“Tenía fascinación con el poder”

Escribió un sensacional texto sobre el escritor colombiano titulado “El poder de García Márquez”, publicado inicialmente en The New Yorker y luego en su libro El dictador, los demonios y otras crónicas. Con el tiempo, se hicieron amigos. Aquí habla sobre esa relación y también sobre las que el Nobel tuvo con líderes como Bill Clinton y Fidel Castro

12 Abr 2015

Por Alejandro Duchini - Para LA GACETA - Buenos Aires

-¿Recordás tu primer encuentro con Gabriel García Márquez?

-Por supuesto. Fue en la oficina de su agente, Carmen Balcells, en Barcelona; lo primero que me preguntó fue mi edad. Yo tenía 42 y él algo así como 73. Exclamó con deleite y grito a las mujeres que ahí trabajan: “¿Oyeron? ¡Tiene 42! Ay, lo que no daría para tener ese edad otra vez!”. Lo dijo de forma generosa, feliz, sin tristeza, y me hizo sentir que yo tenía algo más precioso inclusive que su Nobel. Era un ser generoso, afable y cálido. Hablamos varias horas y me invitó a su casa el día siguiente para continuar hablando, y así seguimos.

-¿Qué cosas te llamaron la atención o te sorprendieron después de haber compartido con él?

-Su sencillez. Era realmente muy desprendido y afectuoso en su forma de ser y eso lo hacía muy atractivo como personaje. Tenía curiosidad en uno también; hacía preguntas, y contaba chistes. Quería siempre que uno se sintiera bien en su presencia, y para lograrlo buscaba limar distancias entre ambos en todo momento.

-¿Qué gesto o detalle suyo te asombró?

-Su generosidad. Gabo se hizo casi cómplice de mi esfuerzo para perfilarlo, dándome sugerencias de amigos y familiares y también dándoles su visto bueno para que me atendieran. Eso simplemente no sucede normalmente en el periodismo. Creo que respondía por un lado a su forma de ser; por otro, a su temprana formación de periodista y su amor por la profesión.

-Escribiste en tu crónica “El poder de García Márquez” que había recibido críticas por volverse “adicto al poder”.

-Las críticas, claro está, eran más abundantes en torno a su amistad con Fidel Castro. Más bien esa misma gente no echaba en cara su amistad con Clinton ni Torrijos ni con toda una tanda de presidentes colombianos. Gabo me dijo que no era tanto su fascinación con el poder sino que los poderosos estaban fascinados con él, y había mucho de verdad en eso. Para ellos, Gabo era una especie de oráculo o sabio campechano y afectivo. Pero es también cierto que Gabo tenía interés y hasta fascinación con el poder y lo que había significado en su pueblo y su hemisferio: personajes literarios memorables de su creación, como el Coronel Aureliano Buendía, son resultados de esa fascinación. Más allá de eso, se dio cuenta de que su propia fama le dio la posibilidad de influenciar la opinión y a veces las decisiones de poderosos como Fidel, y cuando pudo él lo utilizó para ayudar a gente con problemas políticos; se sirvió también de interlocutor entre Clinton y Castro en un esfuerzo por crear distensión entre sus países.

-¿En qué te influyó, como ser humano por un lado y como periodista por otro, tu relación con García Márquez?

-Me influyó, y de buena manera, espero, su desprendimiento, y me entrelazó de forma permanente desde 1999 con una obra de su creación, la Fundación de Nuevo Periodismo, como maestro para una nueva generación de periodistas latinoamericanos. Da gusto compartir de esta manera algo del legado de Gabo.

-Cuando te hablan de él, ¿quién te viene primero: el García Márquez periodista o el escritor?

-No los puedo separar. En todo lo que realizaba Gabo era cuentista por instinto y lo hacía en el periodismo como en la ficción. Se nutría de la realidad, y de su aprendizaje como periodista, para ser buen novelista. Gabo era las dos cosas de manera indistinta. Por eso me viene todo, y él mismo, a la vez. Pero más que nada me viene el hombre, la persona, un ser muy querido.

-¿Qué le aportó García Márquez a la literatura?

-Cien años de soledad, ni más ni menos. Y la libertad de vivir y ver el mundo literariamente desde el trópico, desde la pobreza y el olvido, desde los sueños y el imaginario popular, desde la historias contadas por las viudas ancianas, los pescadores y los lustrabotas de los pueblos más remotos.

-¿Y a la historia colombiana?

-Gabo la consagró para siempre en su obra, elevando la historia colombiana al panteón clásico, donde la historia y la literatura se mezclan con mito, fábula y leyenda, y dura para siempre. Y también aportó Macondo.


(C) LA GACETA

PERFIL

Jon Lee Anderson nació en California, Estados Unidos, en 1957. Es considerado uno de los grandes cronistas de nuestro tiempo y el mayor corresponsal de guerra de la actualidad. Es periodista estrella de The New Yorker. Entre 1992 y 1995 vivió en Cuba para escribir Che Guevara: Una Vida Revolucionaria, una de las mejores biografías sobre Guevara. Obtuvo, entre otras distinciones, el Premio Moors Cabot. Es maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada por Gabriel García Márquez.

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