“Levantar el celibato de los curas no es algo tan simple”

Un sacerdote ortodoxo cuenta la experiencia en su iglesia. Los argumentos a favor y contra de que los sacerdotes sean casados

“Levantar el celibato de los curas no es algo tan simple”
28 Mayo 2014
La decisión de revisar la imposición del celibato dentro de la Iglesia Católica Apostólica Romana no es simple ni rápida, ni fácil de determinar. Lo advierten varios laicos y religiosos consultados por LA GACETA sobre la posibilidad que deja entrever el papa Francisco al recordar que “el celibato no es un dogma de fe” y que “la puerta está siempre abierta” para tratar el tema.

“No es cuestión de decidir levantar el celibato así nomás. El Papa tendrá que pensar cómo se modificará la vida de la iglesia en caso de levantar el celibato. Por ejemplo, tendrá que poner un límite a la cantidad de sacerdotes casados, porque la iglesia no podrá mantenerlos a todos; poner reglas para la aceptación de personas en esa condición. No es tan simple ni rápido ni fácil como lo plantean algunos”, dice la laica María Isabel Salas.

En el caso de la iglesia católica apostólica ortodoxa y de muchas otras, que no es la romana, es el hombre casado el que llega a ser sacerdote, y no al revés. El sacerdote no se casa, sino que es la iglesia la que ordena a un hombre casado, explica el explica el padre Juan Manuel Alurralde, párroco de la iglesia ortodoxa Asunción de María Santísima. El religioso también es esposo y padre de tres hijos. Para realizar una modificación de esa naturaleza, el padre Alurralde señala que debe haber “una madurez sólida en la comunidad de fieles”.

“La gente tendrá que aceptar ver al sacerdote de la mano de su esposa, pensar que puede haber una familia por detrás, que debe ser sostenida, que le corresponde una casa que no es la misma vivienda donde viven los otros sacerdotes célibes, que lo comparten todo. Hay que pensar que si el sacerdote muere quedará una viuda de la que hay que hacerse cargo. A veces la mujer trabaja, como en el caso de mi esposa, pero no siempre tiene que ser así. También habrá esposas de sacerdotes que sean amas de casa y que tengan varios hijos”, advirtió el sacerdote católico ortodoxo.

En otro orden, el religioso dice que para “volver a la tradición milenaria de la iglesia” habrá que reformar las currículas de los seminarios para incorporar al hombre casado, rever las casas parroquiales donde hoy viven sacerdotes célibes y pensar en disponer de una obra social para esposas de sacerdotes. La característica rotación del clero también tendrá que ser revisado. “Es toda una maduración que tiene que haber en el pueblo de Dios. No sólo se trata de demandar a la Iglesia que sus ministros puedan ser hombres casados sino también de aceptar toda la realidad que esto implica”, observa.

Francisco había señalado en una entrevista que le hicieron a bordo del avión de regreso a Roma, desde Israel, que el celibato no es dogma de fe en la Iglesia Católica y que hay sacerdotes casados en los ritos orientales. Pero aclaró que “en este momento hay otros temas sobre el tapete”.

“El celibato es una regla de vida que yo aprecio mucho y creo que es un don para la Iglesia”, consideró Francisco. El pronunciamiento se conoció días después de que un grupo de 26 mujeres le escribiera una carta al pontífice para solicitarle una revisión de la disciplina del celibato. Ellas habían vivido o viven una relación sentimental con sacerdotes y quieren hacerlo sin ocultarse. Las firmantes se autodenominaron “un grupo de mujeres que escribe para romper el muro del silencio y de la indiferencia con el que nos topamos cada día”.

En la Iglesia Católica de rito latino, el celibato eclesiástico es obligatorio para los sacerdotes desde el II Concilio de Letrán, en 1139. No lo es en las iglesias católicas de rito oriental.

El celibato despierta adhesiones y rechazos. Ayer el obispo Ariel Edgardo Torrado Mosconi publicó en su muro de Facebook: “el celibato es un estilo de vida que tiene que ver con vivir para los demás, no como un ‘solterón’ sino entregado totalmente al pueblo de Dios. Yo, al igual que el Papa Francisco, lo aprecio mucho y creo que es un gran don para la Iglesia”. En cambio, Luis Marchetti sostiene que “lo que importa es la fidelidad intrínseca al ministerio sacerdotal y no los requisitos formales del estado de cada persona. Varios de los primeros discípulos de Jesús estaban casados y esto no menoscabó la tarea evangelizadora”.

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