Elegir es tomar una decisión. Tomar una decisión es un acto de libertad. Un acto de libertad transmite alegría, bienestar, sensaciones gratas. Justamente nada de esto se puede encontrar en los claustros universitarios. Si los buscan, tampoco los hallarán durante la semana que está comenzando. Son los últimos días antes de la votación. Todos andan con los dientes apretados, enojados y buscando enemigos. La “rosca universitaria” hace mucho que ha dejado de ser una obra cuya escenografía eran una mesa de café y muchas ideas y proyectos que iban y venían. Hoy esta obra se (des) construye con picos, con martillos neumáticos y con mucha, pero mucha plata.
Por eso la lógica que envuelve a operadores, candidatos y electores es que cada hecho es el resultado de un maniqueísmo de laboratorio. Que algunos no crean en Dios no significa que estén con el diablo. Ese razonamiento no cuaja en la UNT. Es parte del deterioro que tiene la democracia argentina.
Desde hace tiempo los nombramientos son la moneda de cambio que, además, entra en proceso inflacionario cuando se acerca la elección de rector. Tanto es así que en la Justicia Federal se encuentra aún para resolver la medida cautelar de María Magdalena González Delgado, quien fue pasante entre 2005 y 2011 y a quien le fue denegada su incorporación a la UNT. En la ampliación de la demanda elevó un listado de más 18 páginas con nombramientos que se hicieron en ese interregno; y menciona específicamente al contador y diputado Luis Sacca: señala que mientras este se desempeñó como secretario de Políticas Universitarias y de Gestión de la UNT, hasta 2011, se designaron a parientes de él. A Sacca se lo vincula con el candidato a rector Eduardo Coletti. Durante la semana que termina, cuando el fiscal Carlos Brito elevó el pedido de indagatoria contra el actual rector, Juan Cerisola, y contra otros cuatro funcionarios, lo primero que se hizo desde el oficialismo es señalar como responsables a aquel sector, que compite por el máximo sillón de la UNT. El requerimiento del fiscal fue extemporáneo, sin dudas. Pudo haberlo realizado hace tiempo, y no lo hizo. Ahora quedó como parte de una operación política, tal como el propio Cerisola lo señaló.
El actual titular de la UNT incluyó a la prensa en estas operaciones -práctica que se repite en la vida política-, en vez de ocuparse específicamente de la denuncia que se hizo sobre la base de una investigación de la Sindicatura General de la Nación. Es más, tuvo la oportunidad de ser analizada por el Consejo Superior de la UNT; pero este, con el aval de Colletti y de Mateo Martínez -decanos salientes y candidatos a rector en la actualidad- disolvió la comisión investigadora. En aquella ocasión, sólo los alumnos Virginia Ledezma y Víctor Amaya votaron por dejar en pie la iniciativa, mientras que el resto de los consejeros superiores optó por desarticular esa comisión, que habría servido, tal vez, para que esta semana nadie padeciera un dolor de cabeza.
El pedido de indagatoria resultó un golpe durísimo para Alicia Bardón, vicerrectora de la gestión Cerisola. Así como Colletti tiene su Sacca, y queda vinculado a la estructura radical bajo las sombras del legislador Fernando Valdez y del diputado José Cano, Bardón tiene su José Hugo Saab, sempiterno operador de rectores, que si bien tiene cuña radical hoy mantiene vínculos con el alperovichismo, y la candidata recibe la tutela peronista.
Desde que comenzó el año se preanunció un desmadre en la cordura universitaria. Todas las noches, antes de dormir, cada operador cuenta la cantidad de electores que “tiene” -son 156 los electores que el viernes se sentarán en el centro cultural Virla para votar-, como si fueran las ovejitas de un rebaño que va saltando un alambrado. Así van a votar también; no será un voto a “magna voce”, donde se grite el nombre de la persona en la que se confía el manejo de $ 1.400 millones -tal el presupuesto para este año-. Por el contrario, lo harán en sobre cerrado, lo que dará lugar a la vergüenza y a la sospecha de operaciones. La UNT es una institución más de esta sociedad que no se ofende con estos tejes y manejes, sino que muchos los aceptan como una lógica más del sistema.
Semáforos en colorado
La vida política provincial tuvo un ojo en la UNT y el otro en Buenos Aires. La conformación de la conducción del Partido Justicialista descubrió algunas apuestas. El intendente Domingo Amaya venía haciendo gestiones para entrar al PJ nacional. Apenas se enteró el gobernador José Alperovich empezó a mover los hilos para tener gente propia. Finalmente, logró que se agregaran los nombres de Beatriz Rojkés, Juan Manzur y Osvaldo Jaldo. En síntesis todos los candidatos a gobernador del peronismo están adentro de la estructura de conducción del PJ. De los nombres que andan dando vueltas en los últimos días quedó uno afuera: José López. De esta manera, el secretario de Obras Pública de la Nación recibió la señal de que sería bien recibido como candidato a diputado, pero no como aspirante a la gobernación, al menos dentro del alperovichismo. También quedó escrito un mensaje de Amaya: al estar dentro de la estructura del PJ no le va a ser fácil armar alguna alianza con Massa o con el radical José Cano, como se sugirió a principios de año. De no mediar una renuncia -sustantivo que no figura en la jerga de los políticos- al intendente se le bifurca el camino: o va con Alperovich o va a internas dentro del peronismo provincial.
