José pone música y José baila

En tiempo de definiciones, en el PRO el federalismo brilla por su ausencia. Cano, eje de la controversia en el macrismo, juega partidas con cuanta fuerza se asome. El “no” a Rojkés y la incógnita de Amaya

José pone música y José baila
Exactamente el mismo día en el que Alberto Colombres Garmendia (legislador del PRO) le cerraba la puerta a la sociedad con el Acuerdo Cívico y Social, en Buenos Aires, José Cano la abría en un encuentro con un vocero del macrismo en la Cámara de Diputados. Analizaron la necesidad de un gran armado para vencer al alperovichismo. Una semana antes, el hombre que en Tucumán lidera las encuestas -las haga quien las haga- había debatido largamente con un ruralista con ascendencia en el PRO que era imprescindible acordar.

El PRO tiene un candidato a Presidente y se hincha el pecho con sus ínfulas de partido nacional y cada acto es medido con cuidada precisión. No hay ni una pelusa fuera de lugar. En cambio, en Tucumán el PRO parece la habitación de un adolescente cuando los padres se fueron de viaje. Todo es desorden y, en el caso específico del PRO, los padres viven en Buenos Aires.

El macrismo suele presumir de un prolijo respeto por las reglas, sin embargo en su partido el federalismo brilla por su ausencia. La mayoría de las decisiones se toman en Buenos Aires y, si tienen tiempo, les avisan a los tucumanos. Pareciera que todos juegan al “teléfono descompuesto”, aquel entretenimiento en el que los chicos se pasaban un mensaje que siempre llegaba deformado al último que lo recibía. ¿Cuál es la verdad del pensar del macrismo? ¿El que pergeñan Colombres Garmendia y el presidente –casi virtual- Manuel Avellaneda, o la que el ex bussista Pablo Walter trata de dibujarle a Macri y a otros operadores en Buenos Aires? Uno de los ejemplos más claros fue la decisión de que Facundo Garretón pueda ser candidato a intendente de San Miguel de Tucumán por el PRO. Todo se cocinó en la Capital Federal y los dirigentes del PRO lo supieron recién cuando los notificaron.

La decisión de acompañar la candidatura de Cano en 2015 entusiasma a los porteños y no termina de convencer a los liberales comarcanos.

Los tucumanos del PRO quisieran al menos la vicegobernación para ellos. A los porteños, en cambio, no les preocupa porque el principal interés es concretar la presidencia de Macri y sumar votos para él. A los tucumanos los desvela porque se sienten acreedores a un espacio de poder mayor. Las mezquindades y los egoísmos aparecen cuando los proyectos y las ideas no están claras.

Mientras tanto, Cano sabe que el PRO le aportará menos votos que el peronismo. El radical viene jugando partidas de ajedrez simultáneas con peronistas, radicales, liberales, socialistas y cuanta fuerza se asome. En el tablero en el que enfrenta al peronismo, su estrategia es sacrificar al vice para darle ese lugar a un peronista (si es massista, mejor, por ahora) ese estratégico lugar. Cano tiene claro que cada voto es imprescindible para su causa y quien le aporte más será mejor pagado. En el equipo que pretende armar Sergio Massa aparecen los nombres de José Carbonell y de José Orellana como ofertas antagónicas.

El portazo
Lunes. Desayuno. Casa de los Alperovich. Reunión de obsecuentes (de gabinete, dice un mail oficial). El gobernador ordena: “Juan tenés que salir a pintar”. “Vos Osvaldo, seguí”. José López también es mencionado; Beatriz Rojkés, no.

Martes. Casa de Gobierno. “Machi, hay que armarle un equipo de prensa para que acompañe a Juan”, le dice el gobernador al secretario de Prensa, Marcelo Ditinis.

Jueves. Caminata rodeado de la prensa y de “sijosesistas”. Alperovich: “no me gustaría que mi mujer sea candidata a gobernadora”. Por la tarde, bicicleta con la soledad de los custodios.

Viernes. Acto en Berdina. Primero habla Jaldo, luego Manzur y cierra Alperovich. Beatriz Rojkés brilla por su ausencia.

