Massa renuncia a su banca y se lanza tras la Presidencia

30 Oct 2014 Por Rubén Rodó
Todo está listo, para asegurar un gentío multitudinario. El acto de lanzamiento de la campaña electoral de Sergio Massa está programado para el próximo 10 de diciembre, en la cancha de River Plate. Es una oportunidad para demostrar su poderío dentro y fuera del peronismo. En realidad, ya está en plena tarea, porque camina el país desde hace rato, enarbolando su candidatura y anudando acuerdos verbales -especialmente con el radicalismo-, sin firmar nada. Sólo con un apretón de manos y la foto, desde luego. Suficiente como mensaje. Eligió la fecha a 365 días exactos del desalojo -pacífico, y no por un movimiento destituyente, ni por un complot como ella piensa- de Cristina de la Casa Rosada, después de una decena de años de la pareja patagónica al frente de la República.

El ex intendente de Tigre, estrella iridiscente del Frente Renovador, bien podría haber pedido licencia temporaria -hábito consuetudinario del peronismo, cuidando su pitanza a futuro -y volver al Congreso si naufragara su desembarco en la casa de los presidentes. Prefiere alejarse y dejar la butaca vacía. Su renuncia la anunciará ante sus adictos en el acto de River. Detrás de ese gesto puede leerse la certeza que se tiene Massa, en su intimidad, de que él -y no otro- será el próximo inquilino de la Casa Rosada. Se retira para dedicarse full time a la campaña, cada vez más intensa y más caliente. Ceñirse la banda presidencial es una hazaña homérica, que demandará días y noches insomnes. Y mucha rosca. Sin tregua ni descanso.

Delante de él, por el mismo sitial van, con el mismo espíritu y con el mismo ímpetu, Daniel Scioli y Mauricio Macri. Será una pelea encarnizada, voto a voto, de una punta a otra del país. No son contendientes sin posibilidades. A sus espaldas disponen del aparato del Estado que, a no dudar, cada uno lo usará a su manera. En los últimos sondeos, las mediciones favorecen al tigre bonaerense, que lidera el pelotón con no mucha diferencia sobre sus adversarios. El ex motonauta y el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Ares le pisan los talones. Desde ya puede afirmarse, sin riesgo de error, que ninguno de ellos cantará victoria en la primera vuelta. Inexorablemente, por lo tanto, habrá balotaje. ¿Quiénes estarán en ese choque crucial, fin de época para el modelo patagónico del relato y ventana esperanzadora, en paralelo, para una Argentina signada por el desencuentro actual?

En el búnker de Massa, de calle Rodríguez Peña en cercanías del Congreso Nacional, hacen cuentas, suman y restan, y se envuelven en ensoñaciones. No dudan de que esté en la segunda vuelta, ya su oponente fuera Scioli o Macri. En ambos casos creen que gran parte del peronismo y gruesas capas de la sociedad sufragarán por él, como un modo de castigar al cristinato. Scioli se presenta ante el electorado -y acaba de reiterar su posición en Tucumán- como el continuismo del modelo K, con cambio. Es extraña su actitud, porque, hasta hoy, no cuenta con el apoyo de la Presidente y nadie le asegura que será el elegido. Si así fuera, se considera que quedará sujeto a sus caprichos, como ya lo hizo. Sin embargo, no deja de cubrir de lisonjas a la viuda cada vez que puede. En cuanto a Macri, la comandancia de Massa parte de la convicción de que es difícil que un peronista entregue, con su voto, la poltrona presidencial a alguien que no es del palo.

Los acuerdos no escritos que Massa viene atando con la paciencia de monje tibetano con el radicalismo, sin pedir nada, (primero en Jujuy con Gerardo Morales y hace poco aquí con José Cano, para seguir con otras provincias como Formosa y Santa Cruz), produjo una implosión neutrónica en las entrañas del Frente UNEN. Sólo la foto como mensaje hizo añicos en horas la coalición de centro izquierda, tan exitosa en las últimas elecciones de la Capital Federal. A la vez, sus efectos impactaron en Macri. Se quiso replicar la experiencia en la ciudad de Buenos Aires, y trasplantarla al ámbito nacional, para juntar, en una montonera electoral y programática, al panradicalismo, los socialistas y los desprendimientos de izquierda del peronismo, más todas aquellas fuerzas que quisieran sumarse. Fue una loable iniciativa que fracasó a poco de andar, por el vedetismo de sus popes y el fuego impiadoso que disparó, desde adentro, Lilita Carrió. Con lenguaje vitriólico despotrica contra Massa y Scioli, por igual, a los que considera astillas del mismo palo. Son primos hermanos, brama. Lilita tiene su favorito: Mauricio Macri, resistido por la UCR, Pino Solanas, Binner y Stolbizer. por cuestiones ideológicas. Si de algo padece Macri es de una exagerada autoestima. Entre el peronismo y el radicalismo, tienta una tercera vía, sin laderos, en absoluta soledad, porque piensa que él representa el verdadero cambio político en la Argentina, sin maquillaje ni travestismo. Es lo que transmite en sus incursiones por el interior del país, para acabar “con los que nada hicieron en los últimos 30 años de democracia”.