¿Y los saqueos?
En la Justicia provincial la despreocupación por la agresiva muerte de Paulina Lebbos se va convirtiendo en la preocupación de todo Ministerio Fiscal y, principalmente de la Corte. Mientras Carlos Albaca marcha al cadalso a través de un juicio político, los vocales de la Corte y el mismo Luis De Mitri, ministro fiscal, dejan al descubierto el desinterés que reinó por esta causa. Hoy queda al descubierto que durante años la Corte no supo -o no quiso- castigar la morosidad en la investigación. No les va a ser fácil explicar el descontrol a ninguno de ellos.
La sensación de impunidad es como grandes goteras en el techo del palacio de Tribunales. Esas pérdidas marcan la debilidad de un poder que en estos días fue jaqueado por grupos vinculados a la Policía, que pareciera que no quieren que se los investigue por el delito de sedición.
Los tucumanos quedaron presos de la interna policial y vivieron tal vez las peores 48 horas de su historia aquel 9 y 10 de diciembre en los que la tranquilidad se asociaba con tener un arma en la mano. Aquellas jornadas murieron varios vecinos. La cifra nunca estuvo clara y a raíz de una presentación del díscolo Enrique Romero, De Mitri constituyó equipos especiales de investigación para poder evaluar y determinar lo ocurrido en toda la provincia. Hasta aquí, otra gotera más en el techo.
Desmemoriados
La unt (en minúsculas tal vez ayude a dimensionar lo que le está pasando) no vive algo nuevo. Lo que atraviesa es el resultado de lo que se quiso hacer. Nada sorprende (aunque el rector diga que sólo se entera de los hechos por LA GACETA). Las trampas, los pisotones, las operaciones y hasta la compra de voluntades ya fueron escritas en la historia electoral. No hay una página que recuerde que la votación fuera a cara descubierta y no dentro de un sobre.
La Justicia se apoya en cimientos de independencia y equidad que se derriten como un helado en diciembre cuando sus principales actores esperan que les dicten qué hacer. Al igual que la unt, tribunales tampoco es la primera vez que se viven estas situaciones. La falta de memoria alimenta la desvergüenza y frena las transformaciones.
Por eso la lógica que envuelve a operadores, candidatos y electores es que cada hecho es el resultado de un maniqueísmo de laboratorio. Que algunos no crean en Dios no significa que estén con el diablo. Ese razonamiento no cuaja en la UNT. Es parte del deterioro que tiene la democracia argentina.
Desde hace tiempo los nombramientos son la moneda de cambio que, además, entra en proceso inflacionario cuando se acerca la elección de rector. Tanto es así que en la Justicia Federal se encuentra aún para resolver la medida cautelar de María Magdalena González Delgado, quien fue pasante entre 2005 y 2011 y a quien le fue denegada su incorporación a la UNT. En la ampliación de la demanda elevó un listado de más 18 páginas con nombramientos que se hicieron en ese interregno; y menciona específicamente al contador y diputado Luis Sacca: señala que mientras este se desempeñó como secretario de Políticas Universitarias y de Gestión de la UNT, hasta 2011, se designaron a parientes de él. A Sacca se lo vincula con el candidato a rector Eduardo Coletti. Durante la semana que termina, cuando el fiscal Carlos Brito elevó el pedido de indagatoria contra el actual rector, Juan Cerisola, y contra otros cuatro funcionarios, lo primero que se hizo desde el oficialismo es señalar como responsables a aquel sector, que compite por el máximo sillón de la UNT. El requerimiento del fiscal fue extemporáneo, sin dudas. Pudo haberlo realizado hace tiempo, y no lo hizo. Ahora quedó como parte de una operación política, tal como el propio Cerisola lo señaló.
El actual titular de la UNT incluyó a la prensa en estas operaciones -práctica que se repite en la vida política-, en vez de ocuparse específicamente de la denuncia que se hizo sobre la base de una investigación de la Sindicatura General de la Nación. Es más, tuvo la oportunidad de ser analizada por el Consejo Superior de la UNT; pero este, con el aval de Colletti y de Mateo Martínez -decanos salientes y candidatos a rector en la actualidad- disolvió la comisión investigadora. En aquella ocasión, sólo los alumnos Virginia Ledezma y Víctor Amaya votaron por dejar en pie la iniciativa, mientras que el resto de los consejeros superiores optó por desarticular esa comisión, que habría servido, tal vez, para que esta semana nadie padeciera un dolor de cabeza.
