No basta sólo con una cara bonita

27 Abr 2015 Por Fernando Stanich
Si hay algo que los peronistas saben hacer extraordinariamente bien es reciclarse. El reciente caso de los mellizos Enrique y José Orellana lo demuestra. Los famaillenses llegaron a decir de todo en contra de José Alperovich y su gestión, pero la magia de la política hizo que, repentinamente, volvieran a sentirse “contenidos” por el oficialismo en la víspera electoral. Varios factores sirven para explicar el volantazo de estos barones del oeste, algunos de los cuales deben ser seguidos con atención por el radical José Cano y por el peronista Domingo Amaya, si es que pretenden pelear en serio el 23 de agosto.

Con varias batallas sobre sus espaldas, los Orellana habían iniciado la escisión de la Casa de Gobierno tras los comicios de diputados de 2013, en los que el hermano José había quedado afuera de la lista del Frente para la Victoria. Desde entonces, se cobijaron bajo el calor del veranito del tigrense Sergio Massa y se enamoraron en la primavera del intendente Amaya. Pero así como esa relación floreció con los primeros soles, se marchitó tras los primeros nubarrones. Es cierto que en el retorno de los mellizos incidió el cerrojo económico y político que le infrigió el Poder Ejecutivo a la administración del hermano Enrique, pero no es menos cierto que la indefinición de Amaya y de Cano es también responsable de este primer reagrupamiento en el alperovichismo.

El peronismo, si de algo puede jactarse, es de saber cuándo apelar a su instinto de supervivencia. Y este parece ser el caso. Para repatriar a los mellizos a 120 días de las elecciones, el oficialismo les ofreció lo que, hasta aquí, Amaya no podía darles: seguridad. Es decir, la certeza de que mediante un acople a la fórmula Juan Manzur-Osvaldo Jaldo podrán retener la intendencia de Famaillá y el compromiso de que el segundo lugar de la lista de diputados del Frente para la Victoria será reservado para que José Orellana cumpla su viejo anhelo.

Regando acoples

Consciente de que la fórmula Manzur-Jaldo no es quizás la que mejor mide en muchas ciudades, el oficialismo se encargó de regar acoples para que crezcan tantos candidatos a intendente como jefes municipales en retirada haya.

Como ejemplo vale el caso de Concepción, en donde seguramente Cano y Roberto Sánchez (postulante a intendente) serán los que mejor posicionados lleguen, pero la sumatoria de los votos de los dos o tres aspirantes a la Municipalidad oficialistas podría favorecer al binomio gubernamental alperovichista, aunque en el camino deba sacrificar una Intendencia. La situación se repica en Alberdi, Tafí Viejo, Monteros o Lules, por citar algunos casos, en donde el oficialismo aspira a plagar el cuarto oscuro de acoples a Manzur-Jaldo, rogando que el corte de boleta sea ínfimo. Mientras más amplia es la base de la pirámide, más difícil es que la punta sea endeble.

Casualmente, la sección electoral en la que se produjo la novedad política de los últimos días es la misma que se menciona como eventual refugio del propio Alperovich. A una semana de la primicia dada por el columnista Federico van Mameren, sobre las dudas que invaden el futuro del mandatario, la incertidumbre no se disipa. El viernes, Juan Antonio Ruiz Olivares y Roque Álvarez, los referentes del acople Acción Regional, fueron a visitar al gobernador para ofrecerle bajar su partido de esa sección si es que él pretende encabezar la lista del Frente para la Victoria por el Oeste. Alperovich les pidió a los popes de la Cámara que no desistan de ninguna candidatura, porque él aún no sabe si finalmente será o no postulante al Senado, ni tampoco si buscará una banca local.

Miedo a perder

Aunque nunca vaya a admitirlo, Alperovich puso en pausa su regreso a la Cámara Alta afligido por la posibilidad de que Cano le gane o empate en las Primarias del 9 de agosto, amparado en la intención de ese espacio opositor de consensuar una lista única al Congreso colgada de las precandidaturas presidenciales de Ernesto Sanz y de Mauricio Macri.

El titular del PE ya se bajó de un mano a mano con el radical en 2013, y sólo terminó por agigantar la estampa del opositor. Por eso en Casa de Gobierno dudan que nuevamente el mandatario vaya a dejarle servido un escenario festivo tan cerquita de los comicios provinciales a quien mejor posicionado aparece en las encuestas para arrebatarle el poder. Además, suponen que Daniel Scioli exigirá que debajo suyo el oficialismo tucumano juegue su mejor carta. ¿Cómo hará Alperovich para explicarle que recula?

Tampoco está claro a quién beneficiaría en realidad que el gobernador se baje al ruedo comarcano por el Oeste, una circunscripción electoral en la que, a priori, el oficialismo no presenta grandes problemas. Por eso hay quienes en los pasillos miran de reojo al senador Sergio Mansilla, armador del Oeste y patrocinante de la mayoría de los intendentes de la zona, muchos de los cuales para dejar a sus esposas o familiares en sus despachos deberán antes ganarles a los acoplados que proliferan con la billetera y el guiño de la fórmula Manzur-Jaldo. El oriundo de Aguilares debe liberar su banca en la Cámara Alta en diciembre, busca sentar a su esposa al frente de esa Municipalidad y estar dentro de la lista legislativa por el Oeste.

A la repentina nebulosa alperovichista se suma la neblina amayista. El intendente tiene sobre sus espaldas la presión de un sector de la Casa Rosada para no cerrar una alianza con Cano, y aún pasa tiempo aclarando que no desistirá de su postulación a la gobernación y desmintiendo rumores sobre su regreso al oficialismo. El radical, en tanto, juega con el tiempo. Mientras, el oficialismo avanza en acuerdos territoriales y refuerza su telaraña dirigencial en el interior. Apuesta a que la cara bonita de sus rivales a la gobernación, el día de la elección, no les alcance para ganar sin una estructura territorial que sustente esa buena imagen en los posicionamientos previos.

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