Teves se siente como Lebbos y Trimarco

La mujer renunció a su parte en un patrimonio de $ 20 millones mientras estuvo detenida; su caso fue denunciado por el Colegio de Abogados.

12 Abr 2015 Por Irene Benito
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LA PROTAGONISTA DEL CASO. Roxana Teves en un retrato reciente. la gaceta / foto de diego aráoz

“Jamás me imaginé que podría pasarme lo que me pasó. Ahora entiendo a Alberto Lebbos y a Susana Trimarco, que luchan desde hace años y no encuentran justicia: sus casos, como el mío, están relacionados con el poder político. La diferencia con Paulina Lebbos y ‘Marita’ Verón es que yo estoy viva y puedo contar mi historia. A quien le guste o no, fui la mujer y compañera, en las buenas y en las malas, de Augusto Vito Severini, hasta su último momento de vida. Estuvimos juntos casi diez años y trabajamos a la par, también con participación de mis hijos. Hay decenas de testigos de lo que fuimos y adquirimos juntos. Pero una vez fallecido Augusto, todo se derrumbó”.

Roxana Teves se suelta a hablar y no para. Está en LA GACETA por las denuncias que hizo el Colegio de Abogados de la Capital contra las fiscalías de la X Nominación y de la Cámara de Apelaciones en lo Penal de Instrucción. Teves se dice convencida de que perdió todo porque fue víctima de la ambición desmedida. Mientras litigaba para que la Justicia reconozca sus derechos sobre el patrimonio que había dejado el difunto, fue denunciada en sede penal por Carolina Severini, la hija de su ex concubino. “Y así fue que terminamos presos mi hija, mi hijo, mi nuera y yo”, explica.

Teves se pregunta: “¿cómo iba a imaginarme yo ese final? Llegaban las amenazas telefónicas de la pareja de Carolina Severini, Sergio D‘iascensci, que decía que me detendrían si continuaba reclamando mi parte en los más de $ 20 millones que acumulamos, pero pensaba que sólo querían asustarme. Porque soy inocente: jamás hice daño a nadie, menos a Augusto. Pero estoy viva y puedo contar lo que me pasó, y que, con la ayuda del Poder Judicial, nos privaron de la libertad para quedarse con nuestro dinero y dignidad”.

Teves recuerda que ella administraba, junto con su pareja, los hoteles-alojamiento Garden, Venus y El Dorado. En esa tarea, precisa que incluso se encargaba de los trámites bancarios. “Nosotros vivíamos en los hoteles hasta que murió Augusto, el 24 de septiembre de 2009. Mientras estábamos en el velorio, D’iascenci nos desalojó. Con un dinero que tenía, compré un fondo de comercio, y empecé a explotar una lavandería, que sigue siendo mi fuente de ingresos. Hoy alquilo un lugar para vivir”, expresa.

Teves asegura que sólo quería la parte que le correspondía de los bienes que había adquirido con Severini. “Tenía y tengo claro que lo mío era el 50%, pese a que Augusto se llevaba mal con su hija. Con esa idea, empezamos el juicio para disolver la sociedad de hecho y me presento en el sucesorio; consigo que la jueza civil Graciela Dalla Fontana dicte una medida cautelar en mi favor y, después de pelearla, que Carlos Torino, juez de Familia, me autorice a cobrar el 50% de los plazos fijos en dólares que teníamos con Augusto. Repito que, en 2009, el patrimonio en juego ascendía a más de $ 20 millones”, informa.

En la medida en que progresaban los juicios civiles, aumentaban las amenazas, de acuerdo con la narración de la mujer. “En medio de eso, ya en 2010, me entero por rumores de que Carolina Severini me había acusado en la Justicia penal de organizar una asociación ilícita para secuestrar a Augusto y robarle los bienes”, agrega. Teves explica que, en ese momento, sus abogados le decían que se quedara tranquila porque no había hecho nada malo. Pero la causa penal, que había ingresado en la Fiscalía X a cargo de Guillermo Herrera, avanzaba y rápido. “Yo veía que gente que me conocía, que sabía que yo había sido pareja de Severini y que había trabajado a su lado, declaraba en mi contra”, relata. Según Teves, esos testigos fueron recompensados con dinero y jubilaciones, o, simplemente, amedrentados.

Entre quienes la “perjudicaron” en la causa penal está su hija menor. “Actuó influenciada por su novio de entonces, que era amigo de D’iascenci, y dijo cosas falsas de las que se arrepiente… Ella después se disculpó y yo la perdoné”, manifiesta la madre.

