La pareja que revolucionó la forma de entender el sexo

Este libro se convirtió en la base de la exitosa -y homónima- serie televisiva

21 Sep 2014
1

LA “IMPROBABLE PAREJA”. “Bill” Masters y “Gini” Johnson conformaron un binomio que parecía inseparable y que se convirtió en todo un ícono de la revolución sexual de los 60.

Investigación

MASTERS OF SEX

THOMAS MAIER

(Punto de lectura -  Buenos Aires) 

El periodista norteamericano Thomas Maier ha realizado una investigación seria y concienzuda –llevada a la televisión en una exitosa serie, que transita actualmente su segunda temporada- sobre la historia de ese inseparable binomio, ícono de la revolución sexual de los 60: Masters y Johnson. Doctor y secretaria, amantes, colegas, marido y mujer… “Bill” y “Gini” pasaron por todos los títulos posibles, divorcio incluido.

El relato empieza en Golden City, un pequeño pueblo rural. De aquellos donde una chica “no tiene más opciones que casarse o huir”. Dejando a su eterno novio con el corazón roto, Mary Virginia Eshelman, hija mimada y alumna destacada por su inteligencia y destreza verbal, parte a los 16 años para no volver nunca. Adoptando el “Virginia” a secas, sus ambiciones van abriéndose camino con el telón de fondo de la guerra: estudios universitarios inconclusos (hasta el final le pesaría no tener un título de grado), diferentes trabajos como secretaria y profesora de baile, cantante en un cuarteto y hasta líder de una banda de música country. Entonces Johnson rápidamente advirtió que “el amor romántico, tan celebrado en las canciones populares, a menudo era quisquilloso en la vida real”. Y así, aprendió que era posible satisfacer sus deseos sexuales sin caer en las complicaciones emocionales. Las propias declaraciones de Virginia, citadas con frecuencia, revelan a una mujer apasionada, con una vida sexual libre y sin prejuicios: por su cama pasaron políticos, oficiales, músicos, muchos de los cuales partían luego a la guerra.

Antes de encontrarse con Bill Masters a mediados de los 50, ella sufrió una gran decepción amorosa con un hombre comprometido y dos casamientos fallidos (algunos especulan que fueron tres), que le dejaron dos hijos y el apellido con el que alcanzaría la fama.

Maier logra construir con gran nitidez el retrato de William Masters, en base a numerosos testimonios de parientes, amigos, vecinos y colegas, e incluso del propio Bill, en su autobiografía nunca publicada. De mirada bizca e inescrutable, gran fuerza mental y física (propia de quien ha logrado sobrevivir a un padre violento) y escasas habilidades emocionales y sociales, Masters “se veía a sí mismo como un médico moderno, nada temeroso de un tema desafiante o de lo que los demás pudieran pensar”. Ginecólogo y obstetra, se especializó en fertilidad como un camino firme para acercarse al tema de la sexualidad. Admirado por su destreza como cirujano (era ambidiestro con el escalpelo), el doctor de la eterna corbata de moño transmitía aún más ego y arrogancia que sus colegas. Obsesivo y perfeccionista hasta el extremo, su ropa estaba hecha a medida y siempre impecable (se cambiaba la bata blanca dos veces al día) y no toleraba por ningún motivo la impuntualidad en sus pacientes. Orador intenso y de inmensa presencia, prescindía de las notas al realizar sus presentaciones. Con su mujer, Elizabeth Ellis (“Libby”), tuvo dos hijos y un matrimonio sin demasiada intimidad.

Hito cultural

A lo largo de más de 500 páginas que se leen con gusto, el autor recorre el itinerario profesional y personal de esta singular pareja. Desde los inicios en la Universidad Washington, en Saint Louis, en ese ambicioso, secreto y poco ortodoxo proyecto de estudio de la respuesta sexual humana, donde más de 700 voluntarios accedieron a ser observados y monitoreados mientras tenían relaciones sexuales. Y, poco después, la condena de la comunidad médica, la falta de apoyo del gobierno y el escaso respaldo académico. Luego –revolución sexual mediante- sus apellidos convertidos en marca registrada y fenómeno mediático; sus libros, en un hito cultural. Entrevistas en todos los medios, la tapa de Time, pacientes “famosos”, visitas a la mansión Playboy (y el apoyo económico de Hugh Hefner), algunos desaciertos (como la controvertida afirmación de ser capaces de “curar” la homosexualidad, con un éxito del 80%) y, finalmente, el ocaso.

Vale la pena leer la historia de Masters y Johnson, “improbable pareja” y aún así, iniciadores indiscutibles de la revolución sexual en el mundo científico.

© LA GACETA

Inés Páez de la Torre

Comentarios