Identificá qué te motiva a comer y aprendé a regular tu apetito

La comida no entra sólo por los ojos. También lo hace por el olfato, por las emociones, por los recuerdos, etcétera. La doctora Chozen Bays, de Harvard, clasificó siete tipos de hambre. Aquí te decimos cuáles son y cómo controlarlos.

26 Ene 2015 Por Mirta Isabel Lazzaroni
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Seguro que has escuchado la frase “la comida entra por los ojos”, consigna que ha convertido la presentación de los platos en un verdadero arte. Sin embargo, la comida también puede entrar por la nariz, por la mente, por el corazón... ¿Cómo es eso? En su libro “Comer consciente: una guía para redescubrir una relación sana y alegre con los alimentos”, la doctora de Harvard Jan Chozen Bays identifica siete tipos de hambre. Esto es muy importante a la hora de encarar una dieta o un modo de alimentación que te permita bajar de peso, ya que si identificás que es lo que te motiva a comer, podés controlar mejor el apetito.

Sobre este tema hablamos con la licenciada en nutrición Eliana Puertas. “Una manera efectiva para lograr una buena alimentación sería darnos un espacio de tiempo para ser conscientes en la utilización de nuestros sentidos y de los diferentes tipos de hambre por los que pasa un individuo a la hora de elegir o preparar sus alimentos. De esta forma lograríamos un beneficio importante a la hora de ingerir un alimento, porque se controlaría la cantidad, calidad y armonía, como también la forma de comer, por ejemplo, la masticación, como bien hace referencia la doctoran Chozen Bays”, afirma la nutricionista tucumana.

“Los aromas y el sabor -observa la licenciada Puertas- nos transportan a situaciones o momentos, que nos motivan en la preparación de la comida, o pueden cambiar nuestro estado de ánimo. Asimismo, masticar, saborear y mantener por un tiempo prolongado el alimento en la boca provoca un cierto grado de saciedad”.

La especialista subraya que, a su criterio, sería conveniente agregar el sentido auditivo. “Imaginemos una sala de cine -describe-, ya las luces apagadas, y en la fila de atrás comienza un ruido característico de la bolsa llena de pochoclos; seguramente empezaré a segregar saliva, es decir quiero y deseo comprar esa bolsita…”

“Todos estos tipos de hambres, se conjugan entre sí. ya que utilizamos todo el cuerpo a la hora de comer. Y no es necesario que sea un plato elaborado para que esto funciona; pasa hasta con un simple alfajor”, resalta.

“Debemos escuchar nuestro interior, reflexionar, registrar y ser conscientes a la hora de realizar el acto de comer; con esto lograríamos tener una alimentación saludable”, advierte Puertas.

La propuesta, entonces, es que te observes y descubras cuál es el hambre que a vos te domina y te puede llevar a engordar sin que lo quieras o, lo que es peor, a alimentarte mal. Y luego, que tengas en cuenta las recomendaciones para controlarlo.

Hambre del corazón

Es el tipo de hambre que se siente ante un vacío sentimental, que conduce a buscar en la comida la compensación por ese vacío a fin de sentirse reconfortado. Se caracteriza porque nace y crece de repente; se registra por encima del cuello, no en el estómago; exige que comas ya, y no desaparece cuando estás lleno.

Trucos de control 

Investigá tus emociones y buscá el mejor modo de manejarlas. Hacete preguntas que te lleven a identificar el verdadero motivo de tu deseo de “escapar” comiendo. Por ejemplo: ¿Necesito un abrazo? ¿Necesito un amigo? ¿Tengo problemas en el trabajo?

Hambre de olfato

El aroma de los alimentos nos tienta. Nos pasa con el olor del pan recién horneado, del café recién hecho o del pochoclo o praliné. 

Trucos de control 

Así como te tienta para comer, el sentido del olfato -según diversas investigaciones- también tiene capacidad para generar saciedad. Sentí el aroma de la comida antes de empezar a comer. Además, prepará ensaladas y otras comidas livianas con condimentos que les den un buen aroma.

Hambre de boca

Es el tipo de hambre que experimentan quienes tienen la “necesidad” de probar constantemente nuevos sabores y texturas. 

Trucos de control

Prepará platos que contengan diferentes texturas. Por ejemplo: zanahorias crudas y frías junto con un puré de calabaza caliente y cremoso, con una tostada crujiente. Comé lentamente, saboreando cada bocado o cada sorbo, y concentrándote en el gusto de la comida o bebida, sin distracciones.  

Comer por los ojos 

Este tipo de hambre nos hace comer, incluso cuando estamos llenos, si vemos la imagen de un postre o de una jugosa hamburguesa; o tomarnos una gaseosa si miramos la publicidad de esa bebida. Según la doctora Chozen Bays, “la vista es muy potente a la hora de influir en el comportamiento alimentario e incluso puede anular todas las demás señales de saciedad”. 

Trucos para controlarlo  

No tengás alimentos a la vista; guardá los más tentadores en la parte posterior de la alacena, usá platos pequeños para servirte la comida, entre otras estrategias para no tentarte.

Hambre de mente

Pensamientos como “tengo que comer menos azúcar”, “debo cocinar con menos grasa”, “desayuno el doble porque tal vez no tenga tiempo de almorzar” o “después de este día tan estresante, me merezco un pedazo de chocolate” son algunos ejemplos de este tipo de hambre. La doctora Bays destaca: “cuando comemos en base a los pensamientos, nuestra alimentación se basa por lo general en la preocupación”.

Trucos de control 

En primer lugar, técnicas de meditación pueden ayudarte a reeducar tu mente en relación con la comida. Y, además, si elegís qué comer en función de lo que dice tu mente, observá el alimento y pensá por qué lo has escogido realmente. 

Hambre celular

Responde a uno de los instintos más primarios: la supervivencia. Es la necesidad orgánica de ciertos nutrientes que se refleja en las ganas de comer alimentos concretos: chocolate, zanahorias, almendras, por ejemplo.

Trucos de control

Organizá tu menú semanal de manera que incorporés, tanto en los desayunos y meriendas como en los almuerzos y cenas, todos los nutrientes que tu organismo requiere.

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