Un significativo aporte para la cultura tucumana

Imágenes de obras de Timoteo Navarro acompañadas de textos críticos

15 Feb 2015
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ARTE

TIMOTEO

DANIEL FERULLO

(Ferullo Burke - Tucumán) 

Luna. Misachico. Perros. Ranchos. Barro. Río. Basural. Suburbio. Pobrerío. Ocre. Añil. Gris. Caranchos. Barrilete. Pantanos. Nocturnos. Sinfonías. Historias. Charcos. Los pinceles agitan sueños, desvelos, sentimientos, sobre la tela de Timoteo Eduardo Navarro (1909-1965).

Pintor, docente, acordeonista, nadador, campeón de saltos ornamentales, mecánico, armador de radios, peluquero, bohemio, el artista nació en Tucumán. Pasó su infancia y adolescencia en Santa Fe, donde estudió dibujo y pintura con el maestro italiano Giovanni Cingolani. En 1931, obtuvo el primer premio en Pintura en el Salón Provincial de Bellas Artes de esa provincia. Regresó al pago natal en 1937. En 1950, Lino Spilimbergo lo convocó para enseñar en el naciente Departamento de Artes Plásticas de la UNT, junto a Pompeyo Audivert, Lajos Szalay, Medardo Pantoja, Lorenzo Domínguez, Lobo de la Vega, entre otros.

“Es justamente en las villas con precarias viviendas que se alzaban a la vera del río Salí, donde él encontró el motivo y sustento para crear un mundo deslumbrante plásticamente, pero que denuncia sin estridencias, sin gritos destemplados, sin discursos ideologizados y sin justificaciones teóricas (tan caras al arte de hoy) las condiciones de vida de sus pobladores”, afirma su discípulo y artista Raúl Ponce, quien recuerda una frase reveladora de su maestro: “hay que pintar con la misma naturalidad con que nos abrochamos el chaleco”.

“Sus empastes y texturas -usara el pincel o la espátula- son siempre vigorosos y ellos resaltan ambientes humildes. Espacios desolados, ajenos a todo costumbrismo”, dijo de su obra el crítico Romualdo Brughetti.

Los maestros de las artes plásticas de Tucumán merecían un homenaje como el que ha encarado el editor Daniel Ferullo. En este segundo libro -el primero fue sobre Aurelio Salas, de notable calidad- ha reunido más de 200 imágenes de pinturas, bocetos, dibujos y fotografías de Navarro, que datan de entre 1929 y 1965. La edición impecable cuenta con textos de Cristina Navarro, hija del pintor, Luis Debairosmoura y Raúl Ponce, discípulos; juicios críticos de Córdova Iturburu, Brughetti, Francisco Fernández y Ramón Alberto Pérez. Timoteo es, sin duda, un significativo aporte a la cultura de Tucumán. “Un artista es aquel capaz de ver bajo el agua sucia. Moriré, pero mi espíritu flotará en una tela”, decía don Timoteo para quien la pintura podía ser tal vez un charco, donde la vida se subleva.

© LA GACETA

Roberto Espinosa

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