CERCANO. En las historias de Paz Soldán hay ecos de nuestra historia. booksandbooks.com

Ciencia Ficción
Iris
EDMUNDO PAZ SOLDÁN
(Alfaguara – Buenos Aires)
Sumergirse en Iris es habitar en un nuevo mundo y en nuevo lenguaje. Para contar la historia de Iris se emplean expresiones de sus habitantes porque, como han señalado algunos poetas, crear un nuevo mundo requiere crear nuevas palabras para poder expresarlo. Algunas frases que parecen extrañas se acercan a las de otros idiomas como el inglés, el español o el alemán. Con el avance de la lectura es preciso adoptar un ritmo diferente de escucha y de respiración; como ocurre cuando se desea aprender otra lengua.
Iris ha sido blanco de experimentos con bombas nucleares y su gente lleva en sus cuerpos las marcas de la radiación: la piel y el iris de los ojos se les han tornado blancos, casi transparentes. Todo el territorio está ocupado por una corporación y su ejército que, al mismo tiempo que explota las minas en busca de un valioso mineral, obliga a cada irisino a cumplir cuatro años de servicio en los yacimientos. Pero los irisinos no están solos; tienen con ellos a sus dioses y a Orlewen, quien se ha transformado en el líder de la resistencia que busca poner fin a la dominación.
Tres de los capítulos están narrados desde la perspectiva de miembros de la ocupación. Xavier, Reynolds y Yaz están atrapados en la pesadilla interminable de la guerra y, para intentar “rearmarse” frente al vacío, se arrojan a los destellos de las drogas y de las sustancias alucinógenas de Iris. Lentamente, pareciera que la tierra y los dioses irisinos los van llevando de su lado.
Es posible reconocer en el relato de los sucesos de Iris, siluetas, ecos y eufemismos de nuestra historia y, como puede ocurrir al leer novelas de William Golding, se empieza a dudar si lo que se narra ya ha ocurrido en el pasado o se acerca en un tiempo no muy lejano. Las imágenes del presente se hacen visibles a través de las posibles configuraciones de lo que viene. Ese es uno de los efectos más asombrosos y provocadores que producen las historias que nos cuentan sobre los tiempos futuros.
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Máximo Hernán Mena







