27 Diciembre 2003 Seguir en 
El teatro Alberdi -creado en 1912- será ampliado el próximo año. Para ello, la Universidad Nacional de Tucumán adquirirá la propiedad vecina sobre calle Crisóstomo Alvarez (la escritura se firmará en enero), a las familias Varela Otonello de Domínguez y Varela Ottonello de Posse, quienes firmaron ayer el boleto de compraventa.
A lo largo de las décadas el teatro sufrió diversas modificaciones -siempre dentro de su propio terreno-, lo que hizo que por largos períodos permaneciera cerrado. La principal remodelación se inauguró en 1989 -durante la gestión del rector Rodolfo Campero-; se extendió durante más de 10 años y los trabajos estuvieron a cargo del arquitecto Jorge de Lassaletta. El edificio había sido clausurado en 1974. La última obra había sido "El hombre de la Mancha", con la dirección de Boyce Díaz Ulloque.
Hacia 1978 se inició la remodelación, que concluyó en 1989. En un principio la entrada principal se concretaba por la misma esquina, lo que posteriormente se modificó. Cuando se reabrió el teatro, el 25 de mayo de 1989, disponía de una capacidad para 796 personas, la que conserva por estos días en su sala mayor. Una de las ventajas que se mencionó en su momento fue la de haber previsto el acceso para discapacitados. Incluso, se había anticipado que se iba a instalar un ascensor especial, algo que no ocurrió finalmente, aunque figuraba en el proyecto de Lassaletta.
Durante la dirección de Ricardo Salim se creó la Sala de Cámara, con una capacidad para 80 personas, ubicada justo en el sector sobre la esquina de Crisóstomo Alvarez y Jujuy. Ese año, 1999, también se hicieron diferentes refacciones para el sector administrativo, ubicado en el primer piso. Igualmente, se restauraron el telón y las butacas y se destapó el foso; y en el foyer se hicieron previsiones para el funcionamiento de talleres.Otra modificación llegó de la mano de Carlos Alsina. Y se concretó este año, cuando se abrió la Sala Sótano (sobre Jujuy, de reducidas dimensiones) para albergar a un público de alrededor de 80 personas.
De este modo, el coliseo, que es la sede natural de las orquestas Sinfónica y Juvenil de la UNT y del Coro Universitario cuenta en la actualidad con tres salas, orientadas a distintos tipos de espectáculos, puesto que la Sótano, por ejemplo, fue creada para expresiones alternativas.
El secretario de Extensión de la UNT, Diego Lecuona, le dijo a LA GACETA que el proyecto inmediato es destinar el nuevo espacio al ingreso y egreso de la gente, que sirva al desplazamiento; al movimiento de carga y descarga del escenario; a los ensayos de orquesta y, en un futuro mediato, a crear un bar temático y un lobby.
La propiedad que se adquirirá es tan larga como el mismo teatro, pero menos ancha.
A lo largo de las décadas el teatro sufrió diversas modificaciones -siempre dentro de su propio terreno-, lo que hizo que por largos períodos permaneciera cerrado. La principal remodelación se inauguró en 1989 -durante la gestión del rector Rodolfo Campero-; se extendió durante más de 10 años y los trabajos estuvieron a cargo del arquitecto Jorge de Lassaletta. El edificio había sido clausurado en 1974. La última obra había sido "El hombre de la Mancha", con la dirección de Boyce Díaz Ulloque.
Hacia 1978 se inició la remodelación, que concluyó en 1989. En un principio la entrada principal se concretaba por la misma esquina, lo que posteriormente se modificó. Cuando se reabrió el teatro, el 25 de mayo de 1989, disponía de una capacidad para 796 personas, la que conserva por estos días en su sala mayor. Una de las ventajas que se mencionó en su momento fue la de haber previsto el acceso para discapacitados. Incluso, se había anticipado que se iba a instalar un ascensor especial, algo que no ocurrió finalmente, aunque figuraba en el proyecto de Lassaletta.
Durante la dirección de Ricardo Salim se creó la Sala de Cámara, con una capacidad para 80 personas, ubicada justo en el sector sobre la esquina de Crisóstomo Alvarez y Jujuy. Ese año, 1999, también se hicieron diferentes refacciones para el sector administrativo, ubicado en el primer piso. Igualmente, se restauraron el telón y las butacas y se destapó el foso; y en el foyer se hicieron previsiones para el funcionamiento de talleres.Otra modificación llegó de la mano de Carlos Alsina. Y se concretó este año, cuando se abrió la Sala Sótano (sobre Jujuy, de reducidas dimensiones) para albergar a un público de alrededor de 80 personas.
De este modo, el coliseo, que es la sede natural de las orquestas Sinfónica y Juvenil de la UNT y del Coro Universitario cuenta en la actualidad con tres salas, orientadas a distintos tipos de espectáculos, puesto que la Sótano, por ejemplo, fue creada para expresiones alternativas.
El secretario de Extensión de la UNT, Diego Lecuona, le dijo a LA GACETA que el proyecto inmediato es destinar el nuevo espacio al ingreso y egreso de la gente, que sirva al desplazamiento; al movimiento de carga y descarga del escenario; a los ensayos de orquesta y, en un futuro mediato, a crear un bar temático y un lobby.
La propiedad que se adquirirá es tan larga como el mismo teatro, pero menos ancha.







