Obama acierta y sus detractores se equivocan

El presidente de EEUU avanza sobre un acuerdo comercial con sus aliados del Pacífico y con Europa para poder enfrentar a China, a Rusia y a un mundo que desaparece.

02 May 2015
Thomas Friedman - Tres veces ganador del premio Pulitzer - The New York Times

Berlín.- Yo apoyo con firmeza los esfuerzos del presidente Barack Obama por lograr nuevos acuerdos para abrir el comercio con nuestros aliados del Pacífico, incluido Japón y Singapur, y la Unión Europea. Sin embargo, no los apoyo solo por razones económicas.

Si bien tengo la certeza de que éstos serían en beneficio económico de EEUU en general, dejo al presidente para que explique por qué (y cómo puede ser protegido cualquier trabajador que resulte afectado). Quiero concentrarme en lo que no se está discutiendo lo suficiente: Cómo pueden mejorar nuestra seguridad nacional como nuestra seguridad económica estos acuerdos de comercio con dos de los mayores centros del capitalismo democrático en el mundo.

Esto porque estos tratos no son solo sobre quién fija las reglas. Giran en torno a si, para empezar, vamos a tener un mundo fundamentado en reglas. Estamos en un momento muy plástico en asuntos globales, similar al periodo posterior a la II Guerra Mundial. China intenta reescribir las reglas de manera unilateral. Rusia intenta romper las reglas de manera unilateral, y partes del mundo árabe y África han perdido todas sus reglas y se están desintegrando como estados. El mundo se divide cada vez más entre el Mundo del Orden y el Mundo del Desorden.

Cuando se ve desde Europa -estuve en Alemania y Reino Unido la semana pasada-, se percibe una situación en desarrollo al sur de este lugar que es aterradora. No es sólo una crisis de refugiados. Es un colapso de la civilización: Libia, Yemen, Siria e Irak -el núcleo del mundo- han caído en guerras civiles de tipo tribal y sectario, amplificadas por crisis del agua y otras tensiones ambientales.

Sin embargo, -este punto es crucial- todo esto está ocurriendo en un mundo posimperial, poscolonial y cada vez más posautoritario. Esto es, en esta región pluralista que carece de pluralismo -Oriente Medio-, durante siglos nos hemos apoyado implícitamente en el Imperio Otomano, el colonialismo británico y el francés y, después, en reyes y dictadores para que impongan el orden vertical y descendente sobre las tribus, sectas y religiones atrapadas juntas aquí. Pero los dos primeros (imperialismo y colonialismo) ya se fueron para siempre, y el último (monarquía y autocracia) se sostienen a duras penas.

Por tanto, el orden sustentable sólo puede surgir del fondo y subir de las mismas comunidades forjando contratos sociales sobre la manera de vivir juntos como ciudadanos iguales. Y debido a que eso no está ocurriendo - excepto de Túnez- el resultado es cada  vez más desorden y marejadas de refugiados intentando escapar a las islas del orden: Europa, Israel, Jordania, Líbano y la región del Kurdistán en Irak.

Al mismo tiempo, la destrucción del gobierno libio de Muammar Gadafi, sin poner fuerzas en tierra para crear un nuevo orden en el vacío -seguramente una de las cosas más tontas que la OTAN haya hecho en su historia-, ha removido una barrera de la inmigración ilegal a Europa desde Ghana, Senegal, Mali, Eritrea, Siria y Sudán. Un contrabandista libio le dijo a David Kirkpatrick, periodista del Times en Libia, que ahora “todo está abierto: los desiertos y los mares”.

Ahora, una predicción: La OTAN establecerá con el tiempo “zonas de exclusión para la navegación” -áreas seguras para refugiados y zonas vedadas para traficantes- a lo largo de la costa libia.

¿Qué tiene todo esto que ver con tratos de comercio? Al tiempo que crece el desorden en Oriente Medio y África -y con China y Rusia intentando tirar del mundo hacia ellos- nunca ha existido un momento de mayor importancia para la coalición de democracias de libre mercado, que son el núcleo del Mundo del Orden, para unirse y establecer mejores reglas para la integración global en el siglo XXI. Estos acuerdos tanto fortalecerían como integrarían más estrechamente a las naciones democráticas y democratizadoras -con base en el mercado y el estado de derecho - que forman la columna vertebral del Mundo del Orden.

El futuro económico de EEUU “depende de estar integrado con el mundo”, dijo Ian Goldin, director de la Facultad Martin de Oxford, especializada en globalización. “El futuro también depende de ser capaces de cooperar con amigos para resolver todo tipo de otros problemas, desde el clima hasta el fundamentalismo”. Estos acuerdos de comercio pueden ayudar a fomentar confianza, coordinación y crecimiento que inclinen más la balanza en todos estos países hacia cooperación global que a “hacerse ovillo de manera proteccionista o nacionalista y dejar que otros, o nadie, escriba las reglas”.

Como les dijo Obama a sus detractores liberales: Si abandonamos este esfuerzo por acrecentar el comercio bajo nuestras condiciones“, China, el gigantesco gorila en Asia, creará su propia serie de reglas”, firmando acuerdos de comercio bilateral uno a uno a lo largo de Asia “que den ventaja a empresas y trabajadores chinos y. reduzcan nuestro acceso en la parte del mundo con mayor crecimiento y dinamismo”. Pero si logramos el trato comercial del Pacífico, “China tendrá que adaptarse a estas reglas que nosotros establecimos”. Si no logramos hacer eso, agregó, en 20 años lo estaremos “viendo en retrospectiva y lamentándolo”. Eso  es en lo único en que se equivocó. Lo vamos a lamentar mucho antes.

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