Un Cristo Crucificado en el corazón de la villa El Cajón

La escultura, creada por el vecino “Kuny” Ferreyra, es de nogal. Mide 1,81 metros y pesa 126 kg. Es un tributo al Señor del Milagro.

TRIUNFANTE. El ícono barnizado de color nogal, como su madera, es más alto que el vocacional escultor. LA GACETA / FOTOS DE OSVALDO RIPOLL TRIUNFANTE. El ícono barnizado de color nogal, como su madera, es más alto que el vocacional escultor. LA GACETA / FOTOS DE OSVALDO RIPOLL
“Cristo murió por nuestros pecados. No podemos quitarle sentido a su martirio si cada día que transcurre nos contradecimos más. El poder y el éxito nos obnubilan. Aunque el éxito es algo bastante más ambiguo e interesante que la fama. Sin embargo, son conceptos que se confunden fácilmente. No obstante ello, rara vez coinciden. Algunos pueden tener muy poco éxito y ser muy populares, como los asesinos en serie o los famosos de la TV. Otros, pueden carecer de fama pero alcanzar mucho éxito, como cierta gente anónima con la que nos cruzamos por la calle”, reflexiona Héctor “Kuny” Ferreyra, mientras observa el imponente “Cristo -en la Cruz- del Encuentro”, que erigió en el corazón de la pintoresca y calmada Villa El Cajón, a 62 km al noreste de la capital tucumana y a 18 km de Burruyacu.

Todo en nogal

La iconografía tallada en nogal -madera que abunda en la zona-, es de 1.81 metros. Fue cincelada por Ferreyra, por encargo del Centro Vecinal de la localidad, en agradecimiento y tributo al Señor de los Milagros, patrono de esa población ubicada en la quebrada de La Aguada, al pie de las laderas de los cerros del Campo y La Ramada.

La representación escultórica de Jesucristo crucificado ocupa el centro de las cuatro esquinas que caracterizan al edénico poblado -atravesado por la ruta 310-. En cuyas proximidades se encuentran la parroquia, el destacamento Policial y la casa del autor de la obra de arte cristiano.

Militante de la Fe

“Soy una persona que milita en la fe y en la esperanza. Para mí, aunque ser anónimo es lo menos traumático, el éxito pasa por el poder esculpir y compartir los motivos y las emociones que me impulsan a crear cada trabajo, por lo general, en piedra o madera. Además, procuro hacerlo de un modo libre y sincero. Y, también, sin padecer el desgaste que, habitualmente, ello provoca”, explica “Kuny”, el único hombre de la casa que ocupa, junto a su madre, Elena, y a Iris, una de sus dos hermanas.

Ferreyra, con casi medio siglo de vida, es escultor por vocación y apicultor de oficio. Con los ingresos insuficientes que obtiene con la venta de los productos de sus colmenas, el empedernido soltero del valle El Cajón asiste a su familia.

Una obra de peso

“El Cristo del Encuentro”, que pesa 126 Kg. incluida la cruz, se representa vivo, con los ojos abiertos y el cuerpo erguido. Durante 60 días Héctor Ferreyra fue dándole forma.

Al respecto contó que “si bien se representa, a veces, a Cristo vestido, lo habitual es hacerlo con su cuerpo desnudo, aunque con los genitales cubiertos con un paño de pureza. Las convenciones de representación de las distintas actitudes de Cristo crucificado se designan con las expresiones de Cristo triunfante, Cristo resignado, Cristo sufriente. El triunfante (triumphans en latín), que es el que incluí en esta obra, se representa vivo, con los ojos abiertos y el cuerpo erguido. El Cristo resignado o patiens se esculpe muerto, con la voluntad totalmente vaciada, la cabeza inclinada, el rostro con expresión serena, los ojos cerrados y el cuerpo arqueado, mostrando las cinco llagas”.

“El Cristo sufriente o dolens se plasma de un modo similar al patiens, pero con un gesto de dolor. Particularmente en la boca (curvada hacia abajo), remarcando los rasgos anatómicos y dando una mayor sensación de tensión y de gravedad”, detalló este paisano de buen madera.

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