“El Cadillal tiene un encanto especial. Te levantás a las seis de la mañana, pescás tranquilo y a las 12 ya podés estar en tu casa para hacer el asadito”, asegura Pedro Ramírez, un veterano deportista al hablar sobre este lugar. Pero al hombre, que descubrió el espejo cuando era un niño y que hoy en día ya tiene pintada varias canas, le faltó agregar que como si eso no fuera poco el lugar se transformó en una mina de oro para aquellos que disfrutan de la pesca de pejerreyes.
El fin de la veda trajo grandes y hermosas novedades. La mayoría de los deportistas que probaron suerte con las flechas de plata encontraron más o menos el mismo resultado: concretaron varias capturas, pero hubo muchos que consiguieron pescar ejemplares que superaron los 30 y 35 centímetros. Pese a que no hubo gran control sobre los furtivos y no todos los deportistas respetaron la prohibición de pesca, El Cadillal mostró una saludable evolución. Y en eso tuvo mucho que ver el trabajo que realizó la Dirección de Flora y Fauna para recuperar la población de esta especie.
“Hay que buscarlo porque está difícil conseguir piques de entrada”, aseguró Marta Díaz. “El bichito está complicado”, agregó Fernando Saba. “Hay que probar con todos los sistemas posibles para tener éxito, pero no se puede dejar de venir”, comentó Francisco “Pancho” Delgado.
Estas frases no hacen otra cosa más que reafirmar que la pesca de esta especie es bastante complicada y que no siempre se debe repetir la técnica a utilizar para capturar a las flechas de plata.
Además, el lugar preciso para probar suerte, por el momento, no está bien definido. Se consiguieron buenos resultados en la zona de la desembocadura del río Tapia, en La Batea y hasta cerca de La Chimenea desde la costa o haciendo kayak-fishing.
Técnicas y algo más
En base a los relevamientos realizado desde el sábado -día en el que se levantó la veda- hasta el jueves y por los datos aportados por pescadores, tanto en la pesca embarcada o desde la costa, se deben utilizar equipos livianos, llámese Boya Trabajando, Trompito, Escorpión o cualquier otro que sirva para pescar a media agua. Tampoco se debe descartar de plano utilizar el Paternoster en lugar del tradicional balancín. Al pique hay que buscarlo entre los ocho y tres metros de profundidad.
La pesca a la deriva, exclusiva para pesca embarcada, fue un sistema que no falló en estos días. Las diferentes líneas conocidas como cazadoras son claves para tener éxito y en mucho tiene que ver que los pejerreyes, después de haber cumplido con el ciclo reproductivo, están muchos más voraces.
No se puede dejar de probar las líneas de flote conocidas como chirimbolo y torombolo (a este último hay que prepararlo con brazoladas de entre 50 centímetros y 1 metro de largo). Desde la orilla se puede intentar algo similar. Para ello, debe arrojarlo lo más lejos posible y recoger suavemente para que los pejerreyes.
Tampoco no hay nada definido a la hora de hablar sobre la carnada a utilizar: puede ser filete de mojarra (teñida con colores rojo, amarillo y naranja) o al natural, saborizada o no con aceites especiales. Tampoco hay que descartar el uso de camarones y de gambusias que se pueden capturar en los arroyos de la zona.
El fin de la veda trajo grandes y hermosas novedades. La mayoría de los deportistas que probaron suerte con las flechas de plata encontraron más o menos el mismo resultado: concretaron varias capturas, pero hubo muchos que consiguieron pescar ejemplares que superaron los 30 y 35 centímetros. Pese a que no hubo gran control sobre los furtivos y no todos los deportistas respetaron la prohibición de pesca, El Cadillal mostró una saludable evolución. Y en eso tuvo mucho que ver el trabajo que realizó la Dirección de Flora y Fauna para recuperar la población de esta especie.
“Hay que buscarlo porque está difícil conseguir piques de entrada”, aseguró Marta Díaz. “El bichito está complicado”, agregó Fernando Saba. “Hay que probar con todos los sistemas posibles para tener éxito, pero no se puede dejar de venir”, comentó Francisco “Pancho” Delgado.
Estas frases no hacen otra cosa más que reafirmar que la pesca de esta especie es bastante complicada y que no siempre se debe repetir la técnica a utilizar para capturar a las flechas de plata.
Además, el lugar preciso para probar suerte, por el momento, no está bien definido. Se consiguieron buenos resultados en la zona de la desembocadura del río Tapia, en La Batea y hasta cerca de La Chimenea desde la costa o haciendo kayak-fishing.
Técnicas y algo más
En base a los relevamientos realizado desde el sábado -día en el que se levantó la veda- hasta el jueves y por los datos aportados por pescadores, tanto en la pesca embarcada o desde la costa, se deben utilizar equipos livianos, llámese Boya Trabajando, Trompito, Escorpión o cualquier otro que sirva para pescar a media agua. Tampoco se debe descartar de plano utilizar el Paternoster en lugar del tradicional balancín. Al pique hay que buscarlo entre los ocho y tres metros de profundidad.
La pesca a la deriva, exclusiva para pesca embarcada, fue un sistema que no falló en estos días. Las diferentes líneas conocidas como cazadoras son claves para tener éxito y en mucho tiene que ver que los pejerreyes, después de haber cumplido con el ciclo reproductivo, están muchos más voraces.
No se puede dejar de probar las líneas de flote conocidas como chirimbolo y torombolo (a este último hay que prepararlo con brazoladas de entre 50 centímetros y 1 metro de largo). Desde la orilla se puede intentar algo similar. Para ello, debe arrojarlo lo más lejos posible y recoger suavemente para que los pejerreyes.
Tampoco no hay nada definido a la hora de hablar sobre la carnada a utilizar: puede ser filete de mojarra (teñida con colores rojo, amarillo y naranja) o al natural, saborizada o no con aceites especiales. Tampoco hay que descartar el uso de camarones y de gambusias que se pueden capturar en los arroyos de la zona.
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