14 Diciembre 2003 Seguir en 
No hay cifras sobre la cantidad de público que asistió, pero tampoco hay dudas que "El hombre de la Mancha" fue una de las obras de teatro más vistas por los tucumanos, y, por distintos motivos, quedó grabada en la memoria. Tal vez porque representó la posibilidad de soñar lo imposible o imaginar una realidad en la que "los hechos son los enemigos de la verdad" como escribió su autor Dale Wasserman.
Fue la obra cumbre del Teatro Universitario dirigido por Boyce Díaz Ulloque: se estrenó el último día de noviembre de 1973, permaneció en cartelera todo 1974 y en 1975 subió al Teatro Cervantes, en Buenos Aires.
Tan fuerte fue su presencia en la comunidad tucumana que en diversos colegios (la Escuela Sarmiento, por ejemplo) se representaron versiones con grupos vocacionales. Y, a través de la Universidad Nacional de Tucumán, hubo funciones a precios diferenciados para los alumnos de los colegios dependientes de la UNT.
La puesta se hizo con música en vivo: tocaba la Orquesta Sinfónica de la UNT, pero se encontraba ubicada en el foso del Teatro Alberdi, lo que provocó algunas desinteligencias y enojos. Por esa razón "Pichuco" Valenzuela tuvo que grabar la música y después de tres o cuatro funciones, los actores debieron cantar acompañados por una banda de sonido, y una orquesta reducida que permaneció en el foso.
La escenografía planteada por Alberto Lombana era despojada: apenas una tarima elevada con rampas, que se elevaban y descendían.
El crítico de LA GACETA resaltó en su comentario de la época que Lombana "puso un clima de magia en la escenografía y en el uso de las luces, sobre todo en la escena del combate con los molinos de viento".
Ricardo Salim tuvo que bajar 10 kilos
Ricardo Salim fue Miguel de Cervantes y Don Quijote de la Mancha alternativamente, y, recién llegado del Reino Unido, tuvo que bajar 10 kilos para parecerse al personaje; aquel hombre de diminuta figura, pero de inmensos sueños.
"Tenía 28 años en ese momento, y seguramente fue la obra que más me marcó, al igual que "El diario de un loco", por el reconocimiento y los réditos que me dio, y porque aún queda en la memoria popular", recuerda el hoy secretario de Cultura.
La puesta demandó seis meses de ensayo, que incluyen 90 días, en los que los actores debieron aprender a cantar. "Jaime Braude -entonces director de la Orquesta Sinfónica- nos entrenó con una técnica que era pasar de la actuación al canto, y retornar a la actuación cantando, y entonces había frases musicales que eran dichas y no cantadas", recuerda, no sin mencionar a la profesora Gladys Mena.
"Como era una puesta muy despojada, todo se trataba de pura actuación, había que ponerle sentimiento a todo", afirmó.
Un fenómeno social
"Creo que la obra se constituyó en un fenómeno social, porque además coincidía con momentos muy especiales en el país y en la provincia. El protagonista planteaba, nada menos, el sueño ideal, el sueño imposible, y había una frase que lo definía: no debemos ver la vida como es, sino como debería ser", explicó Salim. Añadió que, precisamente por esa situación, mientras se estaban realizando los ensayos, corrían los rumores de que no se iba a estrenar. Finalmente, durante diciembre se concretó el estreno, y se ofrecieron más de una decena de funciones.
Además, coincide Salim, "El hombre de la Mancha" se puso en un momento de gloria de las tablas tucumanas, en el apogeo de la dirección de Boyce Díaz Ulloque, que venía a representar un momento de oro en la provincia. Venía de hacer "Calígula" de Albert Camus.
Cervantes fue juzgado por los reos
Miguel de Cervantes, entrado en años y con frecuentes fracasos como poeta, es arrojado a una cárcel en Sevilla, donde tiene que aguardar el juicio de la Inquisición por haber ofendido a la Iglesia. En la prisión es obligado a comparecer ante el "tribunal" de sus compañeros presos, que pretenden confiscar sus magras pertenencias. Una de esas pertenencias es el manuscrito de una novela, aún incompleta, llamada Don Quijote. Cervantes intenta salvarse explicando su actitud ante la vida en la forma de un entretenimiento.
Tal es el argumento de la pieza presentada como una comedia musical. Durante la obra, los actores interpretaron 10 canciones, y las más famosas fueron "El sueño imposible" y "Dulcinea".
Junto a Ricardo Salim, Carlos Olivera hacía del criado Sancho Panza, Raúl Di Lullo de gobernador y José Avila como el duque. María Angélica Robledo era la bella Dulcinea, y en otros roles, actuaban Blanca Rosa Gómez, Fanny Navarro, Julio Ferdman, Jorge Scanavino, Mario Arias, Darío Díaz, Julio Gómez, Manuel Martínez, Mauricio Guzman, Ricardo Abella y José Balcells.
