fronteras de los centros culturales y de las academias folclóricas. Ahora hay estilos que van desde la salsa y la bachata, hasta mezclas como el dance hall (melodías vinculadas a la cultura jamaiquina), kizomba (en Argentina mezcla de tango y música afro) y la popular zumba, donde la máxima “en la variedad está el gusto” es ley.
Algo cambió. “La gente llega buscando divertirse y también un espacio en el que pueda hacer amigos”, confiesa Hugo.
Bajar de peso, modelar el cuerpo también figuran entre los anhelos, pero en un tercer puesto. “Vienen a aprender algo nuevo, a tener contacto social y a armar grupos nuevos”, cuenta Melina Juárez Nuño, que tiene una academia donde se dictan talleres de todo tipo de baile. Es muy normal que a partir de las primeras clases -cuenta- se formen grupos de whatsapp y terminen organizando salidas los fines de semana.
¿Qué bailamos?
Según el estudio del Ministerio de Cultura, la cumbia y el reggaeton son los ritmos que más se bailan. La segunda opción más mencionada fue “cualquier música que pasen”.
En el “bailómetro” argentino, el rock tiene apenas más adeptos en la franja que va de los 30 a los 49 años y la cumbia entre los menores de 30, pero las diferencias por edades no son demasiado marcadas.
En cambio, el tango, el chamamé, la música electrónica y el reggaeton son géneros fuertemente asociados a la edad: los dos primeros son más bailados por los mayores de 50, mientras que los dos últimos ritmos tienen más convocatoria entre los jóvenes.
Esta práctica la realizan en porcentajes similares mujeres y varones, ricos y pobres, un poco más en el norte del país (NOA y NEA), y los jóvenes más que nadie. De los géneros más bailados, el reggaeton es el único que se baila en la misma medida (cerca del 12%) en todos los niveles socioeconómicos (NSE).
En cuanto a los géneros bailados según la región geográfica, se verifica que el rock y el tango son géneros mayormente bailados en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA); mientras que la cumbia, el género más escuchado en general, se baila bastante en todas las regiones, pero tiene mayor implantación en la Patagonia, el NEA y el NOA.
“La música te lleva”, indica Anabella. Con esta premisa en la cabeza hay que convencerse de que todos podemos bailar. Si no es un ritmo será otro, varones y mujeres, jóvenes y no tanto. “Lo llevamos en la sangre y eso se nota cuando viajás. Los argentinos nos apasionamos con todo. Y el baile es como el fútbol”.
Cunde el ritmo tropical
Cumbia (20.1%); seguida por: cualquier música que pasen (12,5%); reggaetón (12.3%); salsa, merengue y ritmos caribeños (8%); rock (8%); música tecno (4.5%); chamamé( 3.8%); tango, (3.65); otros ritmos folclóricos (2.6%); chacarera (2.6%); cuarteto(2.4%); zamba (2.3%)
El NOA es folclore
En el mapa del Sistema de Consumos Culturales, se destaca (se confirma esta práctica cultural tradicional) que los que más bailan zamba y chacarera están en el NOA. Lo mismo, con el cuarteto.
Inteligentes corporales
Así como existe la inteligencia lingüística, la musical, la lógica/matemática, la espacial, la intrapersonal, la interpersonal o la espiritual existe una inteligencia corporal o cinestésica. Es la habilidad de controlar los propios movimientos.
Pura terapia
Según científicos de la universidad de Missouri (EEUU) bailar puede ser terapéutico al alcanzar la tercera edad. Mejora el equilibrio y reduce el riesgo de caídas y lesiones. contra el envejecimiento Científicos de la Escuela Albert Einstein de Medicina, en Nueva York (EE UU), han demostrado que bailar es el mejor antídoto contra el envejecimiento cerebral, tanto si se compara con actividades intelectuales como otras actividades físicas como jugar al tenis, practicar golf, andar en bicicleta o caminar. hábitos saludables Un estudio publicado en la revista New England Journal of Medicine, el gerontólogo Joe Verghese y sus colegas calcularon que, mientras los crucigramas disminuyen un 47% el riesgo de demencia al alcanzar la tercera edad, bailar regularmente consigue reducirlo hasta un 76%.
Si hasta hace 10 años el baile era considerado históricamente una práctica social “de salón” (o de clubes) eso ha cambiado en los últimos tiempos: y las causas de esta popularización son diversas. Por un lado, cunde la sensación de que bailar es “terapéutico”; por el otro, en la propia Encuesta de Consumos Culturales se reconoce que el “Bailando por un sueño” de Marcelo Tinelli ha masificado la pasión por el baile, con sus “coreos” y propuestas que parecen no tener techo: Alberto Samid y Alí Kemal bailando en tutú el Lago de los Cisnes son la mejor prueba de ese efecto masificador de la danza.
