Pastos que crecen sin control en lugares públicos como parques, plazas, plazoletas, platabandas o en establecimientos que en esta época del año no registran actividad -como las escuelas-, tanto en nuestra ciudad como en poblaciones del interior, levantan y muestran por estos días del año un paisaje de lamentable descuido.
Extraña y alarma sobremanera que las distintas jurisdicciones del Estado -municipios, administración provincial, comunas- no hayan puesto en marcha -cada área por su lado o bien de manera coordinada- un plan de respuesta adecuada para enfrentar esta contingencia propia de la época del verano, cuando la lluvia y las altas temperaturas potencian el crecimiento de los pastizales.
Habría que recordar que esta situación se presenta casi todos los años, para la misma época de una manera bastante repetida, por lo que a estas alturas ya no se trataría entonces de un olvido y distracción de autoridades, reparticiones y funcionarios para enfrentar situaciones de excepcionales, sino más bien de casos de flagrante negligencia en la prestación de servicio de las distintas administraciones.
Frente a una naturaleza y un ecosistema proclive al desarrollo explosivo de vegetación y césped, ¿ninguna repartición pública ha programado una limpieza de contingencia o unos operativos de urgencia frente al crecimiento de los pastizales? o, mejor dicho, ¿no corresponderían actuaciones debidamente planificadas y ejecutadas para los distintos meses del año, pero preferentemente en los meses estivales con la idea de controlar o recortar el crecimiento desmedido de esas malezas y matorrales?
¿En que lugar del olvido y la postergación, habrá quedado esa convicción atesorada por generaciones de comprovincianos de que Tucumán es el Jardín de la República? Hubo un tiempo en el que la imagen y la percepción general de nuestra provincia se conectaba directamente con la armonía que brindaba esta geografía, las bellezas naturales del territorio y los parques y las calles -especialmente de San Miguel de Tucumán- cuidados con preocupación y esmero y habitualmente cubiertos de flores y azahares.
Da la impresión de que esa época ha quedado demasiado atrás, quizás en un lejano lugar del olvido, en razón de que el desaliño y la desidia que campea hoy parecen haberse impuesto dentro de las gestiones públicas, a tal punto que prácticamente no se atiende una de las elementales necesidades básicas urbanas. Continuamente llegan a la Redacción de LA GACETA denuncias de vecinos y quejas sociales respecto del virtual estado de desatención y abandono de lugares públicos, que en gran medida, han sido previstos y desarrollados como espacios comunitarios y de integración.
Espacios en los que se invirtieron importantes sumas de dinero, horas de trabajo y buenas intenciones urbanísticas debieran tener una política precisa de mantenimiento. Pero habría otra verdad y es la que señala las responsabilidades comunitarias, el compromiso de los vecinos con su entorno: ya para advertir el desinterés de una gestión o para impulsar acciones que sensibilicen y quiten la modorra de los servidores públicos. Aunque los compromisos son distintos -obviamente, las autoridades tienen una obligación insustituible- la limpieza y el cuidado de nuestro ambiente también es responsabilidad de toda la sociedad.
Extraña y alarma sobremanera que las distintas jurisdicciones del Estado -municipios, administración provincial, comunas- no hayan puesto en marcha -cada área por su lado o bien de manera coordinada- un plan de respuesta adecuada para enfrentar esta contingencia propia de la época del verano, cuando la lluvia y las altas temperaturas potencian el crecimiento de los pastizales.
Habría que recordar que esta situación se presenta casi todos los años, para la misma época de una manera bastante repetida, por lo que a estas alturas ya no se trataría entonces de un olvido y distracción de autoridades, reparticiones y funcionarios para enfrentar situaciones de excepcionales, sino más bien de casos de flagrante negligencia en la prestación de servicio de las distintas administraciones.
Frente a una naturaleza y un ecosistema proclive al desarrollo explosivo de vegetación y césped, ¿ninguna repartición pública ha programado una limpieza de contingencia o unos operativos de urgencia frente al crecimiento de los pastizales? o, mejor dicho, ¿no corresponderían actuaciones debidamente planificadas y ejecutadas para los distintos meses del año, pero preferentemente en los meses estivales con la idea de controlar o recortar el crecimiento desmedido de esas malezas y matorrales?
¿En que lugar del olvido y la postergación, habrá quedado esa convicción atesorada por generaciones de comprovincianos de que Tucumán es el Jardín de la República? Hubo un tiempo en el que la imagen y la percepción general de nuestra provincia se conectaba directamente con la armonía que brindaba esta geografía, las bellezas naturales del territorio y los parques y las calles -especialmente de San Miguel de Tucumán- cuidados con preocupación y esmero y habitualmente cubiertos de flores y azahares.
Da la impresión de que esa época ha quedado demasiado atrás, quizás en un lejano lugar del olvido, en razón de que el desaliño y la desidia que campea hoy parecen haberse impuesto dentro de las gestiones públicas, a tal punto que prácticamente no se atiende una de las elementales necesidades básicas urbanas. Continuamente llegan a la Redacción de LA GACETA denuncias de vecinos y quejas sociales respecto del virtual estado de desatención y abandono de lugares públicos, que en gran medida, han sido previstos y desarrollados como espacios comunitarios y de integración.
Espacios en los que se invirtieron importantes sumas de dinero, horas de trabajo y buenas intenciones urbanísticas debieran tener una política precisa de mantenimiento. Pero habría otra verdad y es la que señala las responsabilidades comunitarias, el compromiso de los vecinos con su entorno: ya para advertir el desinterés de una gestión o para impulsar acciones que sensibilicen y quiten la modorra de los servidores públicos. Aunque los compromisos son distintos -obviamente, las autoridades tienen una obligación insustituible- la limpieza y el cuidado de nuestro ambiente también es responsabilidad de toda la sociedad.








