13 Octubre 2014

Luis Tarullo - Columnista de la agencia DyN

BUENOS AIRES.- Siempre se supo que la reunificación sindical era cuestión de tiempo y de oportunidad, pues nada puede asombrar al respecto habida cuenta de que la historia gremial fue coherente en ese sentido.

El “Momo” Venegas, jefe de los trabajadores rurales, fue contundente al decir que se está avanzando “a pasos agigantados” para la unidad del gremialismo peronista, después de estos años de diáspora.

Igual en este ámbito hay que tener en cuenta que las divisiones tienen dos planos: el público y el privado. Hacia afuera uno puede escuchar los más duros epítetos de unos contra otros, pero hacia adentro los contactos telefónicos y las reuniones son más frecuentes de lo que se pueda imaginar.

De hecho, en el último tiempo hubo encuentros que podrían considerarse fundamentales en estas negociaciones, en los que fueron protagonistas Hugo Moyano y varios de sus principales espadachines y los alfiles de la CGT oficial Gerardo Martínez, Andrés Rodríguez y José Luis Lingeri. Ello incluye, por supuesto, a Luis Barrionuevo.

Las tratativas, como ha ocurrido en otras ocasiones, contempla la posibilidad del paso al costado de los popes y la búsqueda de una figura alternativa que, desde el sillón máximo de una CGT peronista única, conforme a todos los grupos. Claro que en las actuales circunstancias el contexto económico hace su importante contribución a los intentos de los gremialistas por reagruparse monolíticamente.

Concretamente, el desempleo aumenta y se enseñorea con actividades que fueron íconos en la reactivación durante los primeros tiempos del kirchnerismo. Por ejemplo, las industrias metalmecánica y automotriz y la construcción están ahora en ese rol de víctimas. Y justamente son rubros en los que los trabajadores son representados por exponentes de la “crema” del sindicalismo K, mundo en el que desde hace rato se percibe malestar, toma de distancia y hasta deserciones. Antonio Caló (UOM), Ricardo Pignanelli (SMATA) y Gerardo Martínez (UOCRA) son los líderes sindicales de esos sectores. Es que, al fin y al cabo, los gremialistas siempre han mirado con un ojo su propia historia y con el otro lo que vendrá. Y con esa particular y aguda visión detectaron que lo de la “nueva política” publicitado desde el kirchnerismo ya está fosilizado. En consecuencia, siguen teniendo y utilizando sus tradicionales y evidentemente eficaces herramientas para disputar el poder y permanecer.

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