“Ver el baile en la televisión lo hizo masivo. A partir de ahí muchos se animaron a dar el primer paso”, reconoció AnabellaPaulucci, profesora de baile. “El baile tiene un brillo especial. Tanto bailar como ver bailar”, opina. Ella también terminó encantada en las redes de la música y pasó de dar clases de aerobic a dedicarse a lo que más disfruta: la salsa y bachata. Para colmo en el camino conoció el amor, Gonzalo Valdés, con quien además de enseñar, viajan y compiten.
Movidos por la curiosidad muchos se dan cuenta que de verdad pueden bailar y que la gimnasia no debe ser algo monótono ni aburrido. “Otros te dicen que no quieren volver al gimnasio porque no les gusta la estructura... y la verdad es que: ¿a quién no le gusta bailar?”, dispara Hugo Mendieta, profesor de Zumba.
Lo cierto es que el baile ya ha saltado las fronteras de los centros culturales y de las academias folclóricas. Ahora hay estilos que van desde la salsa y la bachata, hasta mezclas como el dance hall (melodías vinculadas a la cultura jamaiquina), kizomba (en Argentina mezcla de tango y música afro) y la popular zumba, donde la máxima “en la variedad está el gusto” es ley.
Algo cambió. “La gente llega buscando divertirse y también un espacio en el que pueda hacer amigos”, confiesa Hugo.
Bajar de peso, modelar el cuerpo también figuran entre los anhelos, pero en un tercer puesto. “Vienen a aprender algo nuevo, a tener contacto social y a armar grupos nuevos”, cuenta Melina Juárez Nuño, que tiene una academia donde se dictan talleres de todo tipo de baile. Es muy normal que a partir de las primeras clases -cuenta- se formen grupos de whatsapp y terminen organizando salidas los fines de semana.
¿Qué bailamos?
Según el estudio del Ministerio de Cultura, la cumbia y el reggaeton son los ritmos que más se bailan. La segunda opción más mencionada fue “cualquier música que pasen”.
En el “bailómetro” argentino, el rock tiene apenas más adeptos en la franja que va de los 30 a los 49 años y la cumbia entre los menores de 30, pero las diferencias por edades no son demasiado marcadas.
En cambio, el tango, el chamamé, la música electrónica y el reggaeton son géneros fuertemente asociados a la edad: los dos primeros son más bailados por los mayores de 50, mientras que los dos últimos ritmos tienen más convocatoria entre los jóvenes.
Esta práctica la realizan en porcentajes similares mujeres y varones, ricos y pobres, un poco más en el norte del país (NOA y NEA), y los jóvenes más que nadie. De los géneros más bailados, el reggaeton es el único que se baila en la misma medida (cerca del 12%) en todos los niveles socioeconómicos (NSE).
En cuanto a los géneros bailados según la región geográfica, se verifica que el rock y el tango son géneros mayormente bailados en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA); mientras que la cumbia, el género más escuchado en general, se baila bastante en todas las regiones, pero tiene mayor implantación en la Patagonia, el NEA y el NOA.
“La música te lleva”, indica Anabella. Con esta premisa en la cabeza hay que convencerse de que todos podemos bailar. Si no es un ritmo será otro, varones y mujeres, jóvenes y no tanto. “Lo llevamos en la sangre y eso se nota cuando viajás. Los argentinos nos apasionamos con todo. Y el baile es como el fútbol”.
Cunde el ritmo tropical
Cumbia (20.1%); seguida por: cualquier música que pasen (12,5%); reggaetón (12.3%); salsa, merengue y ritmos caribeños (8%); rock (8%); música tecno (4.5%); chamamé( 3.8%); tango, (3.65); otros ritmos folclóricos (2.6%); chacarera (2.6%); cuarteto(2.4%); zamba (2.3%)
El NOA es folclore
En el mapa del Sistema de Consumos Culturales, se destaca (se confirma esta práctica cultural tradicional) que los que más bailan zamba y chacarera están en el NOA. Lo mismo, con el cuarteto.
Inteligentes corporales
Así como existe la inteligencia lingüística, la musical, la lógica/matemática, la espacial, la intrapersonal, la interpersonal o la espiritual existe una inteligencia corporal o cinestésica. Es la habilidad de controlar los propios movimientos.
Pura terapia
Según científicos de la universidad de Missouri (EEUU) bailar puede ser terapéutico al alcanzar la tercera edad. Mejora el equilibrio y reduce el riesgo de caídas y lesiones. contra el envejecimiento Científicos de la Escuela Albert Einstein de Medicina, en Nueva York (EE UU), han demostrado que bailar es el mejor antídoto contra el envejecimiento cerebral, tanto si se compara con actividades intelectuales como otras actividades físicas como jugar al tenis, practicar golf, andar en bicicleta o caminar. hábitos saludables Un estudio publicado en la revista New England Journal of Medicine, el gerontólogo Joe Verghese y sus colegas calcularon que, mientras los crucigramas disminuyen un 47% el riesgo de demencia al alcanzar la tercera edad, bailar regularmente consigue reducirlo hasta un 76%.
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