NO HAY PIEDAD. Matar y robar es legal cada 22 de marzo en la sociedad futurista que plantea la película.
07 Agosto 2014 Seguir en 

Entre las sorpresas del año pasado, esas películas chiquitas que producen ganancias siderales, sobresalió “La purga” (también conocida como “La noche de las bestias” y “La noche de la expiación”). Costó tres millones de dólares y recaudó alrededor de 100 millones sumando la recaudación internacional a la de Estados Unidos. Un negocio formidable al que no podía escapársele una secuela casi inmediata. Aquí está.
El concepto es el mismo. Estamos en un futuro no muy lejano, en el que EEUU ha encarrilado su vida económica y social de la mano de los Nuevos Padres Fundadores. La clave de este nuevo funcionamiento es la “purga”, un espacio de 12 horas al año (cada 22 de marzo) durante las que todo está permitido. Se puede asesinar y robar a mansalva; la Policía no interviene y ni siquiera funciona el servicio de ambulancias. Es la válvula de escape para que la ciudadanía desnude todas sus miserias; y vaya si lo hace.
La primera película describió una noche de “purga”, instalando el relato en el seno de una familia que apela a los métodos más extremos para resistir los ataques que sufren en su casa. Esta segunda parte lleva la historia a las calles, un sálvese quien pueda entre hordas criminales que recorren la ciudad cazando a sus víctimas.
James DeMonaco escribió y dirigió el original y mantiene el timón en esta secuela, aunque no cuenta en el reparto con las figuras que lo acompañaron en 2013 (Ethan Hawke y Lena Headey). El protagonista es Leo (Frank Grillo), un sargento de policía armado hasta los dientes y decidido a salvar de la masacre a Eva (Carmen Ejogo) y a su hija, Cali (Zoë Soul). Y eso que había salido resuelto a vengar la muerte de su hijo.
Grillo viene escalando desde roles secundarios -se lo vio este año en “Capitán América: el soldado de invierno”- y después de este protagónico su agenda se nutrió con numerosas propuestas. DeMonaco le vio el perfil ideal para interpretar a un cruzado que intenta lo imposible: actuar con un mínimo de humanidad y decencia en medio del desquicio que ofrece la angustiante “purga”.
“12 horas para sobrevivir” reinstala la idea sobre lo que ocurriría si a una sociedad se le permitiera liberar sus demonios sin impedimentos. DeMonaco exhibe sin restricciones a esos lobos disfrazados de hombres que desatan el caos. Hay horror y suspenso, enmarcados por la pulsión de muerte que cruza a los personajes. También escenas de violencia, bien explícitas, por supuesto.
Como se preveía, el estreno de “12 horas para sobrevivir” fue un nuevo éxito. La película embolsó hasta aquí 64 millones de dólares (sobre un presupuesto de nueve millones) y está claro que habrá una tercera parte. Y seguramente más.
El concepto es el mismo. Estamos en un futuro no muy lejano, en el que EEUU ha encarrilado su vida económica y social de la mano de los Nuevos Padres Fundadores. La clave de este nuevo funcionamiento es la “purga”, un espacio de 12 horas al año (cada 22 de marzo) durante las que todo está permitido. Se puede asesinar y robar a mansalva; la Policía no interviene y ni siquiera funciona el servicio de ambulancias. Es la válvula de escape para que la ciudadanía desnude todas sus miserias; y vaya si lo hace.
La primera película describió una noche de “purga”, instalando el relato en el seno de una familia que apela a los métodos más extremos para resistir los ataques que sufren en su casa. Esta segunda parte lleva la historia a las calles, un sálvese quien pueda entre hordas criminales que recorren la ciudad cazando a sus víctimas.
James DeMonaco escribió y dirigió el original y mantiene el timón en esta secuela, aunque no cuenta en el reparto con las figuras que lo acompañaron en 2013 (Ethan Hawke y Lena Headey). El protagonista es Leo (Frank Grillo), un sargento de policía armado hasta los dientes y decidido a salvar de la masacre a Eva (Carmen Ejogo) y a su hija, Cali (Zoë Soul). Y eso que había salido resuelto a vengar la muerte de su hijo.
Grillo viene escalando desde roles secundarios -se lo vio este año en “Capitán América: el soldado de invierno”- y después de este protagónico su agenda se nutrió con numerosas propuestas. DeMonaco le vio el perfil ideal para interpretar a un cruzado que intenta lo imposible: actuar con un mínimo de humanidad y decencia en medio del desquicio que ofrece la angustiante “purga”.
“12 horas para sobrevivir” reinstala la idea sobre lo que ocurriría si a una sociedad se le permitiera liberar sus demonios sin impedimentos. DeMonaco exhibe sin restricciones a esos lobos disfrazados de hombres que desatan el caos. Hay horror y suspenso, enmarcados por la pulsión de muerte que cruza a los personajes. También escenas de violencia, bien explícitas, por supuesto.
Como se preveía, el estreno de “12 horas para sobrevivir” fue un nuevo éxito. La película embolsó hasta aquí 64 millones de dólares (sobre un presupuesto de nueve millones) y está claro que habrá una tercera parte. Y seguramente más.
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