El vice que presidió tres años el país

Tras haber sido gobernador de Tucumán y senador nacional, Marcos Paz acompañó a Bartolomé Mitre en la vicepresidencia. Lo reemplazaría largamente por la Guerra del Paraguay.

SAN MARTÍN AL 400. Así se veía esa cuadra hacia la época en que Marcos Paz gobernó Tucumán, según una fotografía de Ángel Paganelli. Al fondo, la vieja fachada de San Francisco la gaceta / fotos de archivo SAN MARTÍN AL 400. Así se veía esa cuadra hacia la época en que Marcos Paz gobernó Tucumán, según una fotografía de Ángel Paganelli. Al fondo, la vieja fachada de San Francisco la gaceta / fotos de archivo
15 Noviembre 2014
Sabemos que dos ilustres tucumanos, Nicolás Avellaneda y Julio Argentino Roca, desempeñaron la presidencia de la República. Pero a la lista es justo agregar un tercero, no menos ilustre: el coronel-doctor Marcos Paz. Era vicepresidente, pero ejerció la primera magistratura durante tres años, mientras el presidente Bartolomé Mitre permanecía en el frente de la Guerra del Paraguay.

Había nacido en Tucumán el 7 de octubre de 1811, hijo del abogado Juan Bautista Paz y de una porteña, doña Plácida Mariño. Una de sus hermanas, Agustina Paz, fue la madre de Julio Argentino Roca.

Cursó las primeras letras en su ciudad y pasó a estudiar a Buenos Aires. En 1834, la Universidad lo saludó doctor en Jurisprudencia, con la tesis “La pena de muerte”. Regresó entonces a Tucumán. Fue secretario de la Sala de Representantes, y con grado de capitán acompañó al general Alejandro Heredia en su campaña a Catamarca. Se desempeñó luego como Defensor de Pobres y Menores.

Ministro y militar

El gobernador de Salta, Felipe Heredia, lo designó ministro de su administración. Tuvo un buen desempeño. Fundó escuelas, a las que impuso un minucioso reglamento; restableció la Sociedad Protectora de la Educación Pública y dejó instalada la Sociedad de Beneficencia.

Poco después, la Confederación Argentina declaró la guerra a Bolivia. En esa campaña, con grado de teniente coronel, Paz mandó el cuerpo de Granaderos de Santa Bárbara y participó en la invasión de la vanguardia a Tarija. Pero luego optó por volverse a Buenos Aires, para cursar la Academia de Jurisprudencia y quedar habilitado como abogado, estudios que concluyó en 1839.

Dos años más tarde, Paz se casó con doña Micaela Cascallares Chaves. Su suegro tenía grandes propiedades en Lobos, y apoyó al yerno en las tareas rurales a las que se dedicó. Logró en ellas una buena posición. Tanto, que pudo adquirir tierras al sur de Santa Fe, donde formó una estancia que denominó “La Tucumana”.

Comisionado y senador

Fueron pasando los años. Durante más de una década, alternó aquellas faenas con la comandancia del regimiento 8 de Guardias Nacionales, que luchaba contra los malones. Se sucedieron la batalla de Caseros y el sitio de Buenos Aires. Esto último lo hizo volver a la acción, como secretario del sitiador Hilario Lagos.

Entretanto, en su Tucumán natal, se planteaba el conflicto entre el gobernador federal Celedonio Gutiérrez y los liberales José María del Campo y Antonino Taboada. El gobierno de la Confederación nombró comisionados a Paz y Benjamín Lavaisse para solucionar el caso: sería la primera intervención federal dispuesta después de la Constitución de 1853. Luego de tensas alternativas, los comisionados fallaron a favor de los liberales, quienes terminaron derrotando a Gutiérrez en la batalla de Los Laureles.

Su provincia designó a Paz senador al Congreso de la Confederación, que sesionaba en Paraná. Tuvo gran actuación en los debates sobre moneda, en la ley de derechos diferenciales, en la cuestión del Patronato, en la concesión del ferrocarril de Rosario a Córdoba, para citar sólo algunos temas.

Todo un carácter

En sus recuerdos de esa época, Vicente Quesada retrata a Paz. Dice que “su palabra tenía algo que la asemejaba a las órdenes militares: era como si se tratase de mandatos fuera de toda controversia”. En lo físico, “era muy elegante en su traje, vestía frac y lo llevaba bien. Su bigote era grande, su calvicie completa, la tez blanca y la mirada autoritaria”.

Tenía un claro concepto del sistema que requería el país. Expresó, en uno de los debates sobre organización militar, que “el sistema federal que hemos adoptado, es a veces mal comprendido. Acostumbrados a dar este nombre a la dislocación en que hemos vivido por tantos años, se cree que debemos continuar en ese desorden, arrogándose los poderes provinciales una autoridad sin límites, que conduce a la disolución de la Nación”.

