Hugh Grant

El actor que saltó a la fama con "Cuatro bodas y un funeral" quiere escapar de su imagen de soltero empedernido. En su última película, "Realmente amor", intenta mostrar una nueva faceta.

28 Diciembre 2003
Se cortó el pelo y está más atractivo que nunca. "Encontré un peluquero excelente que me hace ver masculino y heterosexual", señala con humor Hugh Grant, el actor inglés de la sonrisa llena de arrugas, ojos azules y gestos inseguros. "Si me miran bien tengo rasgos de mujer golfista furibunda", dijo recientemente. Es un inglés grande que cumplió 43 años, pero parece de 20. El mismo que en sus papeles siempre sufría de amor, como cuando se obsesionó con Andie McDowell en "Cuatro bodas y un funeral" (1994) y se enamoró de una estrella inalcanzable como Julia Roberts en "Notting Hill" (1999). Pero este actor no sólo cambió de look. Tras terminar una prolongada y conflictiva relación sentimental con la bella modelo Liz Hurley después de 13 años y luego del escándalo sexual con la prostituta Divine Brown en 1994, el inglés se renovó. De ingenuo enamorado y tartamudo pasó a soltero oscuro en películas como "El diario de Bridget Jones" donde es el jefe que seduce a Renee Zellweeger y en su reciente "Realmente amor" (que acaba de estrenarse en Tucumán) es un primer ministro solterón que siente una extraña atracción por una de sus empleadas. "Grant está en la medida de sí mismo", dijo la crítica internacional sobre este británico que evita convertirse en una caricatura del soltero empedernido y alcanza una precisión y una madurez muy superiores a toda su obra anterior. Ante todos estos elogios este licenciado en Literatura de Oxford responde: "Desde que pasé la barrera de los 40 no me interesa tanto ese tipo de vida".
Aunque no es un hombre de dramas, uno de sus primeros papeles en el cine fue para Roman Polanski y su "Perversa luna de hiel" (1992). Siguió haciendo roles secundarios en dramas de época como "Lo que queda del día" (1993) y "Sensatez y sentimientos" (1995), hasta que "Cuatro bodas y un funeral", que había hecho un año antes, lo clasificó como, la promesa de la comedia inglesa. Una promesa que hoy es ya una realidad.

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