22 Diciembre 2003 Seguir en 
El corazón se hincha y lanza un latigazo de luz. Se contrae y acaricia pájaros. Se amansa y desborda siestas taficeñas. Silencios. Cuando va a conquistar el aire con el canto, retrocede. Amotina el sentimiento en su bombo. Se arroja sobre el micrófono. Un relámpago de voz explota en la noche. El "repecha monte adentro; como una arena verdosa se le desmorona el sueño y él ni cuenta se está dando que ya lo ha tragado el cerro...". El "Mono" Villafañe está desmadejando con ternura la Zamba del Tomero, de Osvaldo "Chichí" Costello.
Es viernes a la noche en el Centro Cultural Virla. El cantor ha convocado a sus amigos. Morocho, petiso, aguerrido, la zamba le dibuja huellas en el cuerpo. También en el alma. En el escenario, abre sus brazos para que bailen y canten sus hijos, y también para los invitados: un ballet mozo de Simoca, el adolescente violinista Benjamín Molina Chazarreta, el guitarrista Peter Würschmidt, la cantante Adriana Tula y el cantor Ricardo Diclemente.
Cuando le toca el turno a la canción de Atahualpa Yupanqui, el "Mono" cierra los ojos y vidalea pensamientos en su interior: "Al pasar por el rancho del Portezuelo salían a mirarme sus ojos negros... Nunca le dije nada pero ¡qué lindo! Y de feliz yo daba mi copla al viento...". Chacareras y zambas alborotan la noche. Fluye el canto de Villafañe, el fuelle de Víctor Juárez, las guitarras de "Furia" Alberto y de Carlos Carrizo, la batería de Cuchi Correa y la flauta de Patricio Molina Bulacios. El "Mono" ha crecido. Corazón, sencillez, talento. Es, sin duda, un notable cantor que debe llegar lejos.
Es viernes a la noche en el Centro Cultural Virla. El cantor ha convocado a sus amigos. Morocho, petiso, aguerrido, la zamba le dibuja huellas en el cuerpo. También en el alma. En el escenario, abre sus brazos para que bailen y canten sus hijos, y también para los invitados: un ballet mozo de Simoca, el adolescente violinista Benjamín Molina Chazarreta, el guitarrista Peter Würschmidt, la cantante Adriana Tula y el cantor Ricardo Diclemente.
Cuando le toca el turno a la canción de Atahualpa Yupanqui, el "Mono" cierra los ojos y vidalea pensamientos en su interior: "Al pasar por el rancho del Portezuelo salían a mirarme sus ojos negros... Nunca le dije nada pero ¡qué lindo! Y de feliz yo daba mi copla al viento...". Chacareras y zambas alborotan la noche. Fluye el canto de Villafañe, el fuelle de Víctor Juárez, las guitarras de "Furia" Alberto y de Carlos Carrizo, la batería de Cuchi Correa y la flauta de Patricio Molina Bulacios. El "Mono" ha crecido. Corazón, sencillez, talento. Es, sin duda, un notable cantor que debe llegar lejos.