Y añade: “siento que todo esto pasó porque se metieron Herrera y los Jiménez: los hijos del ministro público Edmundo Jiménez, Edmundo (h) y Ana Lucía, fueron los abogados de Carolina Severini y la representaron tanto en la sede civil como en la penal”, reflexiona Teves, que nació en 1966.

En mayo de 2010, la mujer pone sus temores por escrito y envía cartas documento al padre de Edmundo y Ana Lucía; a Herrera; al gobernador José Alperovich, y a Antonio Estofán y Luis De Mitri, entonces respectivos presidente de la Corte Suprema de Justicia de Tucumán y ex ministro público.

“Pero nadie hizo nada para ayudarme. Y la situación empeoraba: en agosto de 2010, me entero de que habían detenido al carpintero Miguel Albarracín, y le habían quitado los muebles que fabricó para los hoteles por encargo de Augusto y mío, y que no alcanzamos a pagarle. Y ni aún así creía yo que podían encerrarme a mí; me decía: ‘si no hice nada, no puede pasarme nada’”, añade.

La amenaza se concreta un día de noviembre de 2010. A eso de las 8 de la mañana, la Brigada toca el timbre con una orden de detención para Teves y para su hija. “Después, la Policía va y se lleva a mi hijo y a mi nuera: ni siquiera les importó que mi nieta de seis años se quedase sola en la casa”, dice.

Firmas liberadoras
“A las mujeres nos encerraron en la comisaría de la calle Buenos Aires. En los primeros días, yo decía que no iba a dar el brazo a torcer, pero, después, Herrera pidió nuestra prisión preventiva y la jueza Emma Lidia De Nucci se la dio (esa magistrada falleció el 23 de noviembre de 2012). Quiero decir que esta jueza era esclava de los Jiménez: firmaba lo que ellos le ponían al frente. Entonces mis abogados llaman a René Goane (h) y este a Alfredo Falú, que viene y me dice que la única manera de salir era renunciando a todos los bienes”, comenta. Y prosigue: “finalmente, firmé un alto de papeles que apenas podía leer porque en la cárcel no me dejaban tener anteojos. Una de las hojas decía que yo no había sido mujer de Augusto sino una simple empleada y que Carolina Severini no nos debía absolutamente nada”.

Teves sostiene que rubricó lo que rubricó a cambio del sobreseimiento total y definitivo, pero que ni esa promesa le cumplieron. “Un poco antes de la Navidad de 2010, Herrera y De Nucci nos dejaron en libertad, pero seguimos estando imputados. El encierro duró casi dos meses: es lo peor que puede ocurrirle a un inocente. Creo que quienes tienen que estar detenidos, gozan de la libertad gracias a quienes ejercen el poder para hacer justicia”, medita con un gesto de amargura.

Después de la detención, la vida había cambiado por completo. “Nos destrozaron; quedamos con pánico y vergüenza porque la cárcel, aunque sea breve, es una mancha que no se va: mucha gente a lo mejor cree que nos pasó lo que nos pasó porque hicimos algo malo. Pero, ¿cuántos delincuentes están libres? Y nosotros somos inocentes... es tristísimo pero pasaron cuatro años y todavía no hemos sido sobreseídos”, insiste.

“Alevosía de poder”
Habla, sigue hablando de su historia, pero en un momento se detiene, y vuelve sobre la causa penal que involucra a Herrera y a Alejandro Noguera, fiscal de la Cámara de Apelaciones, y que tramita en la Fiscalía de Diego López Ávila. “El Colegio de Abogados citó mi caso como ejemplificativo del proceder irregular de la Fiscalía X. Yo estoy aquí por eso, pero pido a la Policía Federal, porque la provincial me hizo iniquidades, que proteja mi vida y la de mi familia, y vuelvo a hacer responsable a las autoridades de lo que pueda ocurrirme. Dejo en claro que ni yo ni mis hijos queremos suicidarnos”, enfatiza con firmeza.

Y luego elabora una hipótesis sobre lo que está ocurriendo en el fuero penal de la provincia, donde una serie de denuncias han puesto a la Justicia a investigar a la Justicia. Teves manifiesta: “hay corrupción y ‘alevosía de poder’. Si el ministro Jiménez hizo lo que hizo y el gobernador lo sabía, debe ser porque se deben muchos favores entre sí. Tal vez yo no fui nada para ellos, pero ellos a mí me quitaron la dignidad y la libertad. Nadie se imagina lo que padecí: voy a luchar para recuperar lo que me robaron y lo que me deben, pero, sobre todo, quiero que la gente sepa lo que me pasó”.

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