El pedido de indagatoria resultó un golpe durísimo para Alicia Bardón, vicerrectora de la gestión Cerisola. Así como Colletti tiene su Sacca, y queda vinculado a la estructura radical bajo las sombras del legislador Fernando Valdez y del diputado José Cano, Bardón tiene su José Hugo Saab, sempiterno operador de rectores, que si bien tiene cuña radical hoy mantiene vínculos con el alperovichismo, y la candidata recibe la tutela peronista.
Desde que comenzó el año se preanunció un desmadre en la cordura universitaria. Todas las noches, antes de dormir, cada operador cuenta la cantidad de electores que “tiene” -son 156 los electores que el viernes se sentarán en el centro cultural Virla para votar-, como si fueran las ovejitas de un rebaño que va saltando un alambrado. Así van a votar también; no será un voto a “magna voce”, donde se grite el nombre de la persona en la que se confía el manejo de $ 1.400 millones -tal el presupuesto para este año-. Por el contrario, lo harán en sobre cerrado, lo que dará lugar a la vergüenza y a la sospecha de operaciones. La UNT es una institución más de esta sociedad que no se ofende con estos tejes y manejes, sino que muchos los aceptan como una lógica más del sistema.
Semáforos en colorado
La vida política provincial tuvo un ojo en la UNT y el otro en Buenos Aires. La conformación de la conducción del Partido Justicialista descubrió algunas apuestas. El intendente Domingo Amaya venía haciendo gestiones para entrar al PJ nacional. Apenas se enteró el gobernador José Alperovich empezó a mover los hilos para tener gente propia. Finalmente, logró que se agregaran los nombres de Beatriz Rojkés, Juan Manzur y Osvaldo Jaldo. En síntesis todos los candidatos a gobernador del peronismo están adentro de la estructura de conducción del PJ. De los nombres que andan dando vueltas en los últimos días quedó uno afuera: José López. De esta manera, el secretario de Obras Pública de la Nación recibió la señal de que sería bien recibido como candidato a diputado, pero no como aspirante a la gobernación, al menos dentro del alperovichismo. También quedó escrito un mensaje de Amaya: al estar dentro de la estructura del PJ no le va a ser fácil armar alguna alianza con Massa o con el radical José Cano, como se sugirió a principios de año. De no mediar una renuncia -sustantivo que no figura en la jerga de los políticos- al intendente se le bifurca el camino: o va con Alperovich o va a internas dentro del peronismo provincial.
¿Y los saqueos?
En la Justicia provincial la despreocupación por la agresiva muerte de Paulina Lebbos se va convirtiendo en la preocupación de todo Ministerio Fiscal y, principalmente de la Corte. Mientras Carlos Albaca marcha al cadalso a través de un juicio político, los vocales de la Corte y el mismo Luis De Mitri, ministro fiscal, dejan al descubierto el desinterés que reinó por esta causa. Hoy queda al descubierto que durante años la Corte no supo -o no quiso- castigar la morosidad en la investigación. No les va a ser fácil explicar el descontrol a ninguno de ellos.
La sensación de impunidad es como grandes goteras en el techo del palacio de Tribunales. Esas pérdidas marcan la debilidad de un poder que en estos días fue jaqueado por grupos vinculados a la Policía, que pareciera que no quieren que se los investigue por el delito de sedición.
Los tucumanos quedaron presos de la interna policial y vivieron tal vez las peores 48 horas de su historia aquel 9 y 10 de diciembre en los que la tranquilidad se asociaba con tener un arma en la mano. Aquellas jornadas murieron varios vecinos. La cifra nunca estuvo clara y a raíz de una presentación del díscolo Enrique Romero, De Mitri constituyó equipos especiales de investigación para poder evaluar y determinar lo ocurrido en toda la provincia. Hasta aquí, otra gotera más en el techo.
Desmemoriados
La unt (en minúsculas tal vez ayude a dimensionar lo que le está pasando) no vive algo nuevo. Lo que atraviesa es el resultado de lo que se quiso hacer. Nada sorprende (aunque el rector diga que sólo se entera de los hechos por LA GACETA). Las trampas, los pisotones, las operaciones y hasta la compra de voluntades ya fueron escritas en la historia electoral. No hay una página que recuerde que la votación fuera a cara descubierta y no dentro de un sobre.
La Justicia se apoya en cimientos de independencia y equidad que se derriten como un helado en diciembre cuando sus principales actores esperan que les dicten qué hacer. Al igual que la unt, tribunales tampoco es la primera vez que se viven estas situaciones. La falta de memoria alimenta la desvergüenza y frena las transformaciones.
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