Una apuesta a los gestos

Hanns-Jochen Kaffsack-Ofira Koopmans, columnistas de DPA.

26 May 2014
Belén/Jerusalén.- Francisco confirmó su fama de independencia al hacer una inesperada visita a la valla israelí que rodea Cisjordania, el símbolo del temor israelí y del sufrimiento palestino. El pontífice rezó con gran concentración ante el muro de cemento de más de cinco metros de altura. Fiel a su estilo, el religioso de 77 años detuvo el papamóvil a su llegada a Belén delante de la valla en una parada no anunciada y se mezcló con la multitud.

Su antecesor, Benedicto XVI, había calificado de tragedia el muro, con el que Israel busca protegerse de los ataques de los extremistas palestinos y que cerca a los palestinos. Francisco eligió un gesto sencillo y concreto: apoyó la frente sobre la pared como si se tratase de un Muro de las Lamentaciones palestino. E igual de sencillo fue su mensaje a los habitantes de la región: la gente necesita paz y no muros.

Por eso, minutos después surgió el otro Jorge Mario Bergoglio, que usó su autoridad moral para denunciar el sufrimiento de los refugiados y los niños, y la inmoralidad de los comerciantes de armas que se lucran con la guerra de Siria y que han convertido a todo Oriente Medio en un polvorín. (DPA)

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