Gobernador de Tucumán

En 1858 fue elegido gobernador de Tucumán. Se trasladó entonces a su provincia, llevando a la esposa y los hijos. La fundación de la primera biblioteca pública; la creación de la Sociedad de Beneficencia, del Hospital de Hombres y de la Oficina Topográfica; el censo general de población; las leyes que dispusieron construir el teatro y la cárcel; la creación de las plazas Belgrano y Constitución (luego La Madrid) y del Cementerio del Oeste, etcétera, fueron algunos logros de su gobierno.

Al término de la gestión, el 17 de mayo de 1860, la Sala sancionó una manifestación que acordaba “al coronel don Marcos Paz, un voto de gracias por los importantes servicios prestados a la Provincia en el período de su administración”. Las comunidades extranjeras le tributaron un gran homenaje. En su discurso, Amadeo Jacques llamó a Paz “el administrador íntegro, el magistrado bondadoso y severo juntamente, el protector ilustre de todos los intereses respetables, el amigo de las luces y el progreso”.

Preso en Córdoba

Entregó el gobierno al doctor Salustiano Zavalía y regresó a su estancia. Pero la política volvió a convocarlo. En los comicios de 1860, cuando fue elegido presidente el doctor Santiago Derqui, logró Paz 49 votos para vicepresidente, contra los 45 del general Juan Esteban Pedernera. Como ninguno tenía mayoría absoluta, correspondió al Congreso en asamblea definir al ganador. En esa votación, triunfó Pedernera.

Entonces, Paz volvió ser elegido senador. La batalla de Cepeda y el pacto posterior, no habían calmado el conflicto entre Buenos Aires y la Confederación. El gobernador porteño Bartolomé Mitre comisionó a Paz para entrevistarse con Derqui –quien se había trasladado a Córdoba- y entregarle una carta donde lo hacía responsable por los sucesos que podían sobrevenir. Pero Derqui hizo arrestar a Paz ni bien pisó territorio cordobés. Fue encerrado en un calabozo allí, y luego llevado a Paraná. Se lo mantuvo prisionero, entre graves privaciones, hasta después del triunfo de Mitre en Pavón.

El vicepresidente

Excediendo sus atribuciones, el derrotado Justo José de Urquiza tuvo el gesto de ponerlo en libertad. Meses después, Paz partió a Córdoba y al Norte, comisionado por Mitre para pacificar el interior y como jefe de Estado Mayor de la fuerza que mandaba Wenceslao Paunero. Desempeñó su rol con toda eficacia. Idea de Paz fue el mecanismo –aceptado por las provincia liberales- de delegar los asuntos nacionales premiosos en Mitre y que cada provincia reasumiera su soberanía, hasta tanto se contase con una autoridad nacional.

En la campaña presidencial que siguió, Paz fue candidato a vicepresidente, en la fórmula encabezada por Mitre. Se impuso con los votos totales de Tucumán, Salta, Mendoza, San Luis, La Rioja, Santa Fe, Corrientes y algunos aislados de Buenos Aires. El 12 de octubre de 1862, Mitre y Marcos Paz asumieron la primera magistratura.

El mando supremo

Tres años más tarde, estallaba la guerra del Paraguay. En su transcurso, desgarraría a Paz la muerte de su hijo Francisco, en el asalto de Curupaytí. El presidente Mitre asumió el mando en jefe del Ejército aliado, quedando la presidencia de la República en manos de Paz. Problemas con el ministro de Guerra lo llevaron a renunciar, pero el entredicho finalmente se solucionó.

Además de la sangrienta guerra exterior, sacudió al Noroeste y a Cuyo el derrocamiento del gobierno de Mendoza y las invasiones de Saá a San Luis, y de Varela a La Rioja y San Juan. Ante esto, Paz solicitó la presencia de Mitre, quien volvió un tiempo a Buenos Aires, para regresar poco después al frente.

El cólera

Paz no estuvo de acuerdo con esta última medida, y presentó su dimisión a la vicepresidencia, que el Congreso rechazó. Siguió entonces al frente de la República. En 1868, asoló a Buenos Aires la primera epidemia de cólera. El doctor Marcos Paz fue una sus primeras víctimas. Falleció el 2 de enero de 1868, en su casa de San José de Flores, luego de cinco días de desesperados esfuerzos de su médico, el doctor Guillermo Rawson.

Este habló en las multitudinarias exequias del tucumano. Dijo que Paz “amaba la libertad con entusiasmo, pero nunca pudo comprender que la libertad, que la consagración de sus principios, que la prosperidad de la patria –que era el objeto de su culto- podría afianzarse entre nosotros, sino con la base inconmovible de la unidad nacional”.

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