Además de la escenografía de Alberto Lombana, cabe destacar el vestuario de Enriqueta Terán.
Con esta puesta, el Teatro Universitario -creado en 1964- cumplía 10 años de vida, por lo que se trataba de una ocasión especial.
Fue la obra cumbre del Teatro Universitario dirigido por Boyce Díaz Ulloque: se estrenó el último día de noviembre de 1973, permaneció en cartelera todo 1974 y en 1975 subió al Teatro Cervantes, en Buenos Aires.
Tan fuerte fue su presencia en la comunidad tucumana que en diversos colegios (la Escuela Sarmiento, por ejemplo) se representaron versiones con grupos vocacionales. Y, a través de la Universidad Nacional de Tucumán, hubo funciones a precios diferenciados para los alumnos de los colegios dependientes de la UNT.
La puesta se hizo con música en vivo: tocaba la Orquesta Sinfónica de la UNT, pero se encontraba ubicada en el foso del Teatro Alberdi, lo que provocó algunas desinteligencias y enojos. Por esa razón "Pichuco" Valenzuela tuvo que grabar la música y después de tres o cuatro funciones, los actores debieron cantar acompañados por una banda de sonido, y una orquesta reducida que permaneció en el foso.
La escenografía planteada por Alberto Lombana era despojada: apenas una tarima elevada con rampas, que se elevaban y descendían.
El crítico de LA GACETA resaltó en su comentario de la época que Lombana "puso un clima de magia en la escenografía y en el uso de las luces, sobre todo en la escena del combate con los molinos de viento".
Ricardo Salim tuvo que bajar 10 kilos
Ricardo Salim fue Miguel de Cervantes y Don Quijote de la Mancha alternativamente, y, recién llegado del Reino Unido, tuvo que bajar 10 kilos para parecerse al personaje; aquel hombre de diminuta figura, pero de inmensos sueños.
"Tenía 28 años en ese momento, y seguramente fue la obra que más me marcó, al igual que "El diario de un loco", por el reconocimiento y los réditos que me dio, y porque aún queda en la memoria popular", recuerda el hoy secretario de Cultura.
La puesta demandó seis meses de ensayo, que incluyen 90 días, en los que los actores debieron aprender a cantar. "Jaime Braude -entonces director de la Orquesta Sinfónica- nos entrenó con una técnica que era pasar de la actuación al canto, y retornar a la actuación cantando, y entonces había frases musicales que eran dichas y no cantadas", recuerda, no sin mencionar a la profesora Gladys Mena.
"Como era una puesta muy despojada, todo se trataba de pura actuación, había que ponerle sentimiento a todo", afirmó.
Un fenómeno social
"Creo que la obra se constituyó en un fenómeno social, porque además coincidía con momentos muy especiales en el país y en la provincia. El protagonista planteaba, nada menos, el sueño ideal, el sueño imposible, y había una frase que lo definía: no debemos ver la vida como es, sino como debería ser", explicó Salim. Añadió que, precisamente por esa situación, mientras se estaban realizando los ensayos, corrían los rumores de que no se iba a estrenar. Finalmente, durante diciembre se concretó el estreno, y se ofrecieron más de una decena de funciones.
Además, coincide Salim, "El hombre de la Mancha" se puso en un momento de gloria de las tablas tucumanas, en el apogeo de la dirección de Boyce Díaz Ulloque, que venía a representar un momento de oro en la provincia. Venía de hacer "Calígula" de Albert Camus.
Cervantes fue juzgado por los reos
Miguel de Cervantes, entrado en años y con frecuentes fracasos como poeta, es arrojado a una cárcel en Sevilla, donde tiene que aguardar el juicio de la Inquisición por haber ofendido a la Iglesia. En la prisión es obligado a comparecer ante el "tribunal" de sus compañeros presos, que pretenden confiscar sus magras pertenencias. Una de esas pertenencias es el manuscrito de una novela, aún incompleta, llamada Don Quijote. Cervantes intenta salvarse explicando su actitud ante la vida en la forma de un entretenimiento.
Tal es el argumento de la pieza presentada como una comedia musical. Durante la obra, los actores interpretaron 10 canciones, y las más famosas fueron "El sueño imposible" y "Dulcinea".
Junto a Ricardo Salim, Carlos Olivera hacía del criado Sancho Panza, Raúl Di Lullo de gobernador y José Avila como el duque. María Angélica Robledo era la bella Dulcinea, y en otros roles, actuaban Blanca Rosa Gómez, Fanny Navarro, Julio Ferdman, Jorge Scanavino, Mario Arias, Darío Díaz, Julio Gómez, Manuel Martínez, Mauricio Guzman, Ricardo Abella y José Balcells.
Además de la escenografía de Alberto Lombana, cabe destacar el vestuario de Enriqueta Terán.
Con esta puesta, el Teatro Universitario -creado en 1964- cumplía 10 años de vida, por lo que se trataba de una ocasión especial.







