La cuenta regresiva dice que quedan 27 días para que el Mundial de Brasil nos robe, de la manera más brutal, la atención de los habitantes de la República Futbolera. Hasta el 13 de julio no habrá otra cosa más importante que “echarse” -así como les gusta decir a ellas- en el sillón para disfrutar de la mayor cantidad de partidos posibles. Es el momento para plantar banderas e informar:
- Señora esposa: no tendrá la más mínima chance de concretar una salida y/o actividad los fines de semana desde las 13 hasta las 21, horarios por los que en general se disputarán los encuentros. Tampoco se dictará ningún curso avanzado para entender los conceptos básicos del fútbol. Si quiere, puede acompañar, pero está terminantemente prohibido hacer preguntas como por qué no juega Carlos Tévez, o si a los árbitros se les acaban en algún momento las amarillas o si cuánto dura el partido.
- Queridos hijos: en este mes de competencia habrá nuevas reglas. Se secuestrará la play para que no ocupe el mejor televisor de la casa; las tareas escolares se realizarán entre los encuentros y, cuando juegue la Selección, toda la familia hará votos de silencio y la casa se transformará en una especie de convento de encierro.
- Estimado jefe: entienda que este es un mes especial que sólo se repite cada cuatro años. Por eso, sea tolerante y sepa que sus subalternos hablarán de fútbol el 50 % del tiempo. Permita que se lleve un televisor o, en su defecto, el uso de la PC para espiar por internet los resultados de los encuentros.
- Amigo cardiólogo: soy perfectamente consciente de cuán peligroso es tener el colesterol y el ácido úrico por las nubes, pero a partir de ahora, los asaditos serán el menú indicado para acompañar el desarrollo del Mundial. Es imposible pensar en hacer una reunión futbolera con una ensaladita, cuando en realidad, como mínimo, debe ser una picada tan importante que pueda llegar a triplicar los triglicéridos
- Al lector en general: esto no es un delirio. Es simplemente un preaviso de lo que ocurrirá cuando comience el torneo que paraliza a un país y que genera importantes cambios de costumbres. En fin, ya se juega el Mundial.
- Señora esposa: no tendrá la más mínima chance de concretar una salida y/o actividad los fines de semana desde las 13 hasta las 21, horarios por los que en general se disputarán los encuentros. Tampoco se dictará ningún curso avanzado para entender los conceptos básicos del fútbol. Si quiere, puede acompañar, pero está terminantemente prohibido hacer preguntas como por qué no juega Carlos Tévez, o si a los árbitros se les acaban en algún momento las amarillas o si cuánto dura el partido.
- Queridos hijos: en este mes de competencia habrá nuevas reglas. Se secuestrará la play para que no ocupe el mejor televisor de la casa; las tareas escolares se realizarán entre los encuentros y, cuando juegue la Selección, toda la familia hará votos de silencio y la casa se transformará en una especie de convento de encierro.
- Estimado jefe: entienda que este es un mes especial que sólo se repite cada cuatro años. Por eso, sea tolerante y sepa que sus subalternos hablarán de fútbol el 50 % del tiempo. Permita que se lleve un televisor o, en su defecto, el uso de la PC para espiar por internet los resultados de los encuentros.
- Amigo cardiólogo: soy perfectamente consciente de cuán peligroso es tener el colesterol y el ácido úrico por las nubes, pero a partir de ahora, los asaditos serán el menú indicado para acompañar el desarrollo del Mundial. Es imposible pensar en hacer una reunión futbolera con una ensaladita, cuando en realidad, como mínimo, debe ser una picada tan importante que pueda llegar a triplicar los triglicéridos
- Al lector en general: esto no es un delirio. Es simplemente un preaviso de lo que ocurrirá cuando comience el torneo que paraliza a un país y que genera importantes cambios de costumbres. En fin, ya se juega el Mundial.








