Entre $ 600 y $ 1.200 cuesta prepararse para rendir una materia del secundario

Algunos profesores aseguran que la clave del éxito es el compromiso de los padres.

27 Ene 2015
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A esta altura hay dos percepciones sobre el tiempo. Uno: el tiempo apremia. Dos, vale oro.

El primer caso cuenta para los profesores particulares y los chicos que deben rendir una o varias materias. La segunda para los padres que ven cómo el presupuesto que podría ser utilizado para ir de vacaciones (o extenderlas) se va en profesores.

Comienza febrero, el mes de los exámenes. Y si a esta altura los chicos no han abierto la carpeta, han sacudido los libros y el programa de estudio, entonces, de verdad el tiempo apremia. En general, los profesores cobran por materia (igual que los ingresos para la Universidad). Los precios arrancan en $ 600 y pueden superar los $ 1.200. Para ver la materia completa recomiendan un mes antes del examen y las clases son tres o más veces por semana, una hora y media. También se puede pagar por clase, los precios van de $ 60 a $ 120, según la materia y el nivel (primario, secundario o universitario).

Si los padres tienen que pagar tres o más profesores el costo se va a las nubes. Esto genera que comiencen los tire y afloje con los docentes auxiliares porque -como explican los profesores- los padres quieren garantías de que su hijo va a aprobar. El problema es que en un mes no se pueden conseguir milagros.

Al profesor de Matemáticas, Guillermo Acuña, le gusta clasificar en dos a los tipos de alumnos que se le presentan para que los prepare en Matemáticas: los que tienen dudas puntuales respecto de algunos temas y los que parece que nunca cursaron la materia. “La mayoría son los del segundo grupo”, explica. Esto requiere un compromiso serio.

“¿Dónde están los padres?”, es la pregunta que se hace la docente de Lengua y Literatura, Cristina Castillo. Es que si a esta altura del año los chicos deben varias materias y no han mostrado interés en comenzar retomar los estudios, entonces, la culpa no es solo de ellos. “Yo les digo a los padres que no esperen; que los manden antes de los trimestrales. Pero me contestan que su hijo no quiere ir. ¡Ellos son los que tienen que decirles que lo hagan!”, opina.

El reloj corre y las clases arrancan el 2 de marzo, según informaron desde el Ministerio de Educación. Los exámenes son a partir de mediados de febrero.

LENGUA
“Preocupa que no entiendan las consignas”
El tema es simple, dice Cristina Castillo, ex docente de Lengua y Literatura y ahora profesora particular. “Si la consigna dice apellido y nombre, muchos ponen Luis Pérez. Al revés de lo que se pide”, ejemplifica. El problema más grave que ella nota en los chicos es la falta de lectura, de lectura real de libros. “Leen el chat o información corta en Internet, pero no la de papel”, comenta. Esto y el hecho de que en algunas escuelas el material de lectura que les dan es muy pobre les genera a los chicos un efecto de arrastre. “Llegan al secundario o a la Universidad y no saben interpretar un texto, entenderlo o responder una consigna correctamente y eso es grave”, insiste la docente.

Las claves: el apoyo familiar y no dejar que pase el tiempo
Cristina enseña Lengua, pero no hace milagros. “Yo les digo que los manden antes. Es como una persona que siente los síntomas, pero que recién va al médico cuando ya se enfermó”, compara. Para que las clases den resultado y los chicos aprueben es necesario que el círculo sea completo. “Yo pongo el conocimiento, el alumno su esfuerzo y los padres el dinero y además deben estar atentos al avance de sus hijos”, dice sin vueltas. Sin esto es imposible.

MATEMÁTICAS
“La mayoría parece que nunca cursó la materia”

Según el profesor de matemáticas, Guillermo Acuña, en febrero llegan los que tienen algunas dudas o que fallaron en temas puntuales y los que parece que nunca cursaron Matemáticas. En el segundo grupo se inscribe la mayoría. “Primero hago un diagnóstico para saber qué es lo que saben y luego evalúo el tiempo que se necesita para preparar toda la materia”, comenta. La tarifa puede variar, pero en general cobra $ 80 la clase de una hora y cuarto, y $1.300 la materia completa.

“Si el chico tienen buena receptividad, entonces, con clases individuales de una hora y cuarto varias veces por semana puede aprender”, explica. No hay reglas, pero si el adolescente va de lunes a viernes durante 20 días (mínimo) las chances de aprobar son mayores.

De nada valen los apuros
Lo ideal es tratar de “salvar” la materia en diciembre, rindiendo solo el trimestre desaprobado. Si eso no se puede, entonces, Acuña aconseja que se comience a preparar la asignatura con tiempo en enero. “Me ha pasado que hubo padres que me llamaron un domingo a la noche para preguntarme si podía verlo a su hijo porque rendía ese mismo lunes o en la semana”, cuenta. En ese caso el NO es rotundo. “Eso significa que no le dan importancia al tema”.

INGLÉS
“La conjugación de los verbos es lo más difícil para los chicos”

Viviana Jalil-Zakkour hace la siguiente comparación: “Si te cuesta entender en tu propio idioma, imaginate si lo tenés que hacer en uno desconocido”. Los niveles de inglés varían mucho de un colegio a otro. Le ha tocado alumnos -cuenta- que pese a que tienen una gran carga horaria de inglés lo que saben es muy poco. “Lo más grave es tener que enseñarles en un mes la materia que ellos deberían haber aprendido en nueve meses”. Ese es un reto para el joven y para la profesora. Por lo general, el tiempo que pueden dedicarle es my poco, ya que la mayoría tiene además de inglés otras asignaturas para rendir. “Yo hablo con ellos, los escucho y ahí me voy dando cuenta el nivel de exigencia que tienen. Si veo que no va a llegar prefiero ser sincera con los padres y decirles que si ellos quieren invertir, entonces, es elección suya”, dice.

Les cuesta ponerse en el modo “estudio” en esta época del año
Aunque la fecha de exámenes se aproxime, muchas veces, a Viviana le ha tocado lidiar con los pedidos de los chicos. “Teacher hace calor”, “teacher veamos esto mañana”. Los chicos están divididos entre la responsabilidad que significa aprobar la asignatura y el tiempo de vacaciones que los tienta a querer salir, disfrutar y olvidarse de lo pendiente.

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