¿Será suficiente su verbo encendido para capturar la voluntad popular? Ir al choque de 2015 en soledad no deja de ser riesgoso, porque el peronismo es “un monstruo grande y pisa fuerte”, como dice la canción de Gieco. En las últimas elecciones el PRO tuvo un papel muy deslucido en Tucumán. El acuerdo con Ernesto Sanz, del cual se habló insistentemente, está ya sepultado. El mendocino saldrá a pelear, solo, la candidatura presidencial, primero con su coterráneo Julio Cobos, para después entreverarse -si gana- con sus pares de UNEN en las primarias del 9 de agosto.

Y aquí, ¿en el pago chico cómo andan las cosas? Alperovich continúa entrampado en su laberinto, sin encontrar el hilo de Ariadna, y tampoco puede salir por arriba. Hay 22 legisladores y 17 intendentes, de su palo, sin destino al obturarse la re-re. No sabe cómo satisfacer sus demandas ante la intemperie que los aguarda. Hizo últimamente algunas movidas. La más importante: su respaldo explícito a Scioli como candidato presidencial. En la cancha de Almirante Brown, en Lules, exhibió al visitante una muchedumbre enfervorizada. Este tipo de actos se hacen con gente arreada en colectivos, más unos pesos en el bolsillo. Por lo tanto, su valor como adhesión no tiene mucho valor. Llamativo: no estuvo La Cámpora, un metamensaje para el zar.

La preocupación central del mandamás es cómo detener la sangría que se está produciendo en su hermandad, cada vez mayor a medida que se aproxima el choque electoral. Para mantenerlos en el redil, la billetera sola no es suficiente. Muchos miran a Massa y a José Cano. Además, ha raleado (¿definitivamente?) a Domingo Amaya. Tuvo otro gesto desdeñoso al no invitarlo al acto de Lules, y la fisura entre ellos se amplía. Otra de sus definiciones es apoyar a Pablo Yedlin como postulante a la intendencia capitalina. La decisión causó estupor en su propia cofradía, porque se lo conceptúa como forastero en el PJ e intrascendente políticamente. ¿O lo postula mandándolo a la horca, porque piensa que la alcaldía está perdida? En el acto de Lules no habló el gobernador por su pánico a la oratoria en público. Dejó el cometido a su esposa. Si Manzur fuera su candidato firme, era la ocasión para permitirle arengar a la gente. En ese gesto dual, Alperovich revela que la senadora Rojkés no abdica de su obsesión por la banda de mando, porque -según dice a sus íntimos- “hasta marzo pasará mucha agua bajo los puentes”.

Un “gallito”en Tribunales

El legislador José “Gallito” Gutiérrez no se resigna a perder su condición de legislador y los gastos reservados que recibe por izquierda, junto con sus pares. Planteó la inconstitucionalidad del art. 45 que impide a los parlamentarios la re-re infinita. Se habla de que el impulsor, desde las sombras, de la movida reeleccionista nació en la cúspide de la Corte, lo que entusiasmó a los 23 legisladores que quedarán colgados de la brocha. La acción cayó, por sorteo, en la Sala III de la Cámara en lo Contencioso Administrativo, integrada por Ebe Marta López Piossek y Sergio Gandur, hijo del presidente del Supremo Tribunal, Antonio Gandur. Con marcada expectación se aguarda la sentencia. López Piossek en otros casos que mucho interesaban al poder político, falló en contra.

En la Cámara Administrativa en lo Penal de Instrucción hay una silla vacía, por la jubilación de Elba Graciela “Muñeca” Jiménez. Esa cobertura preocupa mucho al zar, dado que en ese órgano, a modo de embudo, desembocan inevitablemente las causas penales que involucran a jerarcas gubernamentales, entre ellos él mismo. El CAM llamó a concurso para cubrir el cargo, y el jurado seleccionó a la terna formada, según el orden de mérito, por Juan Carlos Nacul, Gustavo Romagnoli y Enrique Pedicone.

La vacante no pudo llenarse por el planteamiento de nulidad que dedujo contra esa selección Guillermo José Acosta, juez de instrucción del Centro Judicial de Concepción, con patrocinio del abogado Mario Arnaldo Salvo, por el puntaje que se le adjudicó. Quedó trunco el proceso de designación. Es de preguntarse qué hará el Consejo Asesor de la Magistratura después del fallo adverso de la Corte de conjueces, que integraron los camaristas López Piossek, Salvador Ruiz, Sergio Gandur y Horacio Castellanos, más el supremo cortesano Daniel Posse, único voto en disidencia. La Corte ad hoc dice que si bien las decisiones en un proceso de selección (como en el que intervino Acosta), no admiten revisión judicial, “no es obstáculo para el ejercicio de control de legalidad de los actos administrativos”… “cuando sean manifiestamente arbitrarios”. Un entuerto difícil de resolver.

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