El anotador, la birome y la taquigrafía. Dos accesorios y un lenguaje de símbolos para estampar en el papel las declaraciones. La cobertura del debut, el carnet y el primer artículo sin firma; publicado en tipografía cuerpo 9 (después 10). Los autores lo leían una y mil veces. El original se redactaba en papel cortado en un símil del actual A-4. Este se obtenía del sobrante de las bobinas de papel que se utilizaban para imprimir el diario.

Diagramaba el jefe en una hoja con cuadrículas y ocho columnas. El texto iba a corrección de pruebas y luego al linotipista. Por entonces se componía en plomo. El título se remitía por aparte. El copete y la leyenda también. Así eran los diarios sábanas en los 60 y 70. Después llegó el offset (composición en frío). Aparecieron las primeras IBM con los dactilógrafos.

El plomo se transformó en recuerdo. No obstante ello, las máquinas de escribir permanecían en las redacciones. Las Remington, las Royal y las Olivetti con carcaza abundaban. Eran el símbolo de quienes ejercían el periodismo escrito en esos tiempos.

Hasta que a fines de los 80 la PC irrumpió en las redacciones. Era la pionera de la revolución informática que comenzaba a transformar la manera de hacer periodismo y de presentar las noticias. Pero recién cuando trascendió que, en la India, se había cerrado la última fábrica de máquinas de escribir los escribas “tragatintas” asumieron el cambio en toda su dimensión.

Otro día Steve Jobs presentó el i-Cloud de Apple, donde los contenidos se almacenan en la denominada “nube”. Además, desde ese día ya no fue necesaria la sincronización con el ordenador.

El telex -sucesor de la teletipo-, y más tarde el fax, fueron las herramientas para la comunicación externa. Todo quedaba archivado en sobres y en cajas de cartón, numeradas y fechadas. El espacio físico necesario para almacenar tanta documentación era brutal. Había que habilitar sótanos y otras dependencias para que todo estuviera a buen resguardo.

Las herramientas tecnológicas evolucionaron y siguen haciéndolo. Pero también cambió la comunicación entre las personas. Los medios informáticos transformaron no sólo nuestra manera de comunicarnos, sino que potenciaron exponencialmente nuestro ámbito de relación con los demás. No hay dudas.

Pero, quienes alguna vez escribieron con el método Pitman (60 palabras por minuto) o aporrearon con una mano o hasta con un dedo, una máquina de escribir, todavía escuchan el repiquetear de las teclas, de una época en que la portátil era la netbook de los escribas.

Al fin de cuentas, sólo es un poco de nostalgia de “tragatinta”.

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