La primera dama se pasó la semana cuidando a su hermana que había sido operada en Buenos Aires. Después del portazo de su marido, recibió varias frases que aunque confusas son reales: “No te preocupes que muchas veces José dice no, pero es para decir sí”. “Acordate que el gobernador dijo que tomaría su decisión en base a las encuestas”. “Sigamos nuestras actividades como si no pasara nada”. En la agenda está anotado un acto para el viernes 26 de septiembre por la inauguración de la diagonal de Tafí Viejo. En tanto, en el Facebook de la primera dama pareciera que no se hubieran enterado de lo que dijo el marido y siguen apareciendo proyectos y realizaciones.

Alperovich tiene encuestas en sus manos. Nadie sabe muy bien qué dicen los números, pero hay “sijosesistas” que aseguran que las cosas no están bien ni en la Capital ni en la sección Oeste, donde pierden y empatan, respectivamente. El alivio vendría del Este, donde la imagen de Cano estaría más floja.

Si termina confirmándose el descarte de Rojkés como candidata, esta habrá sido la primera vez que Alperovich baila la música que Cano le pone. Empieza a apurar las decisiones que él mismo había proyectado para diciembre. Da la sensación que sus decisiones son en función del líder radical y no de las conveniencias propias, algo que no ocurría hasta hace un año y medio.

Según Cano, sus dos mejores rivales iban a ser Rojkés y Manzur. Eran blancos fáciles porque ambos estaban en el podio de la imagen negativa. Ahora que estaría descartada una, Alperovich esta semana se ocupó de adular a Domingo Amaya siguiendo aquella máxima que dice que si el peronismo está todo junto, no habrá derrota. Amaya sigue siendo una incógnita. Su apellido podría cambiar la “y” por una “g” y se ajustaría verdaderamente a su cotidianeidad. El intendente es a su candidatura como aquel “Mané” Garrincha era a sus rivales: amagues interminables.

Peleas intestinas
La política tucumana no conoce de proyectos ni de ideas. Hay dos José que pelean por el poder. Son ellos los que deciden, arman y desarman de forma diferente y con expectativas absolutamente disímiles aunque con el mirada fija puesta en el sillón de Lucas Córdoba. Mientras Alperovich y Cano desarrollan sus estrategias en los distintos campos de batalla, las guerras intestinas parecen eternizarse. En el radicalismo les cuesta aún aceptar el liderazgo incondicional de Cano, pero no tienen cómo neutralizarlo, por lo tanto, la resignación les va ganando la pulseada.

En el peronismo todo es discusión. Algunas son más vehementes. Un ejemplo es la de Yerba Buena, donde Alperovich ya olfatea la derrota, pese a que los candidatos de la oposición aún no asoman. Los nervios les ganan a la racionalidad y, mientras el gobernador apela a viejos amigos radicales para que lo ayuden a aglutinar fuerzas, el propio intendente Daniel Toledo trata de marcar territorio. “Hay muchachos que no ven con buenos ojos que vos vengas a estos actos”, cuentan algunos desayunadores sijosesistas que le dijo Toledo a Bernardo Racedo Aragón. Una educadísima forma -y con preaviso de futuros problemas- de decirle “vos no te metás”. En cada barrio, en cada comuna, en cada intendencia, las tensiones se van acrecentando. Algo no han hecho bien los líderes para que, a la hora de sumar votos, sólo consigan sumar violencia.

Los medios responsables
La semana se despidió con una desilusión generada por un vocal de la Corte de la Nación. Uno de los grandes defensores y respetuosos del garantismo plantó una generalización contra los medios de comunicación dándoles responsabilidad de crear una realidad caótica y de ir en busca de los jueces.

Más allá de que Eugenio Raúl Zaffaroni pueda tener un alineamiento con las políticas actuales -que sin dudas tienen una posición crítica hacia la prensa- sorprende que termine responsabilizando a la prensa de la realidad. Los medios son una caja de resonancia de intereses sociales que se mueven al compás de las preocupaciones, gustos, deseos e intenciones de una sociedad y que, aún cuando quisieran, jamás podrán voltear jueces ni gobiernos.

“Los medios de comunicación se han convertido en tan necesarios para nuestra existencia como el aire que se respira o el pan de cada día”, manifestó, oportunamente, el vocal de la Corte Carlos Fayt. Por su parte, el presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, llegó a afirmar: “La verdad hay que comunicarla, sea cual fuere el efecto y se moleste quien se moleste”.

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