ShowMatch: ya pasó el lujo, que venga la espontaneidad - LA GACETA Tucumán

ShowMatch: ya pasó el lujo, que venga la espontaneidad

Casi no hubo lugar para el azar en el primer envío del ciclo de Marcelo Tinelli, que planificó al detalle hasta los pasitos de cumbia que mostró Macri

13 May 2015 Por Silvina Cena
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DESPLIEGUE OSTENTOSO. Tinelli no se guardó nada en el debut: hubo baile, canto, sensualidad, ficción, humor, figuras invitadas y políticos exigentes. credito

Ocurrió entonces lo que todos preveíamos: el regreso de Marcelo Tinelli no fue tan sólo grande, fue majestuoso; no fue tan sólo impactante, fue hasta excesivo. El conductor parece equiparar la sumatoria aparatosa de unidades atractivas (una apertura con canto, baile y acrobacias; el saludo ya tradicional desde el piso; una parodia cinematográfica con gags e invitados especiales; un segmento político/intimista con candidatos presidenciales; un momento musical con imitación incluida) con la oferta de un bloque de calidad, como si entendiera que el espectador que se resiste a algún elemento quizás caiga rendido con el siguiente.

Seguramente Tinelli hace estas elecciones con fundamento en éxitos ya probados, porque si algo caracteriza al empresario -como a cualquiera que pretenda hacer de modo serio televisión- es que no suele dejar nada librado al azar. Y tal vez de esto haya pecado el primer programa de “ShowMatch”: todo estaba tan milimétricamente orquestado, tan ajustadas las piezas en función del shock final, que no hubo espacio para la espontaneidad, el capital más importante de Tinelli como hombre del entretenimiento. No la hubo siquiera en el momento menos guionado del envío, la habitual charla con Adrián Suar, gerente de Programación de El Trece, que en el éxtasis desatado del lunes perdió frescura. Cierto es que no se puede reclamar mucha naturalidad, por ejemplo, al ensamble de ostentaciones que constituyó la apertura. Con bloques pregrabados y otros en vivo, la producción hizo gala no sólo de su afán creativo sino también de su puntilloso manejo de la tecnología, su organización y su prolijidad para transmitirlo. ¿Podría haber sido ese segmento más corto e igual de sorprendente? Probablemente. ¿Podría haber buscado una unidad temática que justifique la ensalada de talentos? También, pero sin ella el equipo se lució igual, al punto de que ayer varios medios coincidieron en señalar ese momento como lo mejor del debut.



Sí podría habérsele pedido más espontaneidad, en cambio, al bloque en el que aparecieron tres de los aspirantes a presidente, “los máximos candidatos”, según los presentó el conductor. Hace pocos días, Tinelli había señalado en una entrevista con Clarín que a él nadie le baja línea y que, antes de cada emisión, sabe muy poco de lo que pasará entre los que se encuentren en el estudio. Sin embargo, de acuerdo con una información publicada ayer por el mismo diario, el lunes a la noche no funcionó así. Cada uno de los políticos acordó condiciones con la producción de ShowMatch -una medida marketinera lógica, teniendo en cuenta el modo en que la popularidad del programa redunda en su campaña- y muy poco de lo que finalmente salió a la luz fue regido por los hilos del azar.



Daniel Scioli se aseguró aparecer en primer lugar y hacerlo acompañado de Karina Rabolini, su esposa, el boxeador Víctor Ramírez y el equipo de futsal de La Ñata. Mauricio Macri se reunió con su imitador Martín Bossi días antes del show y entre ambos acordaron el look desestructurado del jefe de Gobierno porteño y los pasitos de cumbia con que sorprendió a la audiencia. También Sergio Massa conversó con Roberto Peña para negociar algunos guiños y sus asistentes pidieron especialmente la compañía de Los Palmeras, el grupo a cargo de su jingle.

No hay nada malo en las planificaciones al detalle, pero la televisión en vivo reclama escenas vivas y menos artificio. En sus décadas de trayectoria, Tinelli se ha hecho un experto en el minuto a minuto -qué duda cabe-, aunque eso empezará a quedar demostrado con las emisiones sucesivas, para las cuales el debut es ante todo una cuestión de protocolo.

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