Hacía tanto calor ese día. Pleno febrero. El sopor de la siesta cansina no fue impedimento para ir a la plaza del barrio, trepados en las bicicletas -¡cómo iba a serlo en vacaciones! Imposible- . Una de las bicis todavía se sostenía con rueditas. La plaza escuálida, donde las flores y el pasto eran un recuerdo lejano. O nunca habían estado ahí. Pero ahí estaba él.
De ese árbol de ramas despatarradas y hojas verdísimas, pendían las moras. Negras, brillantes, tentadoras. Eran el objetivo, siempre. Pero, ¿cómo llegar hasta ahí arriba? Claro, ¡las bicis! Qué idea más brillante, digna de una hermana mayor. Piedra, papel o tijera. Te tocó a vos. Un pie primero, el otro después. Uno en el manubrio, otro en el asiento. Sí, casi como una escalera Un poco de equilibrio, como los payasos. ¡Yo te sostengo también! No seas miedoso, dame el chupete. ¡Dale! Tiralas, Enano, que nosotras las vamos juntando en las remeras. ¿Ves?, la tuya es más larga. La doblás así un poquito y se forma como una bolsita. Vos no te muevas tanto ahí arriba, que se me a caer todo... ¡Pum! ¡Plaffff! El tierral, la rama cortada, la bici encima, todos en el suelo... ¡Enano! La frente chiquita ensangrentada y las rodillas de todos, peladas. Lo lavemos en el caño, yo lo alzo. No llores más. ¡Vienen la mamá y el papá!
El regaño edulcorado. El hospital. La Gotita. Los besos. Ya está, está ¿ Y las moras? Hechas puré en el puño más pequeño y picadillo en las remeras. Pero estaban. Aunque estropeado, nadie soltó el tesoro. Mañana vamos y llevamos el banquito ese chiquito que el papá guarda en el lavadero. El de la pesca ¿Enano te duele? No, no te vamos a dejar en la casa. Tenés que venir igual a la plaza a jugar. Pero no, no en la bici ¡Canto pri para no subir! Muy de hermana mayor. Muy de hermanos.
De ese árbol de ramas despatarradas y hojas verdísimas, pendían las moras. Negras, brillantes, tentadoras. Eran el objetivo, siempre. Pero, ¿cómo llegar hasta ahí arriba? Claro, ¡las bicis! Qué idea más brillante, digna de una hermana mayor. Piedra, papel o tijera. Te tocó a vos. Un pie primero, el otro después. Uno en el manubrio, otro en el asiento. Sí, casi como una escalera Un poco de equilibrio, como los payasos. ¡Yo te sostengo también! No seas miedoso, dame el chupete. ¡Dale! Tiralas, Enano, que nosotras las vamos juntando en las remeras. ¿Ves?, la tuya es más larga. La doblás así un poquito y se forma como una bolsita. Vos no te muevas tanto ahí arriba, que se me a caer todo... ¡Pum! ¡Plaffff! El tierral, la rama cortada, la bici encima, todos en el suelo... ¡Enano! La frente chiquita ensangrentada y las rodillas de todos, peladas. Lo lavemos en el caño, yo lo alzo. No llores más. ¡Vienen la mamá y el papá!
El regaño edulcorado. El hospital. La Gotita. Los besos. Ya está, está ¿ Y las moras? Hechas puré en el puño más pequeño y picadillo en las remeras. Pero estaban. Aunque estropeado, nadie soltó el tesoro. Mañana vamos y llevamos el banquito ese chiquito que el papá guarda en el lavadero. El de la pesca ¿Enano te duele? No, no te vamos a dejar en la casa. Tenés que venir igual a la plaza a jugar. Pero no, no en la bici ¡Canto pri para no subir! Muy de hermana mayor. Muy de hermanos.
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