Un episodio fortuito es aquel que sucede inesperadamente, es decir que no puede prevenirse. Por esa razón, se afirma que es incorrecto hablar de un accidente, cuando este sucede por causas que pueden anticiparse y no espontáneamente. Cuando se aproximan las vacaciones, muchas provincias planean con anticipación la bienvenida que se les dará a los visitantes. Se comienza generalmente por reacondicionar las rutas y los caminos que conducen a los lugares que se promocionan y a los que acude una gran cantidad de gente. Se limpian con esmero todos los accesos y luego la higiene se mantiene.
Históricamente, el receso de invierno fue la temporada turística por excelencia de Tucumán. Durante el verano, nuestros valles calchaquíes fueron ganando mayor protagonismo. El Mollar, Tafí, Amaicha, Colalao del Valle comenzaron a atraer también turistas que suelen hacer parte o todo este circuito para dirigirse luego a Cafayate.
Las Ruinas de Quilmes constituyen uno de los grandes atractivos arqueológicos y se llega allí a través de la ruta nacional N° 40. Luego se llega a El Bañado y a diez kilómetros aproximadamente se halla Colalao. En la siesta del domingo que pasó, crecieron los arroyos y badenes que atraviesan esa ruta, entre Quilmes y Colalao y no se pudo circular por la zona durante dos horas. Como consecuencia del percance, se formaron largas colas de vehículos -la mayoría de turistas- mientras las motoniveladoras de la Dirección Nacional de Vialidad (DNV) despejaban la calzada, una vez que bajó el nivel del agua. La responsable regional de la División Conservación de la DNV dijo que había llovido en gran cantidad en la alta montaña, por lo que los lechos se colmaron rápidamente. “Lo peligroso es que los caudales bajan con fuerza y arrastran piedras, arena, troncos y barro”, dijo y señaló que es normal que esto ocurra en este período del año. “Nuestra recomendación es estar atentos al pronóstico del tiempo y a los partes que emiten la Policía y la DNV. Si llueve, lo mejor es quedarse en las poblaciones cercanas y no aventurarse a circular porque puede ser muy peligroso”, afirmó.
Si es común que esto suceda todos los veranos se debería prever estos episodios de la naturaleza construyendo, por ejemplo, puentes sobre los arroyos y badenes o buscar algún otro tipo de solución ingenieril. Incluso cuando no hay crecida y estos cauces están con agua, generan dificultad a los vehículos con chasis poco elevados para atravesarlos que a veces quedan atascados.
Es real que Vialidad Nacional se debe ocupar del mantenimiento de la ruta N° 40, y si este organismo no estuviese en condiciones de afrontar sus obligaciones en este tramo, podría tener la colaboración de Vialidad Provincial porque es un tramo muy importante para Tucumán por el turismo que se genera en Quilmes, Colalao y El Pichao que se halla a unos ocho kilómetros de esta última población, donde se halla una reserva arqueológica importante que conserva los vestigios de la cultura Cóndor Huasi. Como se recordará pasaron varios años para que se construyera el puente sobre el río Managua para poder acceder a El Pichao.
Quizás la próxima administración diseñe y ponga en marcha una política de Estado en materia turística para que, de una vez por todas, la industria sin chimeneas se convierta finalmente en un motor de Tucumán.
Históricamente, el receso de invierno fue la temporada turística por excelencia de Tucumán. Durante el verano, nuestros valles calchaquíes fueron ganando mayor protagonismo. El Mollar, Tafí, Amaicha, Colalao del Valle comenzaron a atraer también turistas que suelen hacer parte o todo este circuito para dirigirse luego a Cafayate.
Las Ruinas de Quilmes constituyen uno de los grandes atractivos arqueológicos y se llega allí a través de la ruta nacional N° 40. Luego se llega a El Bañado y a diez kilómetros aproximadamente se halla Colalao. En la siesta del domingo que pasó, crecieron los arroyos y badenes que atraviesan esa ruta, entre Quilmes y Colalao y no se pudo circular por la zona durante dos horas. Como consecuencia del percance, se formaron largas colas de vehículos -la mayoría de turistas- mientras las motoniveladoras de la Dirección Nacional de Vialidad (DNV) despejaban la calzada, una vez que bajó el nivel del agua. La responsable regional de la División Conservación de la DNV dijo que había llovido en gran cantidad en la alta montaña, por lo que los lechos se colmaron rápidamente. “Lo peligroso es que los caudales bajan con fuerza y arrastran piedras, arena, troncos y barro”, dijo y señaló que es normal que esto ocurra en este período del año. “Nuestra recomendación es estar atentos al pronóstico del tiempo y a los partes que emiten la Policía y la DNV. Si llueve, lo mejor es quedarse en las poblaciones cercanas y no aventurarse a circular porque puede ser muy peligroso”, afirmó.
Si es común que esto suceda todos los veranos se debería prever estos episodios de la naturaleza construyendo, por ejemplo, puentes sobre los arroyos y badenes o buscar algún otro tipo de solución ingenieril. Incluso cuando no hay crecida y estos cauces están con agua, generan dificultad a los vehículos con chasis poco elevados para atravesarlos que a veces quedan atascados.
Es real que Vialidad Nacional se debe ocupar del mantenimiento de la ruta N° 40, y si este organismo no estuviese en condiciones de afrontar sus obligaciones en este tramo, podría tener la colaboración de Vialidad Provincial porque es un tramo muy importante para Tucumán por el turismo que se genera en Quilmes, Colalao y El Pichao que se halla a unos ocho kilómetros de esta última población, donde se halla una reserva arqueológica importante que conserva los vestigios de la cultura Cóndor Huasi. Como se recordará pasaron varios años para que se construyera el puente sobre el río Managua para poder acceder a El Pichao.
Quizás la próxima administración diseñe y ponga en marcha una política de Estado en materia turística para que, de una vez por todas, la industria sin chimeneas se convierta finalmente en un motor de Tucumán.
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