El autor de los personajes perdidos

En sus inicios, el flamante Premio Nobel de Literatura publicó tres novelas sobre la ocupación alemana en Francia. Si bien el resto de sus libros dialoga con ese período, se liberan de la vocación mimética. Modiano arma un río que pareciera que recurre a las mismas fuentes: la pérdida de la memoria, la identidad falsa, las formas del olvido, el doble y el sinsentido de la vida.

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19 Octubre 2014

Por Fabián Soberón - Para LA GACETA - Tucumán

En el final de Primavera de perros el narrador hace, involuntariamente, una síntesis de los centros narrativos: “Él ya no sabía qué hombre era. Me dijo que al cabo de un cierto número de años, aceptamos una verdad que presentimos pero que nos ocultamos a nosotros mismos por despreocupación o cobardía: un hermano, o un doble, murió en nuestro lugar, en una fecha y un lugar desconocidos, y su sombra termina por confundirse con nosotros.” El personaje dice que la verdad es algo que aceptamos por cobardía. En el fondo, nunca tenemos certezas sobre la vida. O, peor aún, no hay nada cierto en el mundo. La ciudad o la vida –para Modiano son lo mismo– nos entregan huellas o sombras que confundimos con la verdad.

Las novelas de Modiano nos dejan la impresión de que somos menos una certeza que una vacilación. Sus personajes deambulan como sonámbulos o como caminantes desenfocados en una ciudad que han recorrido toda la vida pero que se les pierde de modo permanente. Para los personajes de Modiano, el pasado es una lente fuera de foco, un vidrio huidizo y opaco. Los hechos cambian de novela en novela pero las consecuencias son las mismas. Los personajes descubren que están perdidos, que el mundo se desvanece ante sus ojos y que la identidad es una cosa imposible o evanescente. Después de leer sus libros, tenemos la sensación de leer la misma novela, como si todos los hombres fueran uno solo o como si la memoria se confundiera con el olvido.

Sus libros están hechos de una atmósfera, una neblina espesa y melancólica, una forma de entender la ciudad. Los recorridos urbanos y las relaciones que se esfuman dibujan una París extraña. Las calles, los garajes, los pasajes delimitan una París recóndita, imaginaria y utópica, una ciudad hecha más de callecitas y pasajes escondidos que de luces del centro. Una París reconstruida por personajes paranoicos, seres que han perdido la memoria o que buscan algo que se les esfuma.

Tanto en Calle de las Tiendas Oscuras como en Villa triste y en El horizonte, los personajes deambulan como marionetas manejadas por algo del pasado que es difícil de agarrar. No me refiero a algo religioso o místico sino a algo muy humano (demasiado humano), como si estuvieran desorientados, como si el desvarío o la confusión fueran el sello invisible de su existencia.

El policial se filtra como una ráfaga y deja marcas lívidas, pequeñas astillas que perforan la superficie de la escritura. Modiano hace uso y apropiación del género: sus novelas proponen una versión amnésica o paródica. En algunos casos, como en Calle de las Tiendas Oscuras, Modiano escribe un policial paranoico.

En En el café de la juventud perdida todos buscan a una mujer ausente, una especie de equis inalcanzable. Este objetivo –que parece lo central– trae aparejado un problema singular: el libro pone en duda la cuestión de la identidad. Para Modiano, la identidad es agua volátil, polvo que se disipa. Uno de los narradores tiene la sensación de que está viviendo los mismos días y las mismas noches en los mismos lugares, como si todo fuera el producto del Eterno Retorno.

Los personajes viven en un presente eterno, como si fueran parte de una única historia.

En Villa triste se dice que las personas aparecen y desaparecen como el polvo fugaz de un remolino, como motas de polvo en el recuerdo. Esto podría ser una descripción de cómo funcionan los recuerdos en sus novelas. Modiano ha construido un universo acotado: en ese lugar atípico y en cierta media estrecho y abierto –de modo paradojal–, los recuerdos son el anverso del olvido y los productos de la memoria –heterogéneos y conflictivos– se desvanecen y se confunden.

Encanto siniestro

En Más allá del olvido, el personaje busca a una mujer ausente y percibe la felicidad como una brisa pasajera. Sólo vive en el presente y siente que le interesa el futuro como proyecto de huida. Dice: “En las grandes ciudades, las personas que no se han visto por mucho tiempo… se encuentran una tarde en un café, luego se pierden otra vez. Y nada tiene demasiada importancia”. Como un veneno poderoso, la indiferencia corroe a los personajes. Atrapados por el deseo, sus vidas se escurren en una languidez inevitable.

Modiano es el discípulo díscolo de un Protágoras amnésico. Ha creado personajes que buscan algo que no encuentran nunca y que perseveran en la caída como delirantes o necios. No descansan y circulan con la herida de la ruina como un trofeo.

Patrick Modiano ha creado una ciudad, un pequeño orbe personal. Los personajes y los lectores se pierden –con extraña fascinación– en sus pasadizos secretos. La ciudad de Modiano tiene el encanto de las cosas siniestras: atrapa el olor de una habitación olvidada, el color secreto de una mesa o la conversación causal que contiene el pasado indescifrable. Los lectores y los personajes tienen la sensación de que todo –un objeto, una persona, un momento– puede convertirse en algo misterioso. Casi podría decir que Modiano ha escrito para saber qué es la memoria y para comprobar que está hecha menos de certezas que de las múltiples formas del olvido.

© LA GACETA

PERFIL

Patrick Modiano nació en Boulogne-Billancourt, en 1945. Es autor de más de 30 libros, la mayoría de los cuales han sido traducidos al castellano. Alfaguara y Anagrama han editado buena parte de su obra para los lectores de habla hispana. Varias de sus novelas han sido llevadas al cine. Obtuvo, entre otras distinciones, el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa y el Premio Goncourt. Entre sus libros más recientes, traducidos al castellano, se encuentran Flores de ruina, Perro de primavera y La hierba de las noches.

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