¿Propaganda o motor económico para Egipto?

El Gobierno se plantea otros proyectos faraónicos: una torre de 200 metros, una nueva capital al este de El Cairo y una central nuclear

MEGAOBRA. Un barco llamado “Larga vida Egipto“ cruza la nueva sección del canal de Suez después de la ceremonia de apertura. reuters
MEGAOBRA. Un barco llamado “Larga vida Egipto“ cruza la nueva sección del canal de Suez después de la ceremonia de apertura. reuters
09 Agosto 2015
EL CAIRO.- Anuncios y pancartas muestran estos días en Egipto cómo petroleros y cargueros recorren el “nuevo canal de Suez” en dos direcciones en lugar de una sola, como hasta ahora. El jueves se inauguró la ampliación de la mayor vía acuática del mundo y la maquinaria publicitaria estatal quiere convertir el proyecto en un símbolo para un país que económicamente está en las últimas. “El regalo de Egipto para el mundo”, dice la página web oficial del canal. Pero no es que los egipcios sean desinteresados. Gracias a las elevadas tasas que cobrará por el tránsito entre el mar Mediterráneo y el Mar Rojo -el trayecto más corto entre Asia y Europa- el gobierno confía en duplicar los ingresos del canal a medio plazo, hasta los U$S 13.000 millones. Pero los expertos dudan de eso.

Lo que sin duda impresiona es que el primero de una serie de grandes proyectos del presidente Abdel Fattah al Sisi haya podido llevarse a cabo en tan sólo un año, y gracias al dinero de los ciudadanos que han comprado acciones del canal como un acto “patriótico” y con la promesa de intereses inusualmente elevados. La ampliación del canal de Suez es el gran proyecto de un país cuya economía languidece desde hace años, con una tasa de crecimiento baja y un elevado desempleo juvenil del 40%. Además el endeudamiento público sigue aumentando y uno de cada cuatro egipcios vive con menos de 40 euros al mes.

El ex general Al Sisi quiere llegar a ellos a través de estos proyectos faraónicos. Se quiere erigir una nueva capital al este de El Cairo y hay planes para el primer rascacielos de 200 metros de Egipto y la primera central nuclear del país. No en vano, el presidente concedió a la empresa alemana Siemens un contrato de construcción de plantas de gas, el mayor de su historia.

“Se trata sobre todo de propaganda, pero no está claro si realmente hay un concepto económico detrás”, resume Stephan Roll, experto en economía egipcia. El canal de Suez es un buen ejemplo: se puede ampliar pero eso no significa que vayan a cruzarlo más barcos. De hecho, en junio los ingresos cayeron. Por otro lado, durante los trabajos de ampliación se crearon muchos puestos de trabajo, pero sólo temporales.

Uno de los problemas es el poco atractivo que tiene el país para los inversores extranjeros que tanto necesita. La desbordante burocracia, falta de transparencia y los problemas de seguridad disuaden a las empresas occidentales y a los empresarios ricos del Golfo. Además las noticias sobre ataques también alejan a los turistas. Los grandes proyectos de miles de millones podrían dejar de lado a la clase media. Algunos expertos dudan que esos planes tengan el efecto deseado pero el director del Centro Egipcio para Estudios Económicos, Sherif al Diwani, es más positivo. “Las megainversiones son un mecanismo sólido para dar el impulso inicial a una economía en problemas”, apunta. También para el Egipto que surgió en 2013 tras el derrocamiento del presidente islamista Mohamed Mursi por parte del Ejército. Por eso Al Diwani cree que la inauguración del “nuevo canal de Suez” es motivo de celebración. Al fin y al cabo encarna el compromiso de una amplia parte de la sociedad para mejorar su futuro, opina. Pero por ahora beneficia sobre todo a Al Sisi. En el puerto del Nilo, en El Cairo, ya pueden comprarse pósters con el retrato del presidente ante un enorme buque de carga.

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